CAPÍTULO TREINTA Y TRES

2714 Palabras

ANA Estoy sentada al fondo de la cafetería de la universidad, en la sección del jardín donde casi nadie pasa, como si fuera un rincón apartado del mundo. Todo huele a césped húmedo, a café tibio y a pan recién horneado, es agradable de alguna forma, pero también irritante. Porque todos nos miran y sé perfectamente por qué, estoy usando su sudadera azul con detalles dorados. Esa con el número veintitrés, bordado en el pecho, la que lleva su apellido: Watson. Lo peor es que no me la puedo quitar porque el imbécil me cortó el sostén. Me arremango un poco las mangas, incómoda, intentando que no se note cuánto me pesa su presencia encima. La tela es suave, huele a menta, a sándalo, a algo que no puedo descifrar, pero que definitivamente es él. Me abraza sin permiso. Aún puedo sentir su calor

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