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2654 Palabras
Agresivo. Irrespetuoso. Impulsivo. Voluble. Imbécil. Abusivo. Y allí termina la lista de palabras que comencé a escribir en las páginas traseras de mi cuaderno. Desde que llegué a casa he estado encerrada en mi habitación, y no pienso salir de aquí, me siento tan humillada que no tengo ánimos de verle la cara a nadie. Estúpida. —me digo decepcionada. Recuerdo que mi madre solía ayudarme a seleccionar cualquier cosa con la idea de sacar características buenas y malas de las diferentes opciones, y sólo así podía decidirme, ganaba la opción que más características positivas tuviese. A veces me pregunto qué sucedió con ella, no es la misma. Le echo un vistazo a la lista, hay muchas palabras negativas para una persona de diecinueve años ¿no? Y no es que busque decidirme, por el contrario, busco decepcionarme, sé que sólo así podré convencerme de que él no es para mí. Y eso es, él no es para mí, yo merezco algo mejor, un chico que me quiera de verdad, no que busque diversión, ni que me amenace o me agreda. Un chico con buen futuro, que sepa lo que quiera. Siento un vacío en el estómago. Toda la semana he tenido esa misma sensación, quizá porque no puedo dejar de recordar sus palabras ¿Así se siente la desilusión? Si es así no quiero saber lo que se siente que te rompan el corazón. No eres más que una mocosa buenorra. Que estúpida al creer que un Don Juan como él querría estar conmigo. Mi torpe cabeza no deja de analizar los hechos del último día que lo vi ¿Qué hice yo para merecer eso? Quisiera ser amnésica y así olvidar todo el desastre en el que se ha convertido mi vida. Y no lo digo sólo por el idiota de ojos plateados, sino también porque parece que todos se han puesto de acuerdo para arruinarme. Carlos existe para amargarme y mandarme como el padre que no tengo, porque parece que mi papá tiene cosas más importantes por hacer que llamar para saber de mí, y ni hablar de mi madre que nunca está en casa, y luego... Luego sí está Jack, jugando dentro mi cabeza ¿Por qué besarme? ¿Por qué ilusionarme? ¿Por qué lastimarme de esa manera? Quiero odiarlo, odiarlo porque me gusta, porque sus besos fueron especiales para mí. Pero no es tan simple, no cuando ha sido mi amor platónico casi toda mi infancia; sacudo mi cabeza, a veces comienzo a expresarme como una enamorada desorientada. Una obsesionada. Y siento miedo. Miedo de ser lastimada por mí misma, miedo de lo que he sentido por él desde hace tanto tiempo, tampoco es como que esté enamorada o algo así. Es simple atracción física, no podría estar enamorada de alguien a quien no conozco, es imposible. Además, las cosas horribles que hace deberían ser un impedimento para mí, y aun así sigo ahí como una idiota, detrás de su bonita cara. Él es cruel, y no sé si trate de jugar conmigo por mero gusto o porque se esté vengando, mientras que yo comienzo a caer. Pero no puedo controlarme, parezco su estúpida marioneta, porque cuando no está cerca puedo odiarlo, pero cuando aparece olvido todo, y eso me lleva a ser una estúpida masoquista en un ciclo interminable de amor y odio. Cierro el cuaderno de mala gana, me siento frustrada. No puedo seguir así. — ¡CAM, BAJA A COMER! —grita Marcella. Qué raro la mujer gritando ¿No puede ser una mamá normal? Una que sube y dice "Hija, el almuerzo está en la mesa". No, claro que no. Salgo de mi habitación y corro escalones a bajo casi tropezando. Sí, soy intergalácticamente tan torpe como los tres chiflados. Me siento en la silla del comedor observando de mala manera el espagueti a la boloñesa que ha hecho la señora rubia que se hace llamar mi madre. No tengo hambre, de hecho llevo toda la semana sin comer bien. Es sentimental, y además Marsella no cocina muy bien que se diga. Hoy en el instituto Alexis me humilló delante de todos en la hora del almuerzo, me tiró el espagueti encima y después dijo que al menos me veía más mujercita con las tiras amarillas de pasta en la cabeza, me insinuó que tiñera mi cabello. Y para más, cuando creí que mi hermano iba a poner a la perra bruja en su sitio se rió de mí y palmeó el trasero de la rubia amiga de Alexis. Parece que ahora se liga a la Perriphanie. —No quiero pelear pero no tengo hambre. —Odio la pasta ahora. Miro a Carlos que está atragantándose con la comida como un cerdo y suelto todo el aire de mis pulmones. Si las chicas lo vieran comiendo como lo hace aquí estoy segura de que no lo amarían. —Tienes toda la semana diciendo lo mismo. —responde mi madre, su nariz se arruga y tengo que evitar reírme de su expresión. — No tengo hambre. No voy a comer. — ¿Hasta cuándo, Camille? Sé que no cocino como tu padre, pero al menos hago el intento. Y tiene cero en ello. — Al menos haz un buen intento... Todas tus comidas son un asco. —Juro que no ha sido mi intención decir eso, pero me molesta su repentina preocupación, así que se me ha escapado, y ya que se joda. Salgo de la silla dispuesta a volver a mi habitación.