Capitulo 7.

2042 Palabras
Comía mi cereal en silencio, era domingo apenas el sol salía mi idea era irme a la biblioteca, y volver a la mansión de noche mi plan del fin de semana era aburrido lo sé pero debía asegurarme ir a la universidad. —Buenos días mi adorada coletitas. —Se escuchó una voz cantarina entrar a la cocina. Escuchar a Sisi me hizo atragantar, con el cereal, definitivamente debí levantarme más temprano «solo finge demencia y Sisi te dejará tranquila». —Buenos días Sisi. —Respondí el saludo calmada, tenía esperanzas, de que Sisi no me interrogara por lo que vió anoche, enserio tenía esperanzas. —Tú y yo tenemos una conversación pendiente mi pequeña coletitas ¿Quieres comenzar? —cuestionó la castaña con voz cantarina, mientras se sentaba frente a mí, descansando sus brazos en la encimera. Y ahí estaba yo, despidiéndome de mis planes de huir temprano, para evitar a Sisi y sus muchas preguntas. —¿Y bien Gabrielle...? —volvió a hablar la castaña en tono de interrogatorio, la escena de la noche anterior dejó muy pensativa a Sisi, además le preocupaba Gabrielle a quien con los años empezó a querer como a una hermana pequeña. —Sisi ¿Qué quieres saber? —refuté tratando de persuadirla y hasta el último instante convencer de lo que pasó anoche era solo un mal entendido. La castaña entrecerraba sus ojos estudiando, las reacciones de la pelinegra, estaba dispuesta a sacarle la sopa a Gabrielle. —Quiero saber que rayos pasó anoche, entre tú y el joven Helios, Gabrielle no me digas que nada, porque no te creeré no, quieras verme la cara de imbécil niña yo no nací anoche. —Acusaba la castaña señalando a Gabrielle. —¿Y por qué asumes que pasa algo, entre el joven Helios y yo? Estás loquita. —Dije aún sin salir de mi papel de sorprendida. —Con decirle joven Helios allí algo está mal, tú y él eran mejores amigos y no creas que no he notado, como lo tratas y la distancia que pones entre ustedes, lo evitas como la peste niña, ahora quien es la loquita. —Replicó Sisi con una sonrisa victoriosa sabía que esa actitud de la chica no era normal, ya tenía una vaga idea de porque la adolescente estaba actuando de esa forma. —Sisi deja de buscar cosas que no existen. —Tomé mi mochila de la encimera y fui directo a la salida de la cocina para Irme a la biblioteca no seguiría ahí perdiendo mi tiempo. —Te enamoraste Gabrielle. —Soltó la castaña sin rodeos. Miré a Sisi está, se veía sería más que, pregunta parecía que quería confirmar sus suposiciones. Solté la perilla de la puerta, y volví con Sisi, volví a sentarme en una de las banquetas, suspiré cansada. Pero solo lo diré una vez y solo para que no me volviera a hacer la misma pregunta. —Si estoy enamorada de él, pero él no lo sabe y no debe saberlo nunca. Sisi abrió sus ojos como platos, sorprendida, no esperaba que Gabrielle confesara tan rápido —¿Por qué no le has dicho? —Porque a su vida llegó alguien más, antes de que pudiera decir algo. —Apreté más la mochila contra mi pecho, evitando las ganas de llorar ya estaba cansada de llorar por lo mismo, era suficiente. —Así que por eso la distancia, tu cambio con él, pero mi niña tú debiste... —Debí hacer nada Sisi, fué mejor así y sabes no pasa nada si, solo no digas nada y... —¿Qué es lo que Sisi no debe decir? —preguntó Juliette entrando a la cocina. No sabía que decir, afortunadamente Sisi actuó rápido. —Nuestra Gabrielle no quiere que diga que un chico de la escuela, la invitó a una cita. —Es eso cierto enana ¿Y aceptaste? —preguntaba Juliette, tratando de hacer cambiar, de opinión a su hermana menor. —No hermana prefiero no alimentar iluciones en ese