Esperaba librarse de él en pocos días y no volver a verlo en su vida. Entonces, ¿qué más le daba la opinión que ese arrogante se hubiese formado? Reparado en parte su orgullo con esos razonamientos y reconfortada con una refrescante ducha, Karla se enfrascó en una estimulante lectura dispuesta a que su tiránico carcelero no le amargase las tan esperadas vacaciones. Los pensamientos de Sebastian eran bastante parecidos a los de Karla. Al principio, tras los momentos de pasión vividos, se sintió tremendamente irritado consigo mismo por no ser capaz de resistir el hechizo de aquella diabólica mujer y sucumbir a su juego de seducción en forma tan salvaje y desmedida. Y no sólo eso se tenía que reprochar, también la falta de profesionalidad al poner en peligro la vida de su protegida. Corrió un

