Borro la linea mal trazada que he hecho en mi block de dibujos, veo la mirada ceñuda del profesor Oliver y frustrada arranco la hoja y la arrugo con impotencia. No es posible que no pueda hacer un maldito circulo, quizá es porque estoy acostumbrada a agarrar el lápiz de grafito de otra manera y no como el castaño me ha hecho hacerlo ahora. Maldigo entre dientes, pero parece que todos en el salón me han escuchado porque voltean a verme. La profesora Alín hoy no ha venido, parece que enfermó de gripa y está de reposo en casa. La echo de menos, su actitud maternal hacia mí me hace sentir que le importo a alguien. —¿Vas bien allí? —pregunta la chica a mi lado, se llama Verónica. Descubrí que tiene veintinueve años y dos hijos. Se ve bastante jóven para el expediente que tiene. —No como qui

