Diecisiete

1465 Palabras
Melodie se había puesto en marcha, ningún hombre pasaría por su vida con el atrevimiento de Sebastián, así que cuando volvió a la escuela, éste se le acerca abrazándola del cuello como siempre solía hacer. —Te pasé a buscar, no estabas. Ella echa un suspiro con letargo. —Creo que no nos hacemos bien... —¿Otra vez con eso? ¿Te gusta alguien de aquí y por eso estás así?—dijo arrinconándola en los casilleros. —Sabes que no, solo es que no funcionamos juntos—dijo dirigiéndose a la clase. —''Lo que tenemos'' dices—tomándola del brazo—.Sabes que no puedes estar sin mí. —¿Porque? —No tienes amigos, ni tampoco a nadie que se llevara sin mí. Acéptalo, eres aburrida Mel, yo soy el chico de las fiestas—le murmuró al oído antes de sentarse. Él la buscó al terminar la clase. —¿No captaste lo que dije?—volvió a insistir ella fuera de clases. —¿Puedes parar un momento?—dijo él tomándola de la mano. Ella lo rechaza—¿Si pensabas tan mal de mí porque te me acercaste? —Porque eres la más bella de todas para mí...siempre lo supe, pero faltaba mucho a clases y no podía acercarme. —Faltabas semestres enteros, Sebastián, quizás tu padre tiene razón. —Oye—dijo volteándola—.Te he tratado como una reina, ¿y te pones en mi contra? —Al menos estoy siendo honesta. —No, solo dices peste por la boca, estás enojada de repente y merezco saberlo. —Como si no lo supieras ya...—espetó ella. —¡Sabes que ya no puedo hacer nada! No hay día que no me arrepienta de existir, ¿porque quieres prolongar mi castigo?—dice parándose de frente, desafiante, prohibiéndole el paso. —Porque no son cosas que se olvidan tan fácil... —Lo sé... Ella le susurra. —Deberías dejarme en paz sino tendré que contárselo a tu padre. —¿Porque lo harías? No serías capaz... —Sé muy bien que el mundo no lo creerá pero sé que tu padre sí y te dará la paliza de la historia. —¿Sabes que? De todas las cosas que más me arrepiento, tú estás primera en la lista—espetó marchándose a su auto. —Tu novio es un abusivo—dijo Ally acercándose. —De todos modos no le interesa. —¿Porque peleaban?—preguntó Ally—.Digo, si quieres hablar... —No por ahora—dijo abandonando a Ally en los pasillos pero se encontró con Zack, su mellizo. —¿Viste a Ally? —Sí, acabo de verla, está cerca de su casillero... —¿Estás bien? Se te nota mal... —¿Enserio? No me digas—dijo irónica y escapando otra vez. De quien no podría escapar era de su padre, llegando a su casa comenzó a llorar pero se compuso para entrar a su casa. —No vienes muy alegre...—dijo su padre. —No tuve un buen día. —¿Que sucedió para que no lo fuera? —Nada en particular. —¿El chico Finderman? —No, exámenes. —¿Ya tienes pensado que estudiar? —No, por eso me preocupa. —Ya encontrarás lo que te apasione. —Pues debo encontrarlo en este semestre porque no puedo arrancar el siguiente sin tener ni la más mínima idea sobre que será mi futuro. —Tengo que irme, pero no te preocupes hija, todo llegará en su debido momento—dijo su padre dándole un beso en la mejilla. Segundos después, Sebastián tocaba su puerta, tocaba tan fuerte que no podía evitarse abrirle. —¿Que te sucede? ¿Nuevos amigos? —¿Lo dices por los mellizos? Solo fueron a tus fiestas. No son amigos. —Como sea, ¿porque no hablamos? —¿De que quieres hablar, Sebastián? —Son morenos, son quienes padres limpian nuestras casas. —Disculpa, para eso tu padre gastó un dineral para robótica. —Como sea, ¿crees que ellos son tus amigos sin mis fiestas? —No lo creo, pero tampoco me importa. No quiero seguir con esto. —¿Porque? ¿Y porque ahora? —Porque tenemos exámenes, Sebastián, es importante. —Tú sabes que las personas como nosotros ingresan en cualquier universidad—dijo déspota. Ella volteó los ojos. —La verdad es que no te entiendo. —¿Que eres mía? —No soy tuya como un objeto—dijo Melodie epítome. Él lo besa y ella lo rechaza. —¿Lo ves? Eres mía, tardas en alejarte... —Lo sé, y me odio por eso. —¿Porque? Podríamos ser solo tú y yo sin problemas de por medio—dijo intentándola abrazar pero ella se aparta. —Me rompiste, Sebastián. —¿Sigues insistiendo con lo que dijiste más temprano? —Sí, no es para menos. —Pues haz lo que quieras, que mi padre me mataría a golpes y aunque tu vocesita ladre, no me harías eso porque sabes el daño que ocasionarías. —¿Porque abusas de mi amor por ti?