— Carlos es un muerto de hambre. Por eso él come tus... Cosas. —¡Vuelve a la silla! —No voy a comer. —digo calmadamente mientras abandono el comedor. — ¡Vuelve aquí, mugrosa! Me detengo. ¿Cómo se atreve a llamarme así? — Niña malcriada, comete la comida ¡ahora! —De un ágil movimiento me toma del brazo bruscamente y me jala hasta la silla. — ¡No me toques! ¡Tú no eres mi madre! —miro su rostro caer.— Desde que mi padre se fue de la casa lo único que has hecho es encerrarte en tu mundo y olvidarte de nosotros, te convertiste en una apostadora de mierda. No tienes derecho a decirme nada cuando llevo seis años bajo tu tutela pero criándome yo sola. ¡ASÍ QUE NUNCA ME VUELVAS A TOCAR! La palma de su mano se estrella en mi cara, fuerte y seca. Dejando escuchar un corto "Plac". Siento la corriente en mi mejilla, es primera vez que me golpea, y la odio por eso. — ¡Yo te llevé en mi vientre nueve meses! ¡Malagradecida! —Las lágrimas corren por sus mejillas y su voz suena dolida. Un aplauso, pero su mala actuación no me conmueve. —Eso no te hace mi madre... Los padres no son los que procrean son los que crían. Mi papá desde Los Ángeles está más al pendiente de mí que tú, y eso que él tampoco me llama. —Siento lágrimas arder en mis ojo, es impotencia. Mi vida es un asco, yo soy un asco.— Ni siquiera sabes si he tenido novio alguna vez. Ni si quieras sabes cuándo fue mi primera menstruación. —hago una pausa, mi voz está rota al igual que yo por dentro.— Lamento informarte pero eres un fraude de madre. Y no te quiero. —Pues perdón por ser una frustración para ti. —me da la espalda y camina hacia la sala de estar, sollozando. Eso, llora. Sufre como yo lo he hecho todo este tiempo, mala madre. —Eres brillante, Camille, brillante. —Carlos se levanta de la mesa y corre con Marsella para abrazarla, no sin antes darme una mirada cargada de advertencia. Perfecto, ahora yo soy la mala. Se supone que la única que debería estar llorando cual víctima soy yo, pues mi hermano es un patán, mi madre nunca está en casa, papá no llama y Jackson existe. Que hermosa vida. Doy unos cuantos pasos hasta estar cerca de ellos. —Lo siento...—Es lo único que digo. No ha sido la mejor manera de decir las cosas.— Entiéndeme, has abandonado tu rol. Yo lo único que pido es a una mamá con la que pueda conversar sobre mí, que me de consejos, que me de cariño... Porque estoy sola. Siento que no tengo una madre. Y es que no hay, no existe, la perdí hace mucho tiempo. El día que papá salió por la puerta con sus maletas ella también nos abandonó. —Perdóname, Cam... Pero tu padre era mi vida y me dejó... — Te dejó porque tenían problemas, Marsella. —¿Hasta cuándo el cuento de "Tu padre me dejó"? ¿Se va a suicidar por eso? Camino un poco más cerca de ella y Carlos se pone alerta.— A pesar de todo estamos todos mejor así, la infelicidad de ustedes nos afectaba a Carlos y a mí. No te puedes echar a morir por un hombre. —¡Vamos a planificar un viaje familiar! para reintegrarnos todos, hay tantas cosas que no sé de ustedes que son mis hijos. —Su llorantina falsa al parecer ha acabado. ¿En dónde están las lágrimas? ¿No y que mis palabras fueron duras? Manipuladora. Carlos la estrecha en un abrazo y ella me hace una seña para que me una a ellos, pero me quedo en el mismo lugar, observando de lejos. —¿Por qué no me llamas Mamá? —pregunta de la nada— Antes lo hacías... —Tenía once años la última vez que te llame mamá. Desde entonces no te has ganado que vuelva a llamarte así. —Lo ganaré otra vez, cielito... Te quiero. Ahora ven aquí. —me acerco como un gato arisco y ella me rodea con sus brazos haciéndome sentir incómoda, besa mi mejilla. Mantengo los brazos a ambos lados de mi cuerpo y al cabo de unos segundos decido rodearla también. Carlos nos apretuja a ambas con sus fuertes brazos. —Te quiero, má. —dice el rubio. Oh sí, yupi, ahora somos una familia feliz. Puaj, a la mierda deberían irse. Lamento decepcionarlos pero yo quiero un amor real, no uno por obligación, y aunque debería ser un asunto mutuo, decido mentir, o mejor dicho, tomar medidas anti-rompe corazones. —También... —guardo silencio. No soporto ser una hipócrita. *** Las manos me tiemblan y con ansias espero la reacción de Georgia. Lo sé, soy una bruta en letras mayúsculas, pero no puedo seguir haciendo como si no me importe, no cuando me hace daño. Tengo que sacarlo de alguna manera. —¿Me hablas en serio? —Está impactada, su cara lo dice todo.