Buena noticia

1688 Palabras
Diego ya se imaginaba que algo estaban ocultando Paola y Fernando. Él estaba observando sus miradas. —Niños—dijo Fernando—ahorita volvemos, me acompañas amor—le dijo estirando su mano para que ella la tomara. —Si—dijo ella sonriendo. Los dos salieron de la habitación. Tenían mucho de que platicar. Fueron al consultorio de Fernando. —¿Qué te paso en la cara Mariana? —pregunto Sofia. —En el colegio me golpee, pero estoy bien pequeña—le sonrió—no te preocupes—y Matías también se golpeó. —Los dos estamos bien—dijo Matías feliz. Los cuatro notaron que el matrimonio estaba tardando en volver. Sofia siguió jugando. Diego estaba un poco inquieto. Con el accidente no supo nada de Olivia y quería encontrarla. —Fernando—dijo Paola— ¿Cómo vamos a decirle a los niños? —dijo preocupada. —Se los tenemos que decir como es amor—dijo algo serio. —Están tan dañados que no quieren otra familia—agacho la cabeza. —Amor—dijo Fernando acercándose a ella. La abrazó cuando la escucho llorar—les vamos a dar una familia que les dará todo el amor que ellos no han tenido. Tenemos que ser pacientes y comprender que han sufrido mucho. Paola no pudo decir nada. Verdaderamente se había encariñado con los niños y el saber que ellos no querían tener una familia la ponía muy triste. Ella como psicóloga lo entendía. Era altruista y atendía a niños en barios sin cobrar consulta al igual que su esposo. —Ya los quiero Fernando, pero si ellos no nos quieren a nosotros, no los podemos obligar. —Es verdad, pero vas a ver que al estar en la casa con nosotros se darán cuenta de como somos y que nunca los vamos a maltratar ni mucho menos abandonar. Va a ser un proceso para ellos y para nosotros. Todos tenemos que aprender de todos. Paola se calmó al escuchar las palabras dulces de su esposo. —Vamos—le dijo sonriendo. —Te amo—le dijo él dándole un beso tierno en los labios. Caminaron tomados de la mano. Fernando sabia que su esposa necesitaba esa fuerza que él podía darle y ella sabía que él necesitaba su apoyo incondicional para darles la noticia a los niños, que no sabían como era que iban a reacción ni que dirían. Al llegar a la puerta de la habitación esperaron un poco para entrar. Sofia estaba en la cama con Diego, los dos estaban muy entretenido armando el rompecabezas. —Hola niños—dijo Fernando sonriendo—hijos nos dejan a solas con ellos ¿por favor? —les pidió. Mariana y Matías salieron. —Diego, Sofia, nos prestan atención ¿por favor? —dijo Paola amablemente. Los dos dejaron de hacer lo que hacían. Sofia se tenso un poco. ¿Qué era lo que les querían decir? Diego en su mente se estaba poniendo a la defensiva. Paola con la mirada le dijo a Fernando que él hablara primero. —Desde el día que los vi, sentí una sensación de que algo no andaba bien con ustedes y lo saben—empezó—luego paso el accidente y el resto también lo saben, mi esposa y yo les queremos decir que sabemos que son huérfanos y que no queremos que estén solos en las calles, ya que es muy peligroso. Ayer hablamos con nuestro abogado y un juez nos dio su custodia temporal y empezamos los trámites para adoptarlos—termino. Estaba un poco nervioso. — ¿Qué? —grito Diego—no puede ser, yo no quiero tener... —No—grito Sofia interrumpiéndolo y llorado. —Niños—dijo Paola—déjennos explicarles, no llores Sofia—se quiso acercar a ella. —No me toques—casi le grito. Agacho su cabeza. —Por favor—dijo Fernando—cálmense todos—alzo un poco el tono de voz—Diego no te bajes de la cama—le advirtió. —Yo no quiero estar aquí, ustedes no son nadie para obligarme a nada—dijo enojado —Diego—dijo el tajante—ustedes son muy pequeños para estar en la calle y no lo voy a permitir. Este papel—lo saco y se los enseño—dice que temporalmente van a vivir en mi casa y eso haremos—Fernando quería ser más amable, pero dado su reacción no lo pudo hacer. Pensó en luego hablar con ellos, ya que estuvieran más relajados. —Yo tampoco quiero ir—dijo Sofia— ¿Por qué nos trajiste aquí? Nos hubieras dejado en la calle y nada de esto estaría pasando. —Sofia—dijo dulcemente Paola—mi esposo solo quiso protegerlo y yo los quiero y no quiero que les pase nada malo en las calles. Diego estaba muy enojado y ya no dijo nada. Estaba elaborando un plan para escaparse y no volver a verlos. Sofia estaba llorando sin control. Paola tenía lágrimas