Nueva casa

1506 Palabras
Diego se despertó, se movió lentamente para no despertar a Sofia. Al levantarse de la cama vio por la ventana. Observo con detenimiento todo a su alrededor. Supo que sería muy difícil escapar de ahí. Tenía que robarse la tarjeta electrónica del auto, lo que sería muy difícil ya que Fernando y Paola salían y entraban de la privada. Diego tenía una sensación extraña, pero no sabía que era y tampoco como describirla. Diego entro al baño. Después de salir Sofia seguía dormida. Él se sentó en el borde de la cama, estaba con la cabeza agachada. Se asustó cuando la puerta se abrió. Era Fernando quien al ver a Sofia dormida lo saludo con la mano. —Hola—dijo muy despacito—quería saber si todavía dormías—entro al cuarto y se sentó con mucho cuidado aun lado de él. — ¿Por qué? —pregunto confundido. —Hay que curar tu mano y ver si ya se pueden quitar los puntos—le sonrió — ¿vamos a fuera? —caminaron a la salida. —Si—dijo él con un poco de miedo. —No tengas miedo pequeño, no va a haber agujas—le revolvió el pelo. Bajaron las escaleras. — ¿De verdad? —dijo despacio. —Sí, te lo prometo, vamos a mi consultorio—era un pequeño cuarto que tenía en su casa para cuando tuviera que atender a algún niño cuando no estuviera en el hospital— ¿Qué pasa Diego? —dijo al notar que se quedo en la puerta. —Nada—contesto tímido, pero no quería decirle que tenia miedo. —Diego—dijo agachándose a su altura— ¿prefieres que te cure en la sala? —dijo amablemente. —Si—dijo él. —Bien, espérame en el sillón—Fernando fue por las cosas que necesitaba a su consultorio. Diego se sentó. Paola fue a ver si Sofia estaba despierta, pero no fue así. Fernando volvió. —Campeón—le dijo—préstame tu mano—extendió su mano. Diego puso su mano en la de Fernando. —No te va a dolor—le dijo sonriendo un poco para darle confianza. Fernando le quito la venda, lavo la herida con agua y jabón con sumo cuidado—ya puedo quitarte los puntos—saco un bisturí. —Está bien—dijo Diego asustado. Fernando cortó el primer punto. Diego sintió un pequeño jalón. Con los demás no sintió nada. Fernando tenía mucha experiencia y fue hábil. —Terminamos pequeño—Fernando le sonrió. Diego estaba experimentando sentimientos que nunca antes había sentido por nadie. Fernando y su esposa eran personas buenas, que solo querían ayudarlos a él y Sofia, pero al escuchar a Sofia que no quería tener una nueva familia y Diego la consideraba su hermana, no sabía qué hacer. Sofia siempre lo acompaño en los momentos más difíciles y él a ella, ellos solo se tenían el uno al otro. —Gracias—dijo Diego también sonriente. — ¿Vamos a comer? —le pregunto con el mismo ánimo. —Voy a ver si Sofia esta despierta. —Ve campeón. Diego subió las escaleras. Cuando abrió la puerta se dio cuenta que Sofia estaba sentada a la orilla de la cama. Ella noto que él ya no tenía la mano vendada. —Hola Sofia—le sonrió. — ¿Qué paso con tu mano? —El señor me quito los puntos cuando tú estabas dormida, fue muy amable. —Se lo que me quieres decir Diego, yo también siento que son buenos—estaba afligida—y nosotros nos queremos ir—cerro los ojos— ¿Qué vamos a hacer?—se tallo los ojos. —Cálmate, vamos a estar aquí hasta que sepamos cómo nos vamos a escapar, y después de eso, vemos si nos queremos ir o quedar con ellos, nos quieren adoptar. Vamos a comer Sofia también estaba pensando en Diego y si él quería quedarse ella también lo haría. Aunque estaban hablando bajito Mariana y Matías escucharon todo lo que dijeron. Al sentir que saldrían del cuarto, se metieron rápidamente el cuarto de Matías. — ¿Qué vamos a hacer?