— Eso no es cierto, Cam. Si no ya estuviese enferma. Digamos que se me ocurrió la brillante idea de mentirle a mi amiga, diciéndole que escuche una "Conversación" en donde Jackson le dijo a mi hermano que tiene herpes en las bolas. —Sí, pero claro que él siempre lo va a negar. Digo, cuando eres un chico atractivo con ganas de coger no vas a decirle a nadie que tienes una enfermedad en las bolas. Que patética, Camille. La veo dudar y me entran ganas de reír. —No, no, eso debe ser un error ¿Sabes lo contagioso que es eso? Amiga, ya tendría hasta en las orejas ¿Sabes cuantas veces hemos cogido como conejos? Solo de pensarlo se me revuelve el estómago. —Yo sólo cumplo con advertirte. Sí, definitivamente el agua de pene que se bebió ésta no la deja reaccionar. Esto no funcionará. —Eres una mata pasiones ¿No sabes lo que es amor? Pues gracias a ese sentimiento le perdonaría hasta el Ébola. —No. A diferencia de ti y de las otras estúpidas, yo sé que eso no existe. —pongo los ojos en blanco. No entiendo porqué las adolescentes siempre tienen que hablar de amor. Si ni siquiera mi madre me quiere ¿Cómo puedo pensar que el amor existe? ¿Cómo puedo esperar que alguien más me ame?— Que conste que te avisé. —Tranquila Cam, sé cuidarme y creo que de él no lo quiero hacer. ¡¡Perra!! Desvío la mirada a mis manos y siento que puedo derrumbarme en cualquier momento ¿Pero qué hago? Si fue él quien me cortó las ilusiones. —Ahora, si no te importa debo colgar. Tengo que arreglarme para él. Tenemos una cita. Auch. —¡Bien! te escribo mañana —Cierro la videollamada e inmediatamente me entran ganas de golpear a alguien, así que más vale que no me busquen pleitos ahora. Es estúpido, lo sé. No debería tomar esta actitud porque: a) Me he propuesto odiarlo. b) Es un idiota lastimador de chicas sensibles como yo. c) Porque sí. Un idiota que ha sido mi amor platónico y una perra que es mi mejor amiga aunque lo niegue. Vaya decepción... Cuando son más de las seis de la tarde me encuentro sentada al lado de mi hermano, aburrida y jugando con las puntas enroscadas de mi rebelde cabello. La rubia frente a nosotros no deja de sonreír y eso me pone los nervios de punta, lleva así casi cinco minutos, como si no supiera como comenzar a hablar. Incluso me recuerda a la actitud perturbadora de Harley Quinn ¿Será que Marsella también está loca? ¿Por qué no lo había considerado antes? Sacudo mi cabeza. —Necesitamos un viaje para reintegrarnos como familia que somos... Yo los amo y no soporto estar tan cerca y lejos de ustedes. —Me parece que ya he escuchado esto antes. La mujer saca un sobre de su cartera y nos mira a ambos. Sigo observándola a la expectativa, aunque sinceramente algo aburrida. —¡Tengo pasajes para ir las Bahamas! Normalmente esto me daría igual, de hecho, creo que hasta montaría uno de mis numeritos para restregarle en la cara que Carlos ha tenido que mantenernos haciendo cosas ilegales y que ella de repente saca dinero de no sé dónde y compra boletos para ir a las Bahamas. Pero, sinceramente un viajecito a estas alturas de fractura familiar no caen nada mal así que... ¡BAHAMAS ALLÁ VOY! —Iremos para dentro de un mes, cada uno puede llevar a un amigo. Ya va ¿qué? Todo marchaba bien hasta que llegamos a esta parte. Creo incluso que he escuchado mal. ¿Podría repetir la pregunta? — Ya va, espera. —froto mis orejas exageradamente y la veo.— Escuché mal, repite. —Pueden llevar a un amigo. ¡Santa madre de Juanito Alimaña! ¿Qué he hecho para merecer esto? —Pero se supone que el viaje es para reintegrarnos entre nosotros. —La molestia se nota en mi voz y no me interesa ocultarla, incluso hago señas con mis brazos haciendo énfasis en nosotros tres.— Que amigos ni que na... —Nena... Es sólo si quieren, de lo contrario puedo devolver los pasajes. —Jack vendrá, así que yo sí necesitaré el pasaje extra. ¿Qué? Oh, por supuesto que no. —No, Jack no viene, nadie vendrá, nosotros somos la familia disuelta, los amigos solo son amigos... —Si tú no quieres llevar a nadie por asocial es tu problema. Pero mi hermano vendrá. —La actitud de Carlos es detestable.— Sólo tengo que llamarlo ¿Estás de acuerdo, má? No, no, no, no. La rubia se encoge de hombros, importándole poco. Empiezo a contar los números en mi mente, intentando calmarme, pero no puedo, siento un vapor envolver mis orejas y mis manos se sacuden, quiero hacer estallar algo, necesito golpear algo. Me obligo a morderme la lengua, pero no puedo, es asfixiante. —¡PUDRANSE! —grito fúrica y salgo del sofá sintiendo mi cabeza retumbar. Sí, esto definitivamente saldrá mal.
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