Sofia estaba nerviosa. Diego no sabía que decir.
—Llegamos—dijo Fernando con entusiasmo—amor, bájense aquí, yo voy a estacionar el coche y los alcanzó.
Se bajaron. Fernando busco un lugar en donde estacionarse. Dio varias vueltas. Después entro al centro comercial. Su esposa y sus hijos estaban en el primer piso. Cuando llego hasta su esposa la tomo de la mano. Se metieron a la primera tienda.
—Diego, escoge lo que te guste—le dijo amablemente Paola—Princesa vamos a buscar ropa para ti
Fernando se fue con él. Mariana y Matías estaban inquietos. Sabían que tenían que decirles lo que los niños pensaban hacer a sus padres, pero no querían lastimarlos. Ellos se quedaron a fuera de la tienda para poder platicar. Fernando los noto raros.
—Diego—le dijo—ahorita vengo, sigue viendo la ropa y lo que te guste lo tomas, cuando regrese te ayudo a que te la midas—le sonrió.
Salió de la tienda. Mariana al verlo se quedó callada.
— ¿Qué pasa hija? —pregunto intrigado.
—Nada papá—dijo nerviosa.
—Tu tono de voz no dice lo mismo
—Papá—Matías intervino—escuchamos una conversación de los niños, ellos se quieren escapar de la casa, pero al mismo tiempo se sienten mal, no quieren ser mal agradecidos de que los han ayudado tú y mi mamá mucho—estaba afligido—no sabíamos cómo decirlo.
—No se preocupen, su madre y yo también los escuchamos en el hospital, vamos a darles lo que nunca les han dado, mucho amor—les dijo a los dos abrazándolos—vamos a dentro, para que ustedes también escojan lo que quieran—le dio un beso en la cabeza a Mariana.
—Papá—dijo ella un poco asustada.
—Hijo—dijo cariñosamente—adelántate—le sonrió. Él se fue— ¿Qué pasa mi amor?
—Papá, me está faltando el aire—dijo con dificultad.
—Ven, siéntate, aquí traigo tu inhalador—la sentó en una banca y le dio el inhalador. Después de dos disparos ella volvió a respirar— ¿estas mejor? —pregunto un poco preocupado.
—Si papá—dijo mejor.
—Hija vamos a tener que ir con un neumólogo para ver cómo podemos tratar tu asma.
—Está bien papá.
Los dos entraron a la tienda. Sofia se estaba probando la ropa que junto con Paola había escogido. Diego traía en sus manos pocas cosas. Fernando se acercó a él. Le sonrió al verlo.
—Campeón, eso es muy poquito, ven yo te ayudo—le revolvió el pelo.
Diego agacho la cabeza y se dejó guiar por Fernando. Él estaba agarrando muchas cosas. Diego sé que sorprendido. Paola también lo hizo con Sofia. Los dos niños se probaron la ropa, todo les quedo bien. Fernando fue a pagar y salieron de la tienda. Después fueron a una tienda de zapatos y sucedió lo mismo. Fernando y Paola tuvieron que escoger por ellos.
—Papá—dijo Mariana— ¿podemos ir a comer un helado?
—Si mi amor—dijo él abrazándola.
Fueron al puesto de helado. Diego no lo había probado. Sofia sí. Pidieron una bola de nieve de vainilla y otra de fresa. A Diego se le hizo muy rico.
— ¿Esta rico campeón? —dijo Paola riendo.
—Sí, muy rico, gracias—le contestó con la misma sonrisa.
—Papá—dijo con mucha dificultad Mariana—no puedo—dijo.
—Cálmate mi amor—le dijo al verla desesperada, Fernando se alarmo—abre la boca—Se levantó rápidamente para darle dos disparos más con el inhalador.
—Hija ¿estás bien? —pregunto Paola asustada.
—Si mamá—dijo.
Matías se acercó a ella para tomar su mano.
—Vamos al hospital, no es normal que te diera dos ataques prácticamente seguidas.
Sofia estaba muy asustada y empezó a llorar.
—Hija—dijo Fernando más calmado—te voy a llevar en brazos.
—No papá, puedo caminar—volteo a ver a Sofia—estoy bien Sofia, no te preocupes.
—Está bien hija—dijo Fernando.
—Ven princesa—le dijo Fernando a Sofia. Extendiéndole sus brazos para cargarla.
Diego también estaba asustado, pero no dijo nada. Solo camino en silencio. Sofia escondió su cabeza en el cuello de Fernando. El abrazo lo sintió muy cálido. Al llegar al carro Fernando dejo a Sofia en el asiento t*****o. Espero que Mariana entrara. Matías y Diego se subieron por la puerta del lado izquierdo. Le abrió la puerta de adelante a Paola. Condujo al hospital con cuidado, aún estaba nervioso. Al llegar Sofia estaba dormida.
—Yo me quedo con ellos papá—dijo Matías.
—Gracias hijo—dijo Paola.
—Está bien hijo—dijo Fernando.
Los tres entraron. Fueron con el doctor López. Le explicaron la situación. Mando a hacerle estudios a Mariana. Los estudios no tardaron mucho tiempo en estar listos.
—Mariana, me temo que tu asma está avanzando, vamos a tener que empezar un tratamiento para abrir tus pulmones y con eso reduciremos los ataques.
—Si doctor está bien—dijo ella—me asusté mucho cuando me dio el segundo ataque en tan poco tiempo, nunca me había pasado.
—Me imagino que si—dijo el amablemente—vas a tener que empezar a recibir inyecciones de venolin para abrir sus bronquios.
