Mariana En Problemas

1341 Palabras
Mariana estaba nerviosa sabía que, al llegar a su casa, tendría una fuerte plática con sus padres. Cuando terminaron pagaron la cuenta y se fueron. Sofia se quedó dormida, a los 15 minutos llegaron a su casa. —Mariana—dijo Paola seria—esperanos en el despacho, por favor—pidió. —Si mamá—dijo un poco asustada. Fernando cargo a Sofia y la llevo a su cuarto. Diego se puso a leer, ya casi terminaba de leer el libro. Matías se quedó con él. Paola espero a su esposo en la sala. —Amor—dijo el triste—habla tú con ella, yo no puedo, no puedo escuchar que mi hija me diga injusto y no quiero lastimarla. —Está bien amor—le dio un beso. Fernando fue al cuarto de Diego. Matías le dijo que en el despacho de la casa había muchos libros y Diego al saberlo se emocionó mucho. Paola entro al despacho. Mariana se le hizo extrañó al verla entrar sola, pero no dijo nada. —Hija—dijo Paola sentándose en un sillón frente a donde estaba su hija—lo que hiciste ayer rebaso todos los límites. Tu padre te castigo por gritarnos y aun así decidiste ir a la fiesta arriesgándote a muchos peligros—hablo calmada. —Mamá—dijo con pesar—ya sé que hice muy mal, pero de verdad quería ir a la fiesta, el chico que me gusta fue y no me la quería perder. —Las cosas no se hacen así Mariana, yo iba a hablar con tu padre para que te dejara ir, pero tu actitud no ayudo y además en la madrugada hiciste sentir muy mal a tu papá y por esa razón no vino, lo llamaste injusto y eso no fue cierto. Sabes muy bien que te amamos. —Mamá, me siento muy mal, no quise decir que mi papá era injusto, lo que quise decir fue que el castigo era injusto—se sintió mal. —No fue lo que dijiste hija—se acercó a ella para tomar sus manos—y vas a estar castigada durante 1 mes, sin coche ni salidas. —Mamá—dijo afligida—está bien—dijo— ¿crees que pueda hablar con mi papá? —Ve a buscarlo, está en el cuarto de Diego. Yo voy a ir a hacer la comida, doña Mary regresa hoy. —Si mamá—dijo ella. Mariana fue a buscar a su padre—puedo pasar—dijo tocando la puerta. —Si—dijo Diego. —Papá—dijo afligida— ¿puedo hablar contigo, por favor? —Si mi amor—dijo él saliendo del cuarto. Fueron al cuarto de Mariana— ¿Qué pasa mi amor? —Papá perdóname—dijo con lágrimas en los ojos. Él la abrazo—te hice sentir mal y no quiero perder tu amor. —No mi amor—la tomo por los hombros para que lo viera—eso nunca va a pasar—la abrazo de nuevo—eres mi hija y te amo—le beso la cabeza. —Gracias papá—le sonrió—voy a ir a ayudarle a mi mamá a hacer la comida. Los dos salieron de su cuarto. Fernando volvió con los niños, pero Matías ya no estaba. Fue a buscarlo. —Diego—dijo Sofia—te quiero decir algo—dijo bajito. —Yo también tengo algo que decirte, pero dime tu primero. —Me quiero quedar aquí, ellos nos tratan bien, con cariño y amor. —Yo también eso te quería decir Sofia, nos han demostrado que nos quieren—sonrió. Fernando encontró a Matías en la cocina ayudándole a su mamá con la comida. Él también ayudo un poco. Fernando noto que Diego leía mucho. Sofia estaba tratando de armar el rompe cabezas, que aún no podía armarlo por completo. Estaba en el piso. Cuando estiro su mano para tomar una pieza el brazo le dolió. — ¿Qué paso Sofia? —pregunto Fernando. —Me dolió el brazo, me duele donde me inyectaron—hizo carita de dolor. —Ven princesa—le extendió su mano derecha para que ella la tomara—déjame ver—le sonrió al verla asustada—solo quiero verte cariño, no voy a hacerte daño—dijo con cariño. —Eso mismo dijiste en el hospital—dijo Diego un poco molesto—y si dolió, nos mentiste—reprocho. —Diego—dijo con amor—era necesario que les sacaran sangre. Lo único que quiero es que ustedes 2 estén bien. Sofia se le acerco. —Pero no mentiste y eso está mal ¿o no? ¿O porqué eres adulto tú si puedes mentir? —Si hijo—dijo—está mal y les ofrezco una disculpa, les prometo que de ahora en adelante siempre les hablare con la verdad—sonrió. Diego no dijo nada. —Voy a ir por una pomada para evitar que se infecte mi amor—le dijo a Sofia—ahora vengo—le hizo un cariño en su mejilla izquierda. Ella continúo con el rompecabezas. Diego siguió leyendo. Matías toco la puerta. —Pase—dijo Diego. —Hola peque—les dijo riendo—les traigo un regalo. Diego y Sofia se vieron extrañados. —Un regalo ¿Por qué? —pregunto Diego. —Quiero que tengan algo que yo les regale, algo de su hermano mayor. Matías les dio una cajita a cada uno. Ellos la abrieron. —Es muy bonita—dijo Sofia—gracias. —De nada princesa—Matías le acaricio la mejilla izquierda—veamos si te queda—tomo la pulsera y se la puso—te quedo perfecta—le sonrió—tienen que prometerme que no se la van a quitar. —Pero ¿y si se moja? —pregunto Diego. —No te preocupes campeón, se puede mojar ¿te la pongo? —Si, por favor—le dio la pulsera—gracias. La pulsera de Sofia era rosa con un dije con la inicial de su nombre y la de Diego azul, también con su inicial. Matías les enseño la que él tenía. Ambos niños sonrieron. Fernando volvió. Le quito la bandita del brazo a Sofia y le puso pomada, también le puso a diego para evitar cualquier cosa. —Ahorita vengo—dijo Fernando. Salió del cuarto. Fue a buscar a Mariana. —Hija—toco la puerta de su cuarto. —Pasa papá—dijo ella. Dejo de ver su computadora. —Mi amor te toca hoy el medicamento para la alergia ¿quieres que te inyecte ahorita o después de la comida? —se sentó en la cama —Más tarde papá—dijo un poco triste. Volteo la silla para ver cara a cara a su papá. — ¿Qué pasa mi amor? —dijo con ternura— ¿me quieres contar que te pasa? ¿es por la inyección hija? —pregunto al ver que no obtenía ninguna respuesta—ven aquí—le señalo la cama. —No papá, no es por la inyección. Me gusta un chico y me invito a salir, pero como estoy castigada no sé qué decirle. —Mi amor ¿es el chico que te trajo a la casa? —Si papá es él, por eso fue que me escape, sabía que Rodrigo iría a la fiesta y no me la quería perder, pero también entiendo que darles ese susto estuvo mal y merezco el castigo—agacho la cabeza. —Déjame ver cómo puedo ayudarte—la abrazo. — ¡De verdad papá! —dijo sorprendida. —Si mi amor—le beso la cabeza—vamos a comer, después te inyecto—le sonrió. Mariana bajo. Fernando fue por los niños y Matías. Se dio cuenta que los niños no tenían juguetes y pensó en llevarlos a una juguetería después de comer.
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