No la interrumpo, ni Matías tampoco. Lo miro de reojo, y me sorprendo al no encontrar su sonrisa burlona. De hecho, pareciera que está procesando algo, como yo mismo lo hice hasta hace unos instantes. Entonces me doy cuenta de que él no está en una posición muy diferente a la mía. Matías también acaba de enterarse de que su hermano menor, ese que considera un perdedor, se estaba cogiendo a la mina que le gusta. Lo disimula mejor que yo, pero ese corto vistazo bastó para que me diera cuenta. Y esa nueva certeza hace que me relaje aún más. —Yo traiciono a Ricardo con ustedes —sigue diciendo, remarcando las palabras como si dolieran—. Los dos saben muy bien el problema que yo tengo. Mi adicción… Hace una pausa. No porque no sepa qué decir. Sino porque necesita respirar. Suelta el aire despa