—refunfuñó ella. —No lo hago—persiste él. —Déjame en paz, por favor. Él la miró y asintió con la cabeza. —Supongo que ya no importa. —Gracias, evidentemente esto se hará un hábito. —Tú no buscas un novio, Mel. Buscas un padre. Porque el tuyo prefiere trabajar antes que verte. —Igual que el tuyo—respondió vivaz. Él rió. —¿Crees que me importa? No puedes hacerme dalo, no hay nadie que me interese con quien chantajearme. —Sí, lo hay. Dijiste antes que yo era lo primero de lo que te arrepentías... —Sabes que estaba enojado—excusó. —Hazte caso—dijo alejándose. Subió las escaleras desganada, no sabía si Sebastián la seguiría, pero no lo hizo. Se internó en la tina mirando sus rodillas, pensaba en drogarse, para olvidar pero luego se encontraba en el dilema de que si olvidaba lo malo, también olvidaría lo bueno. En la noche, su padre regresó con una noticia. —¿Porque tan contento?—le preguntó ella. —¡Alone puede salvar vidas! —¿Vidas? ¿Cómo es eso? —Si se convierte en un chip para las personas con muerte cerebral, puede insertarse y lograr movimiento y activar nuevamente las funciones neuronales, pero dejaría la parte de la memoria. —¿Como si reemplazara lo dañado? —Exacto—espetó orgulloso él. —¿Eso pueden hacer tus máquinas? —Alone sí. —¿Porque Alone sí? —Porque tiene inteligencia memorial, no tiene un cerebro pero funciona como si lo tuviese. Tiene actividad por si solo. —Dijiste que Alone era especial, ¿era por eso? —Lo es. Y debemos compartirlo con la ciencia. —¿La vida no debería seguir un curso sin alteraciones? Digo, no eres Dios. —Solo haremos pruebas primero, si resulta un zombie entonces abortaremos el proyecto. Está en versión beta por ahora. —Estás hablando de familias, a quienes les das esperanzas con sus hijos, y no les darás vida, les darás a Alone. —No por completo, lo haré adaptable. —No está bien ilusionar a la gente, papá. —Podríamos volver a revivirlos con sus recuerdos. —¿Podrían? —Eso intentaremos. Pensé que te encantaría el proyecto. —Y yo que almorzaríamos juntos—dijo observando que volvía a prepararse para irse. —Puedes hacerlo con el robot—dijo bromeando y tocándolo. —Como digas—dijo echando un suspiro—¿Crees posible ser como un humano?—preguntó a la voz electrónica una vez estando sola. —Un humano siente, y yo también, supongo que sí. —Lo tuyo es otra cosa, no sentimientos verdaderamente humanos. —¿Porque lo cree así, Srta? —Porque jamás conocerás lo que es ver ni sentir el último respiro de vida, por eso, nunca serán humanos. —Entiendo. ¿Cómo marchan las cosas con el chico Finderman? Porque tiene cita con el dentista para mañana. —No te preocupes, iré al dentista. —Su padre tampoco podrá acompañarla y hoy no podrá volver temprano, pero he vuelto a cargar su serie favorita en todas sus temporadas. —Gracias por facilitarme el día. ¿Podrías bloquear de todos lados a Sebastián? —Comenzando. ¿La hirió? —No quiero admitirlo, pero sí. —Srta. Mel, cuando yo tenga un cuerpo humano, ¿seguirá pensando lo mismo? —No, porque ya no serás un robot, serás un humanoide. —¿Y cree que podré ser algo para usted? —Supongo que donde hayan dudas, hay esperanzas. —Gracias Srta. Mel.
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