—dijo Mariana preocupada. —Tenemos que hablar con ellos, contarles nuestra historia y convencerlos de que nuestros padres van a ser los mejores padres para ellos—él estaba igual de preocupado que su hermana. —Sí, estoy de acuerdo, vamos a comer—dijo—después mi papá nos castigara. —Si lo sé—dijo afligido. Bajaron a comer. Los niños ya estaban en el comedor. Ayudaban a poner la mesa, estaban acostumbrados a hacer algunas tareas básicas. En el orfanato tenían que ayudar en muchas cosas. —La comida ya está lista—dijo Paola—vamos a comer—sonrió. Primero comieron un poco de fruta. Después sirvió la comida. Era pollo a la planta con salsa de tamarindo, verduras y puré de papá. Todos empezaron a comer en silencio. Sofia estaba batallando para cortar el pollo. — ¿Te ayudo princesa?—dijo Fernando con cariño. —Si por favor—pidió con una sonrisa. Fernando lo corto en trozos pequeños para que ella pudiera comerlo sin problema. —Muchas gracias—dijo ella cuando él termino. —Por nada mi amor—le tomo la mejilla y le hizo un cariño. Sofia se sintió rara con esas palabras. Ella no estaba acostumbrada a recibir cariños de nadie y la sensación le gusto. Terminaron de comer. —Cada quien tiene que llevar su plato a la cocina—dijo Fernando. Los niños obedecieron. Mariana y Matías fueron al estudio de sus padres. —Si quieren pueden ir a su cuarto y bañarse—dijo Paola sonriendo. —Gracias—dijeron los dos al mismo tiempo y se fueron. Fernando fue al estudio, espero a que Paola llegara. Mariana estaba muy nerviosa al igual que su hermano. —Hijos—empezó con cariño—saben por qué están aquí y saben que no me gustan los golpes, no arreglan nada, pero también entiendo que tu reacción Matías fue la de defender a tu hermana y que lo que tu compañero te dijo te lastimo—le sonrió un poco—pero nada justifica que pierdas la cabeza de la manera en la que lo hiciste, resultaste lastimado y no solo tú, tu hermana también—tomo aire—su madre y yo nos preocupamos mucho. —Papá—dijo Mariana—yo sé que estas molesto y que nos vas a castigar por lo que paso, pero tienes que entender que no podemos dejar que nos traten de esa manera—dijo ella en voz baja. —Hija—dijo Paola—tienes razón, pero lo que tu padre quiere decir es que cuando los provoquen tienen que ser más inteligentes que su agresor y no seguir la corriente—explico con cariño. —Papá —dijo Matías—yo no golpee a Ricardo por lo que nos dijo, le pegue porque llevaba mucho tiempo molestando a mi hermana, yo no me siento un huérfano y Mariana tampoco. Ustedes son nuestros padres. —Lo entiendo hijo—dijo Fernando—para la otra que pase, porque seguirá pasando, quiero que se den la media vuelta y se vayan, me digan las cosas a mí y yo lo soluciono ¿entendido? —Si papá, te lo prometemos—dijeron los dos. —Por esta ocasión no los vamos a castigar, pero si lo hacen de nuevo no vamos a tener ninguna contemplación—dijo su madre. —Si mamá—se levantaron a abrazarlos a los dos con buen ánimo. Mariana y Matías se fueron a sus cuartos. Diego y Sofia se bañaron. Se cambiaron de ropa. —Amor—le dijo Fernando a Paola—los niños casi no tiene ropa, tenemos que ir al centro comercial—le dio un beso en los labios. —Si amor, ya lo había pensado. Vamos. Voy a ir a decírselos—le devolvió el beso. Fernando se fue a sacar el coche. Paola se fue por sus hijos. Sofia y Diego no sabían que hacer, ellos sabían que no tenían dinero. — ¿Qué pasa?—pregunto Paola. Ya en el coche. —No tenemos dinero—dijo apenada Sofia. —No se preocupen por eso, nosotros nos podemos hacer cargo de todos sus gastos—les dijo Fernando viéndolos por el espejo. Los dos se sintieron mal. A Paola se le hizo pasita el corazón al escuchar a Sofia. Diego se quedó callado con la contestación de Fernando. Después de 20 minutos llegaron al centro comercial. Los dos niños estaban pensando en no pedir muchas cosas, después de todo en el orfanato tenían que compartir la ropa y los zapatos. Estaban acostumbras a no tener muchas cosas para ellos. Ni siquiera juguetes. Al llegar se pusieron nerviosos, pero al mismo tiempo no sabían cómo reaccionar ni que decir.
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