Trece

1543 Palabras
Volver al instituto era un castigo pero lamentablemente había sido su idea. Nadie sabía lo que le había hecho Sebastián ni lo que sentía, como si todos la vieran, pero en realidad no, ella estaba muy ajena a todo. Sentía que todos quienes se daban vuelta a mirarla lo sabían, pero no, era un secreto que seguramente se lo llevaría a su tumba. Y de la multitud salieron caras conocidas, con un golpe en el ojo izquierdo vio a Sebastián que la abrazó. —¿Que te sucedió?—preguntó ella desentendida. —Mi padre, eso sucedió. —Cuanto lo siento Sebastián... —No es tu culpa, es la mía, con las fiestas y todo eso solo buscó una razón para golpearme. —No puedes vivir así, tu padre es un monstruo—espetó ella. —Sí, como sea, entremos a clases, no quiero hablar de esto—dijo poniéndose unas gafas. El sentirlo tan lejano y roto le hizo pensar que quería volver, porque si volvían aunque fuera malo, también tendría lo bueno, así que lo buscó para hablar pero solo lo encontró en la salida del instituto. —¡Sebastián! Él se volteó a verla mientras entraba a su auto. —¿Que sucede? —¿No crees que deberíamos hablarlo? —¿De que?—instó él aparentemente desentendido del asunto. —De nosotros, de tu ojo morado, de tu padre... —Está bien Mel, ¿quieres volver? —No dije eso, pero supongo... —Entonces volvamos. —¿No crees que el ritmo de vida que llevas es perjudicial?—dijo entrando al asiento del acompañante. —Que no te importe Mel, ni a mi padre le importa—dijo arrancando el auto. —Si no le importa, ¿porque te golpea? —Porque cree que hice evidente que soy un bueno para nada o creo que eso fue lo que dijo. —Pero, no eres un bueno para nada. —Explícaselo a él... Ella no puede evitarlo y mirando hacía la nada le saca el tema. —Me lastimaste, ¿lo sabes, cierto? —¿Quieres una disculpa?—dijo él, y ella se volteó a verlo—.Puedo comprarte lo que sea. —¿Crees que puedes comprarme luego de violarme? Él se quitó las gafas para mirarla detenidamente. —No utilices esa palabra. —¿Ah no? ¿Y como quieres que le diga? —Sexo, estábamos ebrios y tuvimos sexo—espetó él a regañadientes. —Sabes que eso no fue consentido—dijo ella renegando con la cabeza y los brazos cruzados. —Está bien Mel, lo hice, hice lo que dices. ¿Entonces porque vuelves a mí? —Porque no tienes a nadie... —¿Y crees que tu llenas ese espacio? —Lo suponía. —Pues no supongas, mi madre desaparecida probablemente esté muerta, no lo puedes reemplazar, no puedes hacer nada por mí y por mi realidad. —Creí que dándote amor podría aminorar el problema. —¿Quieres que cambie? —¡Sí! —Está bien, dime y lo haré. Es así de simple, Mel. —¿Hablas enserio?—preguntó ella dudosa. —Sí, es lo que me pides, ¿no? —Sí, eso te hará bien. A ambos. —Seguiremos rotos, Mel—dijo mirando fijamente el camino. —¿Porque hablas en plural? Él rió con ironía. —Nadie que tenga un sistema operativo de vigilancia y lo quiere como a un humano, no está roto. —Oye, no hables así, mi padre trabaja todo el tiempo... —Esa excusa ya me la sé Mel, ¿porque hablas con esa mierda y no con tu padre? ¿Acaso le cuentas sobre tu vida? —Bájame Sebastián. —Perdón si la charla hirió tus sentimientos, pero la vida no es una película de ciencia ficción. Mel comenzó a verter lágrimas. —¿Porque insistes en ser malo?—preguntó ella llorando. Él paró el auto en seco y la miró. —Eso representa todo el abandono, lo justifica, y tu maldita voz electrónica no le da un abrazo a nadie cuando sientes que quieres morir. —Lo sé, para eso estoy yo—repetía ella dando vueltas con nerviosismo y llorando—.No quiero defraudarlo, Sebastián. —No te pido que lo hagas, solo te digo lo que significa. —Nuestros padres no son iguales—aclaró ella la obviedad. —Lo sé, pero luego dejarás de tener su atención y todo eso que te corresponde a ti se lo dará a su creación. —Deja de hablar de mi padre como si lo conocieras. —Está bien, sube al auto y te dejaré en tu casa. —¿Estamos bien?