JACKSON WALKER
La he cagado, pienso en cuanto abro los ojos y veo a una rubia al otro lado de mi cama. Mis recuerdos son medio nulos después de que me emborraché ¿Follé acaso? Miro mi cuerpo desnudo y los preservativos sucios en el suelo y lo confirmo.
Mierda.
Anoche cuando me di cuenta de que Camille se había ido y me había dejado ahí solo perdí la cordura y me embriagué como un desquiciado. Nunca me habían dejado tirado en medio de un club, hasta ayer, y menos una mujer, una estúpida mocosa malcriada ¿Qué cree? ¿Qué puede dejarme así sin más? Primera vez que me sucede algo así, y no iba a perder mi tiempo yendo a buscarla cuando tengo mucha facilidad de opción. Así que me pasé de copas y me enrollé con mi polvo seguro y amiga más leal.
Alexis.
Aunque debo ir pensando en cómo sacármela de ahora en adelante, nuestros encuentros se habían esfumado por el muy sencillo detalle de que es una maldita obsesionada, las mujeres no terminan de entender que lo mío no es ligar y hacer una bonita pareja. Lo mío es coger y después cada quien a lo suyo, así de fácil y sencillo soy, nada de enredos, nada de romance.
Y pensar que antes yo era quien estaba colado por ella, el karma es divino después de todo.
Salgo de la cama con un dolor de cabeza tan punzante que maldigo bajito, ésta será una de las peores resacas de la semana.
—Ya levántate, Alexis. —digo en voz alta mientras aplaudo, haciendo el suficiente ruido como para deshacerme de la rubia. Suficientes dolores de cabeza tengo ya como para buscarme otro rollo con una loca.
—Bebé. —susurra, mostrándome su dentadura, en un fallido intento por ser sexy y seductora. Maldita sea el momento en el que el alcohol me guió a traerla.— Es temprano ¿Tan rápido me echas?
Miro el reloj de pared frente a la cama. Evidentemente es temprano, marca un cuarto para las siete de la mañana.
—No tengo tiempo para estupideces. Tengo cosas que hacer, así que ponte la maldita ropa y lárgate.
Sus faroles azules me fulminan, pero termina sonriendo con demasiada prepotencia para mi gusto. Ya se las cobrará después por esto, somos una puta relación de amistad tóxica, siempre nos jodemos la vida entre nosotros.
—Bien, bien... Ya entendí —sale de la cama desnuda y comienza recoger su ropa del suelo de mala gana. Anoche todo fue un desastre.— Sólo sexo, Jackson.
Ni eso. Apuntaré más nunca traerla.
—Me iré a bañar y cuando salga espero que ya no estés aquí.
Le doy la espalda y salgo de la habitación no sin antes coger mi toalla. Hoy será un largo día, sobre todo porque en la noche llega mercancía nueva al aeropuerto. Los guardias se han comportado a la altura. Sí, cuando se está forrado en billete como para comprarles la maldita boca hacen lo que pidas. Abro la llave de la ducha, mientras espero que se ponga tibia mis pensamientos vuelan a esa bonita boquita rosada, sacudo mi cabeza tratando de olvidar los rasgos de Camille. Sé que son tierras prohibidas, Carlos me matará si se entera de todo lo que le he hecho a su hermana, eso está seguro. Pero alejarme es imposible, y más ahora que he dado justo en el clavo, ella responde a mí como todas.
Me abofeteo mentalmente por pensar eso, ella no es como todas. Es sólo una niña, inocente y... Y es la hermana de mi mejor amigo. Escucho la puerta de la calle cerrarse de un portazo e inmediatamente me relajo, Alexis ya se ha ido.
Sigo sin entender porqué Carlos decidió enrollarse con esa mujer, son todo un caos como pareja, incluso después de que yo le advirtiera de que era toda una psicópata obsesionada. Me meto a la ducha y en cuanto el agua me toca siento alivio, la resaca me está matando.
Maldito alcohol.
***
Miro las pacas de billetes de cien dólares dentro del maletín y sonrío complacido, definitivamente Aaron es lo mejor que he pillado en todo este negocio; no es que Milton y Carlos no funcionen, pero les hace falta arriesgarse más. El pelirrojo sonríe satisfecho y se incorpora de la pared de donde se encuentra recargado.