en los ojos. Fernando estaba con un nudo en su garganta —Vámonos—dijo Fernando después de un rato. Se sorprendiendo al ver que no opusieron resistencia. Bajaron de la cama y caminaron a la salida. Agarraron todas sus cosas y salieron de la habitación. Mariana y Matías los esperaban a fuera. Al verlos como estaban supieron que las cosas no habían salido para nada bien, pero no preguntaron nada. El silencio en el que caminaron daba miedo. Fernando al llegar a su camioneta puso las cosas de los niños en la parte de atrás y después se subieron Mariana, Matías y Luego Sofia y Diego. En todo el camino nadie hablo. A Fernando empezó a dolerle la cabeza, quiso decirles muchas cosas a los niños, pero no lo dejaron hablar, aunque ya habría tiempo para decírselos. Al llegar a su casa que estaba en una privada y necesitaban una llave electrónica para abrir el portón Diego supo que escapar de ahí estaría un poco complicado. Cuando vieron la casa se quedaron sorprendidos al ver lo grande y bonita que era. A sus ojos era una mansión, pero un poco más pequeña. —Esta será su nueva casa—dijo Mariana sonriendo. —No es nuestra—dijo Sofia de mala manera. Ya nadie dijo nada. Diego tenia el seño fruncido. Bajaron las cosas en silencio y subieron 10 escalones para poder llegar a la puerta. Alguien abrió la puerta. —Buenas tardes, señores—dijo la empleada del servicio doméstico. —Buenas tardes Mari—dijo Paola y después Fernando, a lo último Diego contesto. Sofia no contesto el saludo. Fernando le sonrió con pesar, ella no dijo nada, solo sonrió. Mariana y Matías se quedaron abajo, para después entrar. Fernando fue a la cocina para tomar una pastilla para el dolor de cabeza que ya en ese punto era muy intenso. —Les voy a decir dónde están sus habitaciones—dijo Paola. Los dos la siguieron sin decir nada. Subieron unas grandes escaleras, hasta llegar a la planta alta. —Esas dos habitaciones del fondo—dijo—son de Mariana y Matías—esta de aquí es de mi esposo y mía—la indico—y estas dos de enfrente son la suyas, la de Sofia es la de la izquierda y a la de Diego la de la derecha—les sonrió. —Queremos dormir juntos—dijo Diego más calmado. —Si Diego, esta bien, pero cada uno tiene su cuarto—les dijo—los dejo para que los vean y se instalen, al ratito ya que la comida esté les hablo para que bajen a comer. —Gracias—dijeron tímidos. Los dos entraron al cuarto de Diego. Se sorprendió de verla tan bonita. Estaba arreglada para recibir a un niño. —Estaba muy bonita Diego—dijo Sofia sorprendida. Se sintió mal por no querer estar ahí. —Si Sofia, me gusta mucho, pero yo no me quiero quedar aquí, nos tenemos que escapar, así como ya lo hicimos del orfanato. —Si Diego, yo también me quiero ir—dijo triste. —¿Tu no vas a ver tu cuarto? —No, no lo quiero ver, me quiero ir pronto de aquí. —Sofia, va a ser muy difícil, hay un guardia en la puerta y además se necesita una llave electrónica ¿y si no nos podemos escapar? —No Diego, yo no quiero otros papas—empezó a llorar. Se sentó en la cama. —Yo no se que es lo que se siente tenerlos, pero si se que la mujer que me trajo al mundo me abandono y además tenemos que saber como esta Olivia. —Por eso nos tenemos que escapar. —Esta bien Sofia, nos vamos a escapar. Fernando sentía una impotencia muy grande y la cabeza sentía que le iba a estallar. Cuando vio a Paola llegar. —Hola amor—dijo triste ella. —¿Qué paso? —Quisieron dormir en el mismo cuarto. —Me lo imaginaba, está bien, lo importante es que ellos se sientan cómodos—le sonrió con pesar — ¿Ya tomaste algo para el dolor de cabeza? Le dijo que si con la cabeza. —Ven, vamos al sillón a que te recuestes un rato—lo tomo de la mano para llevarlo al sillón. Mariana y Matías entraron. —Después de la comida, ustedes, su madre y yo hablaremos muy seriamente—les advirtió. —Si papá—respondieron al mismo tiempo preocupados. Tragaron saliva. Paola se fue a la cocina a ayudarle a Doña Mari con la comida. Mariana se fue a su cuarto y Matías también. Los niños estaban dormidos abrazados. Fernando ya que se le paso el dolor de cabeza, subió a verlos y le conmovió la escena que estaba viendo. Saco su celular para tomarles una foto y tener un bonito recuerdo de su primer día en su nueva casa y con su nueva familia, él ya los consideraba sus hijos.
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