Lo dice sin mirarme. Con la cabeza gacha. Y yo, en el fondo, sé que tiene razón. —Igual ya está hecho —respondo—. Lo mejor que podemos hacer es seguir disfrutando. No ganamos nada con parar ahora. —Ya lo sé. Pero eso no quita que todo esto es terrible. —No te preocupes —le dije—. No va a pasar nada malo. Te lo prometo. —No deberías prometer cosas que no dependen de vos que se cumplan —dice Amarai, girando levemente—. Pero sí, es cierto. Ya lo hicimos. Ya pasó. Así que ahora… No necesito escuchar más. Es una clara invitación. Me acerco sin apuro. Mi pecho choca con su espalda, mi v***a dura con su carnoso culo. Le pongo las manos en la cintura. La empujo con suavidad hacia adelante. Se apoya contra la pared de cerámica, las palmas abiertas, las piernas separadas, el culo en pompa. Una