—Eres un maldito suertudo, Jack —Le da una calada a su cigarrillo y después expulsa el humo.— Alexis Morris. Milton y yo hemos intentado ligarle y nada, la rubia sólo tiene ojos para ti y para Carlos. De verdad estás bañado en suerte con esa mujer.
Eso no es suerte.
—¡Nah! Es como mi mejor amiga. —Cierro la caja satisfecho por lo que mis ojos ven.— Listo, cuarenta y seis mil dólares en efectivo.
Un jugoso botín.
—No fue sencillo, amigo. La policía ha estado merodeando por todo el campus. Si me detenían me iba a meter en una bien grande.
Aaron es el único de mis amigos que va a la universidad. Es un as en las matemáticas y de hecho es el mejor de su clase. Cuando lo conocí estaba pasando por una situación económica difícil, no tenía el dinero para ingresar a su carrera. Así que le tendí la mano, para entonces ya Milton era parte de mi grupo.
Durante toda la maldita semana ha sido así. En el instituto donde estudia Carlos también han estado vigilando, en la universidad en donde Milton se encarga de vender las drogas también han estado al pendiente.
—Algún maldito chismoso, supongo.
—¿Algún viejo enemigo? —pregunta antes de darle otra calada a su cigarrillo.
—No. —niego con la cabeza dándole vuelta al asunto, a Adam no le conviene soltar la lengua por simple enojo, yo también podría hacerlo.— Definitivamente tiene que ser algún mocoso al que le habremos dado una paliza por no pagar a tiempo.
—O alguien nuevo que trabaje para Adam. Después de todo Robbie ya no se acerca por ella.
Asiento.
—No te preocupes, viejo. —Habla el pelirrojo.— En cuanto lo pesquemos le cortamos la lengua por chismoso.
Río amargamente. A veces Aaron me preocupa, es demasiado sádico a la hora de golpear, torturar o matar a alguien, creía que el único loco y enfermo del grupo era yo, pero el pelirrojo me sorprende. Termino estirando los brazos para situar las manos detrás de mi cabeza.
Hoy no tengo tiempo para pensar en peleas ni en venganzas, tengo una carrera a la cual sacarle provecho, será una paga bastante alta y si gano tendré una buena pasta para pagarle a los chicos. El dinero de las drogas se nos está yendo en intentar salir de esta mierda.
—Olvídate del chismoso. Ya lo atraparemos después. Hoy voy a pensar en la carrera, estoy limpio ¿Tú no?
Lo escucho reír.
Cuando son más de las nueve de la mañana tomo las llaves de mi auto y me marcho al instituto St. Olsen, Carlos debe entregarme el dinero de las ventas de hoy, y no quiero arriesgarme a que sea él quien lo lleve al almacén, no cuando tenemos a un chismoso espiándonos y pasando ciertos datos, podría conseguirse una buena paliza. Al llegar veo a casi todos los estudiantes en la salida, supongo que no ha habido clases, en la entrada del colegio veo al rubio charlar con su hermana.
Diablos, ella no querrá mirarme. No sé porqué motivo se fue anoche, pero se supone que los chicos normales van a perseguir a sus mujeres si se esfuman ¿no?
Ella no es mi mujer. Buen punto.
—Camille, vete al auto. —le escucho decir a Carlos mientras me acerco.
La pelinegra apenas y me mira antes de irse. Confirmado, está que echa humos.
—Mil dólares. —El rubio me entrega un sobre amarillo algo magullado. Lo veo preocupado y me incomoda su seriedad ¿Camille le habrá dicho algo o estoy paranóico?
—¿Qué pasó? ¿Tu hermana volvió a pelearse o qué?
Esa mocosa es un completo desastre. Pobre Carlos, su madre es una enferma apostadora y su hermana da más dolores de cabeza que yo cuando tenía su edad. Le echo un vistazo a la paliducha desde mi ubicación y es cuando me doy cuenta de lo que lleva puesto ¿Por qué no lo vi antes?
—Algunos chicos se quisieron propasar, ya sabes. Mira la maldita faldita que se puso.
Asiento y vuelvo a echarle una miradita. No está nada mal.
Maldición ¿Quién no quisiera meterle la mano debajo de esa falda?
