ANA —¿Qué mierda estás haciendo, Kab? —Nada que deba preocuparles. —Sabes a lo que me refiero, últimamente estás actuando de un modo extraño. —Por lo visto, te fueron con el chisme. —No, lo intuí desde el día uno, en el que me di cuenta de cómo la mirabas, ella te… —Es mía, mi presa, solo eso. —Te gusta. —Sí. —Ella te interesa. —Ya no quiero hablar de eso. No es importante. —¿Entonces qué haces aquí? El ruido se apaga y el silencio de nuevo me da tranquilidad, porque esas voces, de algún modo, me alteran. Una vez más la oscuridad me abriga con una calidez engañosa, que parece tratar de convencerme de que ahí estoy a salvo, no es así, porque en cuanto intento moverme, en cuanto siquiera respiro más profundo, algo dentro de mi cráneo martillea con una violencia insoport

