CAPÍTULO VEINTICINCO

2900 Palabras

KABIL El auto de Smith desaparece en la esquina, tragado por la calle empedrada. Mis ojos siguen la dirección exacta por donde se fue. Como si bastara con mirar lo suficiente para hacerlo explotar desde la distancia. —Hijo de perra —murmuro, apenas moviendo los labios, pensando en ese pendejo, por llevársela. Muevo el cuello de un lado a otro, siento cómo truena. La tensión es un nudo que no me suelta, que no me da tregua. Me arde el estómago como si hubiera bebido gasolina, como si algo viscoso, n***o y ácido se me deslizara por el pecho. Furia. Ella se fue con él, otra vez. —Relájate, Kabil —dice una voz chillona, casi burlona, que reconozco al instante—. Pareciera que eres un asesino en libertad. Me giro y me encuentro con Caroll, sonriendo como si esto no fuera el puto apocali

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