ANA Lo maldigo para mis adentros, sabiendo que la guerra acaba de comenzar. Sus ojos me devoran con una mezcla de rabia contenida y deseo frustrado, es una bomba a punto de estallar. —Vete a la mierda —replico sin mirarlo, como si fuera un insecto molesto, una presencia indeseada en mi territorio. Mi voz rebota en el aire como un disparo seco. Intento pasar de largo. No lo consigo. Siento el tirón brusco en mi brazo, sus dedos cerrándose alrededor de mi piel como una mordaza ardiente. —No respondiste ninguno de mis mensajes —dice entre dientes, con esa voz grave que siempre arrastra cuando está cabreado. Me detengo, pero no lo miro. —No tengo por qué responderte nada. Ni tus mensajes ni tus llamadas. Su mandíbula se tensa. Su rabia vibra en el aire, la puedo oler, la puedo mastica