Cojo mi celular y tecleo un mensaje rápido mientras el rubio me habla de cómo se ganó una citación, la primera de todo el año por partirle la nariz al capitán del equipo de futbol, por acercarse a Camille.
—Lo dejé hecho mierdas, Jack. Lo dejé inservible, estará fuera de la temporada. Seguro van a denunciarme y qué se yo que otras mierdas.
—Relájate. Ya veremos qué hacer para sacarte de ese rollo.
Y allí estoy de nuevo, salvando a mi mejor amigo de dolores en el culo por su familia.
¿Acaso no pueden dejar de ser tan desconsideradas?
Una respuesta llega y cuando la leo quiero reírme a carcajadas, sin embargo, me abstengo por respeto a mi amigo.
Camille: ¿Cómo conseguiste mi número, imbécil? Y deja de verme el culo.
Veo nuevamente a Camille quien ni siquiera me ve y eso me molesta, porque entonces quisiera ir hasta allá y devorarle esa boquita suya, y así hacerle entender que quiero que sus ojos estén siempre sobre mí.
—Maldita sea, Jackson. —gruñe el rubio frente a mí y yo me sobresalto ¿Me ha pillado nuevamente viendo a su hermana? La última vez fue algo embarazoso, gracias al cielo que Georgia apareció y me salvó de esa.— ¿Acaso has escuchado algo de lo que te dije? Pareces un maldito idiota, allí, sonriendo por un puto mensaje de texto.
¿Estaba sonriendo? No, no es cierto.
Guardo el celular y le clavo la mirada a Carlos, ahora sí dándole toda mi atención.
—Ya, listo. Es una tipa que me trae loco, pero ya sabes, primero caliento la zona y después me la llevo a la cama.
—¿Alexis? —Se burla de mí y aunque normalmente me cabrea que lo hagan, esta vez lo dejo pasar porque no se trata de la rubia sino de su hermanita, por supuesto que ni siquiera he pensado en llevármela a la cama, hasta ahora, pero es demasiado inocente como para hacerle esa maldad.— Porque pasó toda la mañana hablando de cómo te la habías follado. Ni siquiera tuvo respeto por mi cara.
Ríe amargamente.
—Eso te pasa por enrollarte con mis hembras. Nunca me olvidan, querido carroñero.
—Eres un maldito.
Mientras nos reímos veo a Camille recoger su cabello en un moño en lo alto de su cabeza bastante desaliñado y salir del colegio dando largas zancadas.
¿A dónde va?
—Hey, hey, detente allí. —exclama Carlos— Ni creas que te vas a montar en un autobús con esa ropa de puta.
Sus ojos se llenan de lágrimas y no sé si es por lo que le acaba de decir Carlos o porque no he ido a charlar con ella por lo de anoche. Tal vez ambas.
—Oblígame a ir contigo, idiota. —escupe la pelinegra. Ella siempre tan terca.— No pienso esperar toda la vida mientras hablas con tu estúpido amigote, me voy y punto.
Comienza a caminar y veo a Carlos refunfuñar.
—No entiendo porqué es así, se comporta como toda una gánster. Me lleva la contraria, se entra a puños, odia a mi mamá, no sé qué hacer con ella, no soy un puto papá.
—Déjala que se vaya... Quizás un buen susto la haga recapacitar para que no vuelva a usar esas ropitas.
Carlos bufa frustrado y yo aprovecho la oportunidad para despedirme y marcharme discretamente en busca de la pelinegra.
No sé qué decirle porque no sé el motivo por el que se fue del club, la estábamos pasando tan bien y de repente se esfumó. Quizá un "No te fui a buscar porque creí que estabas molesta" sea motivo de que se burle en mi cara, aunque admito que suena bastante patético, y no me extraña que Alexis haya ido a contarle con quien amaneció hoy. De igual manera no importa porque he decidido que no dejaré que ésta situación se me escape de las manos, nosotros no podemos seguir con esto. No cuando su hermano es mi mejor amigo, no cuando sé que no soy bueno para ella.
Detengo el auto frente a la parada y bajo el vídrio, sus ojos se clavan en los míos y antes de que empiece a correr me bajo y la cojo por un brazo, puta suerte que la parada está retirada del instituto o Carlos podría pillarme.
De aquí no te vas a escapar, dulce caramelito.