— ¿inyecciones? —dijo asustada.
Fernando río al escuchar su reacción. Paola se preocupó un poco. Desde niña su hija le tenía miedo a las agujas.
—Hija es lo mejor para que ya no tengas ataques de asma—dijo Fernando.
—Papá—dijo ella con el mismo tono de voz—tú sabes que me dan miedo.
—Lo sé mi amor, pero es lo mejor.
—Mariana va a ser 2 veces a la semana por 6 meses, después de eso te volveré a evaluar para saber si necesitas seguir con el tratamiento o no.
Fernando sabía que iba a ser complicado que su hija aceptara el tratamiento, pero él sabía que era por su bien y la convencería de ello.
—Está bien doctor—dijo ella resignada.
—Tienes que iniciar cuanto antes—dijo el doctor.
Salieron de la consulta. Mariana estaba asustada y preocupada. Sabía que su papá no dejaría que ella no siguiera el tratamiento al pie de la letra.
— ¿Qué paso? —dijo Matías el verla pálida
Ella dijo que no con su cabeza.
—Hijo ven—Paola se alejó con él y le dijo lo que le habían dicho a su hermana.
—Tranquila—dijo Fernando al verla—no pasa nada, ven—la acerco a él y la abrazo—no tengas miedo—le beso la cabeza varias veces.
Diego y Sofia estaban dormidos. Se subieron al carro y se fueron a su casa. Fernando se paró en una farmacia para comprar el medicamento. Al llegar Fernando tomo en brazos a Diego y Matías a Sofia. Los dejaron en el cuarto de Diego. Mariana estaba en la sala. Muy nerviosa. Fernando bajo.
—Amor—dijo Paola—tengo consulta en media hora—le informo.
—Está bien amor—le dio un beso en los labios.
— ¿Dónde está mariana?
—Hace un momento estaba en el sillón—dijo confundida—voy a fuera, ahorita regreso—salió a buscar al patio. La encontró en el columpio que había—hija—dijo tiernamente al verla con la cabeza agachada— ¿estás bien?
—No mamá, tengo miedo, estoy muy asustada—dijo temerosa.
—Hija, tu papá no hará nada para lastimarte, lo sabes, solo quieres que todos ustedes estén bien al igual que yo—le sonrió—tu padre es un excelente médico, a mí me ha inyectado un par de veces y no se siente nada, tiene buena mano, confía en él.
—No es eso mamá, confió en él y en ti siempre.
—Te entiendo hija y si entramos, hacemos esto para que yo pueda estar contigo.
— ¿Tienes que irte?
—Si hija, tengo que dar consulta en media hora.
—Ve mamá, no te preocupes, voy a estar bien.
—Hija, para mi primero esta ustedes que son mis hijos.
—Lo sé mamá, pero de verdad no quiero que llegues tardes, ve y cuando regreses hacemos la cena juntas—le sonrió.
—Me parece bien hija—le sonrió.
Las dos entraron.
Fernando estaba revisando su celular cuando las vio entrar.
—Papá te espero en mi cuarto—dijo Mariana. Subió las escaleras rápido.
—Amor, ya me voy—dijo Paola. Se despidió de él con un tierno beso y se fue.
Fernando fue al cuarto de Mariana con la inyección lista en su bolsillo.
—Hija ¿puedo pasar? —toco la puerta.
—Si papá—dijo ella.
Fernando entro al cuarto. Mariana estaba sentada en la cama.
—Sé que tienes miedo mi amor...
—Papá sé que quieres lo mejor para mí, voy a dejar que me inyectes—Mariana se desabrocho el pantalón y se acostó boca abajo en la orilla de la cama—estoy lista papá
—Bien mi amor, no te va a dolor, lo prometo.
Fernando bajo un poco su pantalón y su ropa interior. Mariana su puso tensa
—Mi amor, no te pongas dura, si—le pidió con cariño—te voy a poner el algodón—le explico. Lo hizo—te voy a apretar un poquito tu glúteo—lo hizo—y sentirás un pequeño piquetito—metió la aguja con precisión y cuidado.
—Papá—dijo ella al sentir el piquete y brinco. Mariana tenía lágrimas en los ojos.
—Tranquila mi amor, ponte flojita ya está adentro. Ya voy a terminar—Fernando introdujo el liquito y saco la aguja, le puso el algodón y presiono un poco. Después subió su ropa—listo mi princesa—dijo. Ella se levantó—ven acá mi pequeña—la abrazo muy fuerte. Los dos se acomodaron en la cama. Mariana se quedó dormida en los brazos protectores de su padre.
Una hora después llego Paola. Fernando y Mariana le ayudaron a hacer la cena. Doña mari estaba cuidando a una de sus hijas que fue operada de emergencia. Cuando estuvo lista todos comieron. Diego no comió mucho.
—Diego has comido muy poco—dijo Paola amablemente— ¿Qué pasa?
—Nada. Solo que no estoy acostumbrado a comer tanto, ya estoy satisfecho ¿puedo ir a mi cuarto? Tengo sueño.
—Yo también tengo sueño—dijo Sofia.
—Si por supuesto, lleven sus platos al fregadero—dijo ella.
A Fernando se le hizo extraño el comportamiento de Diego. Los niños se pusieron el pijama y se metieron a la cama para dormir. Sofia se quedó dormida rápido. Diego cerró los ojos cuando abrieron la puerta de su cuarto. Era Fernando quería saber si estaban despiertos, pero al ver que no se fue a dormir él también.
—Te amo—le dijo a su esposa al darle un tierno beso de las buenas noches. Ella sonrió.