En el hospital Diego se dio cuenta que el doctor y su esposa se había ido y le dijo a Sofía que era el momento perfecto para irse ellos también. Diego tenía suero en su mano izquierda, le dolió mucho cuando se lo arranco, pero no le importó, en lo único que pensaba era en salir de ese lugar. La mano también le dolió, todavía tenia los puntos en ella. Salieron de la habitación sin hacer ruido, todos ahí estaban trabajando y no se dieron cuenta que los niños salieron de la habitación. Lograron pasar a los guardias de seguridad porqué habían llegado varios accidentados y nadie se fijó en ellos. Salieron a la estrada principal.
—Vamos a correr Diego.
—No Sofía—dijo deteniéndola—vamos a caminar y ya que estemos un poco lejos corremos.
Caminaron 2 cuadras y consideraron que ya estaban lejos y corrieron. Diego no sabía dónde estaba, pero no se lo quiso decir a Sofía para no asustarla. Después de correr varias cuadras más a Diego le dolió la cabeza. Él no sabía que tenía una contusión y era algo serio.
—Diego ¿estás bien? —Sofía se asustó.
—Pensé que iban a correr más—dijo Fernando.
Los dos se asustaron al verlo. ¿Cómo era que los había seguido si no estaba? pensaba Diego. Al irse con su esposa, le dijo a un guardia que no se moviera de su cuarto por si se querían escapar. El guardia le hablo para decirle que ya habían salido del hospital y dónde estaban.
—Diego ¿te sientes mal? —pregunto cuando lo vio agachado.
Diego dijo que si con la cabeza. Estaba mareado y vomito. Sofía se puso a llorar.
—Tranquila princesa, Diego va a estar bien, pero tenemos que volver al hospital.
Diego no pudo decir que no. Fernando lo cargo en brazos y Paola a Sofía, quien todo el camino lloro. Trataron de tranquilizarla, pero nada de lo que le dicen surtía efecto. Al llegar al hospital tuvieron que ponerle de nuevo el suero lo cual no fue difícil ya que Diego casi iba desmayado del esfuerzo que había hecho. De haber estado consciente no hubiese estado nada fácil. Sofía estaba muy asustada por lo que le podría pasar. Se habían escapado y cuando en el orfanato hacían algo mal ellos eran castigados. Fernando estaba preocupado por Diego, fue a hablar con el neurólogo y le dije que solo estaba cansado. Sofia se quedó con Paola en la sala de espera pediátrica, ya estaba más tranquila, pero temerosa de lo que le pudiera pasar.
—Amor—dijo Fernando—Diego está bien, cuando despierte vamos a poder verlo.
Sofia empezó a llorar, sabía que estaba metida en problemas.
—No llores princesa—dijo dulcemente Paola—todo está bien—se acercó para abrazarla.
Fernando la tomó en brazos. Pensaba en todo lo que esos niños habían estado padeciendo. A las 3 horas Diego despertó con un dolor de cabeza insoportable. Fernando lo estaba monitoreando.
—Me duele mucho—dijo él.
—Tranquilo pequeño, ya voy a ponerte algo para el dolor.
Diego se asustó sabía que había agujas de por medio. Fernando tomó la jeringa con líquido. Diego ya estaba a punto de llorar.
—Te lo voy a poner en el suero, no tengas miedo—le dijo Fernando.
Agarro la jeringa y le introdujo el líquido con mucho cuidado.
—Quiero ver a Sofia, por favor—pidió.
—Ella está dormida con mi esposa, pero le diré que ya despertaste—le sonrió—después tú y yo vamos a hablar de lo que hicieron.
Diego trago saliva sabiendo que no todo está bien. Sabía que tendría problemas. Sofía se alegró al verlo bien. No pudieron platicar porqué eran vigilados por el matrimonio. El día se pasó muy rápido. Diego tendría que quedarse una noche más en el hospital. Paola había ido a su casa para bañarse y descansar un poco.
—Tengo sueño—dijo Sofía con una carita triste.
—Ven princesa—le dijo Fernando tomándola en brazos—duérmete—se sentó con ella en el sillón de la habitación.
Sofia se sintió tan protegida en sus brazos que sintió muy bonito.
—Perdón—dijo con lágrimas en los ojos—no queríamos causar problemas, teníamos miedo—lloraba bajito.
—Tranquila mi amor—dijo él muy dulce—no tienes por qué tener miedo, mañana hablaremos de eso, ahora duérmete—le dio un beso en la frente y otro en su cabeza. Fernando la arrullo hasta que se quedó completamente dormida. Su cabeza estaba en el hombro derecho de Fernando. Él le tallaba la espalda para que se calmara por completo y pudiera dormir tranquilamente. Su esposa llegó al poco tiempo. Le dio mucha ternura ver aquella escena. Fernando tenía los ojos cerrados, ella entró sin hacer ruido. Traía unas bolsas con ella.
—¿Cómo estas mi amor? —pregunto ella hablando bajito.
Los dos niños dormían.
—Bien amor—le dio un beso en la boca.
—Nuestros hijos quieren conocerlos—le informo.
—Mañana doy de alta a Diego, cuando salgan del colegio que vengan a verlos—le sonrió con pesar.
—Algo te pasa ¿cierto? —Paola sabía que algo serio le pasaba a Fernando.
Él acostó a Sofía en el sillón. Salieron un momento los dos.
—Estos niños han sufrido mucho y me conmovieron.
—¿Te parece bien si empezamos los trámites de adopción?
Fernando no supo que decirle. Solo la abrazo y la beso.
—Te amo—le dijo dándole un beso. Estaba más que feliz.
—Y yo a ti.
Entraron a la habitación. Sofia estaba llorando bajito para no despertar a Diego.
—¿Que pasa mi amor—dijo Fernando acercándose a ella. La cargo en sus brazos—aquí estoy, tranquila, no voy a irme—le besaba la cabeza.
—Me asuste—dijo más tranquila.
—Tranquila princesa—dijo Paola—aquí estamos contigo.
Sofia se calmó rápido y volvió a dormir. Diego no se despertó ni cuando Fernando con mucho cuidado curo su mano. Paola y él se acomodaron en el sillón y al tiempo se quedaron dormidos, Fernando tenia a Sofía en su pecho dormida.
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Les agradezco mucho a las personas que estén leyendo mi primera historia. Me gustaria que me dejaran comentarios. Muchas gracias por apoyarme.