—Creo que tienes que escucharme. —le digo en bajo volumen. Las personas que están en la parada nos miran desconcertados. Odio a los chismosos.
—No y chao. —intenta zafarse pero soy lo suficientemente fuerte como para mantenerla inmóvil.
Sabía que no sería tan fácil, ella siempre me lo pone difícil.
—No te comportes como una cría y sube al auto... Por favor. No me hagas arrastrarte hasta allí adentro.
No me contesta, solo rueda los ojos y me empuja hacia atrás para liberarse, pero no lo logra.
Bien, ella se lo ha buscado.
La cojo por la cintura y la arrastro hasta el auto, algunas personas se alteran, deben pensar que voy a secuestrarla, así que para evitarme más molestias la alzo por completo y la meto en el asiento del copiloto a la fuerza, bajo el seguro, rodeo el auto y me subo a él hundiéndole el acelerador en un santiamén para salir de aquí.
Al subirle la velocidad se encoge en su asiento, casi envolviéndose con el cinturón de seguridad. Miedosa.
—¿Por qué te fuiste anoche?
Esa no es lo que pensaba decir, pero supongo que como es la pregunta que ronda por mi cabeza desde que desperté hoy es lo primero que ha salido de mi boca.
—¿Será porque te vi atragantándote con Alexis?
Ah, eso.
Maldita sea.
—Eso fue...
—Sí claro, un besito de amistad, seguro.
—No podemos seguir así, Camille. Ni siquiera eres mi novia, no tienes porqué reclamarme nada.
Lo sé, es bastante egoísta mi respuesta, sobre todo porque si soy yo quien la ve besando a algún otro sujeto no sé qué haría, creo que mataría al tipo y luego la mataría a ella.
—¡Eres un idiota! —me grita, y por el rabillo del ojo la veo limpiarse una lágrima que cae por sus mejillas. La he cagado, la he cagado de verdad.— No sé porqué me gustas. Eres tan...
Suspira y termina cerrando la boca, cubre sus ojos con las manos. Detengo el auto a la orilla de la calle y la observo serio. Admiro cada detalle de ella, desde esa hermosa melena rizada, hasta sus bonitas y pálidas piernas al descubierto siendo opacadas por las medias amarillas que se aprietan hasta un poco más debajo de sus rodillas.
Toda ella es perfecta.
—La falda es porque quiero demostrar que no soy la machito de la que todos hablan.
Trato de quitar sus manos, para ver su bonito rostro pero recibo un montón de golpes que casi me hacen reír. Justo eso es lo que me gusta de ella, que se resiste, que se obliga a odiarme y me reta. Y eso me encanta.
—No te quiero cerca de mí. Eres una porquería.
Eso ya lo sé, nena.
—Mientras más te obligues a odiarme menos vas a sacarme de tu terca cabezota.
—¡Eres un arrogante, un puto creído! —Me grita.— Claro que puedo olvidarte, lo único que has hecho es humillarme. Y las cosas malas se recuerdan más que las buenas.
Su rostro está rojo y sus ojos vidriosos. No quiero que esto sea así, ella no debería estar llorando por mí, ni siquiera debería gustarle. Soy un asco de persona, ella merece más.
—Entonces te recomiendo que te olvides de mí, Camille. Porque no puedo ofrecerte nada, no soy normal como los demás chicos. Y tú no mereces más mierda en tu vida, suficiente tienes con el desastre que es tu familia.
No me responde y eso me pone nervioso.
—Te llevaré a casa y por lo que más quieras, olvida eso que pasó entre nosotros. —Ahora tengo que soltarle algún comentario ácido para que me odie. Ella es una chiquilla que fue embobada por mi palabreo, aunque nada de lo que le dije fue mentira, ella realmente me encanta y justo por eso debo alejarme.— Para mí será fácil, no eres más que una mocosa buenorra. Inténtalo, ya verás como todo se te olvida, lo vas a superar. Ahora vamos a movernos, Georgia me espera en su casa.
Sus ojos brillan en más lágrimas.
Eso, ódiame, te estoy decepcionando.
Acelero nuevamente el auto y me ruego a mí mismo para mantenerme alejado de ella. Es lo más sano para todos.
Apenas llegamos a su casa baja del auto y corre alejándose de toda mi mierda, hasta encerrarse en su refugio.
Sí, la he regado... Y bastante.