PRÓLOGO
POV ALMA
Dicen que los gemelos comparten algo más que el rostro. Que hay un hilo invisible, una conexión que vibra cuando el otro sufre.
Esa noche… lo sentí romperse.
El teléfono sonó pasada la medianoche. Mi corazón se aceleró.
Un número desconocido. Pero en mi corazón supe que era ella antes de contestar. Mi pecho ya dolía.
—Alma… ven. Por favor… —susurró Abril.
Su voz…
No era la de siempre.
No era arrogante, ni firme, ni sarcástica como solía sonar cuando jugaba a los secretos o cuando se burlaba de mí.
Estaba rota. Asustada. Apenas un murmullo temblando al otro lado del mundo.
—¿Estás bien, Abril? —pregunté también asustada. Era mi hermana, mi otra mitad; jamás podría odiarla—. Dime dónde estás.
Escuché cómo lloraba, controlando su propio llanto.
—En la cabaña de papá, por favor… apresúrate —dijo antes de que la línea se cortara.
Me tomó exactamente treinta y dos minutos llegar a la cabaña.
Treinta y dos minutos para que el mundo dejara de tener sentido para mí.
Llegué demasiado tarde.
La encontré en el suelo, como una muñeca desechada.
Fría y pálida.
Los ojos entreabiertos y una lágrima seca todavía adherida a su mejilla.
No le dieron tiempo a gritar. Pidió ayuda, pero llegué tarde. Ella conocía a su agresor y sabía que iba a morir.
Sola, su último aliento fue bajo la mirada de quien la había matado. No me habría llamado si no fuera porque estaba guardando algo… algo que el asesino buscaba, algo que, a toda costa, yo encontraría.
Me quedé allí, sentada a su lado, sosteniéndole la mano como si pudiera transferirle algo de vida. Sabía que no lograría tal hazaña.
—Te juro que te voy a vengar, Abril —susurré, dejando que las lágrimas cayeran a mares, sin contenerlas. Siempre fui frágil y, tal vez, dejé salir todo el dolor que había guardado hasta ese momento.
Así que sí, me llevé algo más.
Su lugar.
Su vida.
Esa noche, la policía declaró la muerte de Alma Vandergeld. La gemela rechazada. Hubo un funeral, al que asistieron muy pocos. Alma no era querida, siempre fue menospreciada.
Lo más cruel fue tener que asistir a mi propio funeral y confirmar la poca estima que tenía mi familia y la sociedad.
Aun así, no dudé en seguir con todo esto.
Porque si el mundo cree que Abril está muerta, su historia se cierra. Y con ella, el caso.
Pero yo no vine a cerrar nada.
Vine a sonreír como lo hacía ella.
A besar a su marido.
A ocupar, de ser necesario, su cama.
A descubrir quién, entre todos ellos, la mató.
Ahora soy Abril Lancaster.
La esposa perfecta. La mujer frívola del hombre más frío y cruel de todo Nueva York. El hombre que se convirtió en mi primer sospechoso. La mujer que cazaron sin darle la oportunidad de gritar.
Siguen creyendo que soy ella, pero en realidad soy Alma, su viva imagen, su fiel reflejo, y voy a cobrar venganza por un crimen atroz.
Pero no sabía que necesitaría algo más que fuerza de voluntad. Porque me topé con otro hombre que años atrás fue el amante de mi hermana: Giulian Vane, quien me perseguirá y pondrá en peligro todo mi plan.
Y Alexander Lancaster… ese hombre parecía querer atravesarme con la mirada. Su odio por mi hermana lo convirtió en mi primer sospechoso, pero no sabía que esa frialdad podría alcanzarme a mí. No sabía que podía romper todas y cada una de mis defensas y llegar a desearlo más que querer enviarlo a prisión.
¿Podré seguir con mi venganza al saber quién es él realmente?
¿Seré capaz de enviarlo a prisión si resulta ser el asesino de mi hermana?