CAPÍTULO OCHO

3733 Palabras

KABIL Observo el auto de Ana perderse entre las sombras de la carretera. Las luces del campus parpadean con la lentitud de una respiración moribunda, y la silueta de su coche se diluye. No acelera. No huye. Se marcha con esa arrogancia suya, actuando como si yo no acabara de ponerle los colmillos en la garganta. Y, aun así... me deja sediento. Vacío. Fascinado. —¡¿Por qué carajo no me defendiste, Kabil?! —grita Selene a mi lado, con esa voz chillona que ni siquiera me molesto en mirar. Mantengo la vista fija en el último punto donde vi desaparecer el auto de Ana. Verly... Así le digo. Así la pienso. Así la reclamo. Aún siento su olor en mi nariz, cereza, su perfume lo respiro. Lo devoro. Lo archivo en mi memoria. Es la única persona que me ofrece un reto diferente cada día, la única

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