Un día normal de instituto, Sebastián la besaba con lujuria e imprudencia en el patio de la escuela donde todos los observaban, pero ella decidió ir a clases antes, allí fue cuando una chica se acercó a ella de modo extraño.
—¿Eres su novia, cierto?—preguntó hostil.
—¿De quién? ¿De Sebastián?
La chica asintió.
—Así parece.
—¿Pueden conseguir que nos invite a mi hermano y a mí a sus fiestas?
—Supongo, mi novio tiende a no reconocer quienes vienen a sus fiestas. De todos modos, ¿porque querrían ir?
—Mi hermano fue transferido, quiere hacer amigos.
—¿Porque iban a escuelas diferentes?
—No lo es cuando es tu mellizo.
—¿Y que sucede con eso?
—No importa, ¿tenemos un trato?
—Supongo, aunque yo no gane nada con esto.
La jovencita le agradeció como si no hubiera un mañana antes de hacerse aire, Sebastián volvió a hacerse ver en el salón con un beso en la nuca.
—¿Podrías invitar a unos amigos a tu fiesta?—espetó ella.
—Tú no tienes amigos—contestó él.
—Pues me los hice.
—¿Cuando?
—¿Que más te da?
—Son mis fiestas, ¿no?
—¿Y tienes listas?—rió.
—No, y lo sabes, pero no quiero a nadie interesado en mi fiesta.
—Sebastián, por si no lo habías notado, eres un drogadicto que se ausenta durante semestres, tus amigos también son interesados—murmuró ella.
—¿Así me ves?—inquirió él dolido.
—Así te ve el mundo.
—No me importa el mundo. ¿Tú me ves así?
El timbre sonó, todos devuelta a la clase, pero él no se olvidaría de aquella pregunta y mientras la llevaba devuelta a casa, paró en el costado del camino.
—¡¿Que haces?!
—No se porque la gente siempre mata en los bosques...
Ella observa a su alrededor con miedo, él soltó una carcajada.
—Tranquila mi amor, solo quería saber de tus amigos.
La intranquilidad la llevó a decirle la verdad.
—Una chica se me acercó entre clases preguntando si podía invitarlo con su hermano porque él es su mellizo y va a transferirse pero no tiene amigos.
—Y supongo que luego serán mis amigos...
—Supongo que querrán...
—Pues no quiero amigos nuevos.
—Pues no los invites.
—Ahora que lo dices, sería descortés que los ignoraras.
—Gracias, supongo.
—También es descortés ignorarme, ¿porque lo haces?
—Yo no te ignoro...
—Me evitas—espetó Sebastián con el ceño fruncido.
—Respóndeme que te sucede.
—¡No me sucede nada!
—Lo haces, me miras con desprecio.
—Pues es difícil procesar que tu novio te haya violado.
Él se acercó rápidamente y la abrazó con suavidad.
—Ya debes dejarlo ir, Mel. No soy malo, ¿o crees que lo soy?
—Creo que eres bueno, por eso sigo aquí. Todos podemos ser malos en un mal día—dijo ella intentando creérselo ella misma también.
—Exacto, ¿y si lo entiendes por te entumeces cuando te acaricio?
—No es fácil, entiéndeme.
—¿Me odias?
—¡No!
—¿Te doy asco?
—No.
—¿Y que es entonces?
—Creo que es el hecho de que te perdoné...no estaba lista.
—¿Y cuando lo estarás?
—¿Eso importa?
—Claro que importa, no puedo tocarte.
—¿Crees que todo en la vida es para que lo toques? Lo destruyes cuando lo tocas.
—Oye...
—Sí, lo sé, es duro, pero es la verdad, Sebastián, yo jamás me drogué y tuve que hacerlo contigo.
—Yo no te obligué a hacerlo...
—¡Me obligaste a tener sexo y eso es peor!
Él se acercó y la tomó de la quijada.
—¿Y porque sigues aquí? ¡¿Porque siguen aquí si soy un maldito desastre?! No les agrado cuando estoy sano, pero tampoco cuando estoy drogado porque entonces está mal.
—Yo jamás te he visto sano—interpeló ella.
—¿Crees que me drogo siempre porque lo hago en las fiestas?
—Supongo, no lo se, no entiendo esas cosas.
—La cosa es que te drogaste, Melodie, tu también, por la razón que sea y yo no puedo cargar con tus demonios.
—¡Tú me bajas a tu infierno, Sebastián! A la peste de tu vida, porque yo no era así y lo sabes.
—Está bien, no puedo evitarlo, es mi vida y solo te amo, pero eso no alcanza.
—Yo también te amo—dijo ella y lo abraza.
—¿Porque peleamos entonces? ¿Porque no podemos ser solo felices?
—Necesito un tiempo, Sebastián.
—¿Sola?
—No, contigo. Un tiempo de cambios.
—Es decir que quieres al novio perfecto que sabes que no soy y eso no va a pasar...
—No, no quiero al novio perfecto, solo quiero el que no me haga daño ¿es mucho pedir?
Él volvió al auto y abrió la puerta de ella.
—Adelante, mademoiselle.
—No quiero eso.
—No, pero no me quieres a mí, entonces ilústrame.
—¿Que no puedes distinguir lo que no debes hacer? Solo tee gusta algo y lo tomas.
—¿No debe ser así la vida para nosotros?
—La vida de nadie debe ser así—dijo tomando asiento en el auto.
—Pero vuelves a mí, siempre lo haces.
—Un día no lo haré, ¿porque quieres ser el tipo al que abandonaría?
—Porque todos me abandonan—espetó con la mirada turgente.
—Yo estoy aquí...
—Pero no quieres estar aquí.
—Contra viento y marea, pero lo hago, estoy contigo.
—¿Es tan difícil cargar conmigo?
—No—dijo besándolo—.Es difícil cuando te enojas.
Mientras ella lo abraza, Sebastián retenía el llanto. No podía ser diferente, quería serlo, pero no podía, en su mente solo habitaba la oscuridad y el abandono, aunque no lo admitiera, siempre llevaba a las personas al extremo, para saber si lo abandonarían como siempre lo hacían o se quedarían, como nadie lo hacía hasta ahora.
—¿No puedes no drogarte y no beber alguna vez? Quizás esa versión de ti es la real...
Él se apartó enojado.
—No quiero que me salves, Mel, y si insistes, seré yo el que no quiera nada contigo.
En la profundidad de Sebastián, sabía que no existía aquello que su novia buscaba. Desde niño había desaparecido su madre, y en cuanto lo hizo, comenzó la desidia de su padre de ignorarlo. Lo único que podía agradecer y que su padre se lo hacía saber de memoria, es que tenía dinero y no era huérfano, que todo se solucionaría con su status y que los sacrificios de los demás para ellos eran ganancia. El mundo en el que había crecido solo podía ver una ventaja, en ocasiones solo observaba a Melodie perdiéndose en su cabello rubio y podía imaginarse una vida junto a ella, pero luego veía su cuerpo, y se le pasaban cosas por la mente, indecentes, casi todo el tiempo quería morir, y casi todo el tiempo quería usarla para tener sexo. Por eso se drogaba, el silencio de su mente en realidad era lo único que lo diferenciaba de una mala persona.