ANA Unas horas, eso es lo que ha pasado desde que le declaré la guerra a Kabil, desde que Tyson ha tratado de acercarse a mí y no se lo he permitido, desde que me volví la capitana de porristas, un lugar que era mío desde el inicio, pero, sobre todo, desde que Kabil ha salido de mi vida para siempre, es como si se lo hubiera tragado la tierra. No tiene medio para comunicarse conmigo, eso me brinda paz. Despierto con el corazón liviano. No hay sobresaltos, no hay vértigo, no hay pesadillas. Solo una paz inusual, extraña, el caos se ha dormido al fin y me permite respirar sin tener que fingirlo. Abro los ojos y dejo que la luz me acaricie la cara. Las cortinas están medio corridas, el sol entra tibio, sin prisa, dibujando líneas doradas sobre las sábanas revueltas. Me estiro sin urgencia

