Clarisa, mientras tanto, seguía en silencio. Se notaba que escuchaba, pero no participaba. Estaba con el celular en la mano, aunque no parecía estar escribiéndose con nadie. No parecía incómoda, ni molesta por el hecho de que no la hayamos incluido en la conversación. Por lo visto era simplemente así: más callada. Y Barbi debía conocerla muy bien, y sabía cuándo hablarle. —¿Y vos, Dani? —preguntó Barbi—. ¿Tocás algo? —Escucho nomás. Me gusta la música, pero soy más de ponerla fuerte y mover la cabeza. Nada muy artístico. Ella rio. Esa risa suya tenía algo contagioso, algo que te hacía verla como una mujer accesible cuando en realidad era todo lo contrario. —Bueno, algo es algo. Mientras no me digas que escuchás reggaetón de esos que dicen “mami chula traeme la empanada”, estamos bien.

