Golpes

1355 Palabras
Mariana y Matías eran hermanos gemelos. Ricardo un compañero de ambos tenia tiempo molestando a Mariana. Matías no quería meterse en problemas, pero tampoco iba a permitir que Ricardo siguiera molestando a su hermana. Estaban en el receso. Matías jugaba futbol con sus amigos. Cuando Ricardo se le acerco a Mariana solo para molestarla. —Vete Ricardo—dijo ella molesta. —Marianita la huerfanita—dijo de manera Burlona. Matías lo escucho y ya no pudo soportarlo más. —¿Qué dijiste idiota? —le dijo enojado y lo empujo con fuerza. —La verdad, que son huérfanos—le grito riéndose. Matías y Mariana sabían que era verdad, que sus padres no eran biológicos, pero que en su corazón si lo eran, pero Ricardo no tenia derecho de burlarse de ellos por esa razón. —Cállate—le dijo dándole un puñetazo en la boca. Ricardo se cayó. Matías se le hecho encima a seguir golpeándolo. Ricardo también lo golpeo en el ojo. Una bola de alumnos los estaba animando a seguir golpeándose. Mariana quiso separar a su hermano y Ricardo le dio un codazo en la cara. Al ver tanto alboroto 2 maestro se acercaron y descubrieron que dos alumnos se estaban golpeando salvajemente. Los dos tenían sangre en la cara al igual que Mariana. Quien del golpe tenia lagrimas en los ojos. —Basta ya—dijo Carlota la directora. Los maestros los separaron. —Los dos a mi oficina—dijo muy enojada—los tres—dijo al ver a Mariana también golpeada. —Ella no tuvo nada que ver—dijo Matías. —Dije que los tres—respondió. Fueron a la dirección. Matías sabia que estaba metido en un buen problema. —Voy a llamar a sus padres—dijo. —Directora—dijo Mariana—mis papas están muy ocupados en este momento, por favor no los llame—suplico. —Eso hubieran pensado antes de agarrarse a golpes como si las palabras no existieran. —Él no entiende con palabras—dijo Matías entre dientes—tiene mucho que molesta a Mariana y ya no lo iba a permitir. —Nos llama huérfanos—dijo Mariana enojada. —¿Qué? —dijo la directora—no lo puedo creer Ricardo —No es cierto, yo no dije nada de eso—se defendió. —No seas mentiros—dijeron los dos al mismo tiempo. —Directora se pusieron de acuerdo. —Basta ya—dijo alzando la voz—voy a llamar a sus padres y estarán castigados—dijo tajante. Salió de la dirección. Le pidió a su secretaria que les informara a los padres de los involucrados. La directora les dio papel para que se lo pusieran en las heridas. Matías tenía la boca reventada y el pómulo hinchado. Ricardo tenia un ojo morado y la ceja derecha partida. A Mariana le salía sangre de la nariz. En la escuela no había médico, así que después de salir de ahí tendrían que ser atendidos por un profesional de la salud. Los padres de Mariana y Matías fueron los primeros en llegar. Los padres de Ricardo no estaban en el país y no asistirían. Lo cual le dio mucho coraje a Ricardo porqué sentía que no les importaba a sus padres y por eso hacia lo que fuera para llamar la atención. Paola palideció al ver a sus dos hijos en las condiciones en las que estaban. Fernando también estaba preocupado, pero también estaba enojado. Cerró los ojos al verlos. —Papá—dijo Mariana con un hilo de voz. Tenía lágrimas en los ojos. —Mamá, te puedo explicar—dijo Matías. —Hablaremos de eso luego—dijo ella seria. Fernando extendió sus padres. Ella corrió a abrazarlo. La directora salió junto con Ricardo para hablar con sus padres. Matías les explico todo lo que había pasado. Fernando al escucharlo se relajo un poco. Ahora estaba molesto por como eran tratados sus hijos. Fue a su carro por el botiquín que siempre traía dentro de él. —Voy a curarlos—dijo cuando volvió. Se sentó en una silla. Puso un taponamiento en la nariz de Mariana, quien no tenía mayor cosa. Después puso alcohol en un algodón y se lo paso a Matías por la boca a lo cual este se quejó del dolor—aguanta—le dijo riendo. —Duele papá—se quejó. —Lo sé hijo, pero la herida tiene que estar limpia para que no se te infecte. Llegando al hospital voy a ponerte hielo en la cara. Termino de curarlo. La directora volvió. Les pidió a los jóvenes que salieran de la habitación para hablar con sus padres. Les dijo que ellos estarían castigados a lo cual estuvieron de acuerdo. Les dijo que le pondría un reporte disciplinario a Ricardo por lo que les dijo. —Mi papá está molesto—dijo Matías—me va a castigar. —Yo digo que si hermano, pero si te castiga a ti a mi también. Matías sonrió. Abrazo a Mariana. —Eres mi hermana y siempre te voy proteger—le beso la cabeza. —Y yo a ti—le beso el cachete. Sus padres salieron de la dirección con un aspecto relajado en sus caras. —Vámonos hijos—dijo Paola. Los dos se abrazaron a ella. —Papá yo... —Hablaremos ya que estemos en la casa hijo—le dijo serio. —Está bien—dijo preocupado. —¿A dónde vamos? —pregunto Mariana. —Al hospital hija—dijo Paola. —¿Ya vamos a conocer a los niños? —pregunto emocionado Matías. —Si—dijo Fernando sonriendo. En el hospital los niños jugaban con sus juguetes nuevos. El tiempo se les paso muy rápido. No se dieron cuenta de cuando llegaron a su cuarto. —Hola—dijo Paola—ya volvimos—entro ella sola. Mariana y Matías fueron llevados por Fernando a su consultorio para ponerles hielo. —Hola—dijeron los dos al mismo tiempo. —Que bonitos juguetes—dijo ella sorprendida. —Su esposo nos los regalo—dijo Sofia muy sonriente. — ¿Y Diego? —pregunto al notar que no estaba en el cuarto. —Se está bañando. —Sigue con tu rompecabezas ya vuelvo. Ella asintió. Paola fue a ver a Diego. Quien ya se estaba terminando de cambiar. —Diego ¿estás aquí? —pregunto antes de entrar. —Si, ya casi termino —¿Puedo pasar? —Si Al entrar vio que no tenía playera. —No me la puedo poner por la mano, ¿me ayuda por favor? —le pidió. —Claro que sí, pero por favor no me hables de usted—le dijo tomando la playera. —está bien—le sonrió—muchas gracias. Le puso la playera con mucho cuidado de no lastimar su mano. Fernando llegó al cuarto con sus hijos y al no ver a su esposa fue a buscarla. —Sofia me dijo que Diego se estaba bañando—dijo amablemente. —No tiré mucha agua—dijo rápidamente él poniéndose nervioso—le prometo que cuando trabaje le pagare todo lo que ha gastado en Sofia y en mi—alzo la mano derecha como para honrar su promesa. —No Diego—le dijo agachándose a su altura—tú y Sofia no me deben nada, ya te lo había dicho—le revolvió un poco el pelo para que supiera que no estaba enojado, más bien estaba dolido. Diego solo sonrió apenado. Los tres volvieron al cuarto. Sofia todavía jugaba. Cuando llego Diego se presentaron. Todo se cayeron muy bien. Después de platicar un rato se fueron a comer. Fernando firmo el alta de Diego. Ya había hablado con su abogado para decirles que los querían adoptar, pero eso tendría que esperar un poco más. El juez de lo familiar acepto que los niños se fueran a vivir temporalmente con ellos. Fernando y Paola están muy pensativos en como era que les iban a dar la noticia.
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