—inquirió ella limpiándose las lágrimas. —Sí Mel, estamos bien—dijo dándole un beso en los labios. En cuanto él la dejó en su casa ella comenzó a pensar en cuando Alone comenzó a aparecer en su vida. Era como la historia de pinocho, pero distaba mucho de la realidad, porque él tenía una familia, su padre y ella. Cuando regresó su padre le hizo una serie de preguntas. —¿Quieres comer algo especial?—le preguntó él. —Tacos, quizás. —Está bien, tacos serán. —Papá, ¿cuando comenzaste con la empresa? —Antes de que tu madre muriera, ¿porque preguntas? —¿Le habían diagnosticado luego? —No aún. —¿Y cuando la diagnosticaron que hiciste? —Contraté enfermeros y médicos. —¿Y cuando fue demasiado tarde? —Pensé que no podría contigo, porque trabajaba demasiado. —Entiendo. —¿Porque tantas preguntas de repente?—inquirió su padre —Porque me he dado cuenta que soy igual o peor que Sebastián. —No eres como ese muchacho hija, en absoluto—respondió atónito frente a la comparación. —Papá, tú no me criaste, lo hicieron médicos, enfermeras y una voz electrónica. —Desde niña no querías ir al instituto. ¿Que se supone que hiciera? —¡Que me dijeras que no! —Pero tu madre enfermó, no podía alejarte de ella en ese momento. —¿Y después? ¿No se te ocurrió que volverme normal me ayudaría a sanar? —No hija, fue un desatino, tú tampoco eras una niña normal, eras una niña rica y mimada y aún lo eres. El mundo tiene garras y dientes que esperan por chicas como tú, de hogares de bien. —No existe un hogar de bien, aparentemente, si todos ocultan sus miserias... —Cuando crezcas, entenderás lo que es la diferencia de tu casa con la de tus padres. —Lo sabré con el mundo real, gracias de todos modos. —¿Sabes? Me acobardé, creé un sistema para que no te sientas sola y cuando me iba, creía que era suficiente. —¿Te escuchas cuando hablas? Una voz jamás podría reemplazarte, ni criarme. —No se hija, apenas dos pasos y te enrollas con un Finderman, como si fueras de esas chicas... —¿Que chicas? —Ya sabes hija, las que están por su dinero. —¿Como puedes pensar así de mí? —¡Es que no lo pienso y por eso me molesta! El mundo de los Finderman es peligroso. —Déjame sacar a mí mis propias conclusiones—dijo dirigiéndose a su cuarto. —No regañe a su padre por mi existencia—dijo Alone con voz atenuante. —Se lo merece. —¿Él es un monstruo? —¿Que? —Me dijo que los monstruos estaban ocultos y dijo que su padre era malo... —Oh, no, pues él es solo malo en ocasiones para un nivel de maldad promedio en el que llegamos los humanos, más bien diría que es ingenuo o tonto, no que es un monstruo. —¿El chico Finderman es un monstruo? Ella quedó en blanco unos segundos. —Su padre lo es. —¿Y él?—preguntó la voz insistentemente. —Él es lo que hicieron de él, en ocasiones actúa como uno pero otras veces no. —¿Entonces él es mitad monstruo? —Todos somos mitad monstruos, supongo. Creo que cuando el ser humano deja de temerle al bien y al mal y comienza a velar por sus valores, puede convertirse en parte en un monstruo. —Srta, ¿usted cree que yo podría ser mitad humano y mitad robot? —Para eso necesitas un cuerpo y ehm, sentimientos. —Su padre me dará un cuerpo. —¿Que? —¿Cree que podría ser humano? —No sé exactamente lo que mi padre está haciendo contigo, pero es imposible que seas humano, Alone. —¿Y si fuera posible? —Supongo que estaría bien. —¿Solo eso? —Sí, ¿porque habría de cambiar nuestra relación? —Porque sería humano. —Serías un humano corriente nada más, como todos. Con una existencia efímera. —No le temo a la levedad del ser, creo que cuando el hombre se encuentra con la excelencia de lo hermoso de la vida, pierde el temor a la muerte, porque está extasiado de vida y paz. —¿Y conoces a alguien así? —No, pero espero ser alguien así si fuera humano.
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