chico. —Gabrielle es solo una cita, no es como que ya estés aceptando, ser novia de ese chico, hermana no tiene nada de malo que aceptes salir con un chico. Juliette no quería que Gabrielle se cohibiera de tener una vida normal como cualquier chica de su edad. —Jul no, si solo quiero centrar mi atención, en mis estudios si no distraerme con chicos. Luego de despedirme de Sisi y mi hermana salí de la cocina apresurada ignorando lo que Juliette dijo no quería seguir con la incómoda ronda de preguntas. ••• Ya no quería seguir allí tomé mi mochila y salí ignorando a mi hermana y a Sisi. Cuando iba atravesando el jardín escuché ruidos, me acerqué más a la fuente del ruido, resultaron ser el llanto de alguien llegue a los columpios dónde solíamos ir Helios y yo, y allí sentada la vi era Lara llorando. Pensé en irme, pero verla así me hizo pensarlo y no se porque en vez de seguir mi camino, fuí con Lara a ver que le ocurrió «se que te arrepentirás de esto Gabrielle. —Señorita lara. La muchacha levantó la mirada, sus ojos verdes estaban enrojecidos de tanto llorar se limpió sus lágrimas apresurada, aunque era más que obvio que estaba llorando, era tarde para ocultarlo ya yo la había visto. —Hola Gabrielle ¿Cuánto llevas aquí? —preguntaba la pelirroja apenada, por ser encontrada así. —No mucho pero si el suficiente para saber que lleva un buen rato llorando señorita. Me senté en el columpio a su lado, mi cerebro decía lárgate rápido, pero mi corazón de pollo decía otra cosa —¿Ocurre algo señorita? Si quiere hablar aquí estoy, si no quiere bueno, igual la ayudaré, en lo que pueda. Lara me regaló una sonrisa, tomó mi mano que descansaba en mi rodilla. Quizás no debía estar allí pero Lara siempre fue amable conmigo. —Tú me recuerdas a alguien Gabrielle. —Comentó la pelirroja moviéndose en el columpio despacito y sus rojizos mechones eran mecidos con el andar del columpio. —Ah si ¿Y quién? —pregunté curiosa por saber. —A mi amiguita Ángela ambas, usan coletitas altas y su cabello es largo, tienen lindos ojos grandes y expresivos y son muy tiernas, es un poco mas chica que tú pero, de seguro se llevarían bien. —Lara soltó la mano de la pelinegra y comenzó a moverse un poco más en el columpio. —¿Te puedo pedir un favor Gabrielle? —Si. —Respondí sin pensarlo mucho. —No le digas a Helios que me encontraste aquí llorando —la joven pelirroja suspiró cansada, pero quería botar todo aquello que la tenía así—. Mi hermano y Helios no se llevan y él no está contento, con mi compromiso. —Musitó la pelirroja con melancolía. —Entiendo pero ¿Por qué no está de acuerdo? —pregunté Lara me miraba con sus orbes esmeraldas cristalinas por las lágrimas retenidas, tomó una bocanada de aire y siguió hablando: —No le gusta que Helios oculte nuestra relación, le he explicado el porque lo hace y aún así no entiende, tampoco le gusta que ayude a Helios en sus estudios, dice que por ayudarle a él me descuido de mis estudios de enfermería. Lara guardó silencio, pensativa en si seguir hablando o no, pero Gabrielle le daba confianza y sabía que la pelinegra y Helios eran amigos muy cercanos; incluso él mismo se lo había dicho en varias ocasiones. —Para Helios la medicina es importante se esfuerza mucho mi estrellita, solo somos Cole y yo sin su apoyo me siento sola. —Confesó cabizbaja la pelirroja. —Tranquila. —Gabtielle. —Llamó Lara posando su esmeralda mirada en la adolescencia a su lado. —Si. —respondí poniendo atención a Lara. —¿Puedo pedirte algo...? Lo pensé, mi cabeza decía no aceptes y vamonos lejos, muy lejos de aquí, pero ver a Lara así me conmovió y muy a mi pesar me quedé. —Si dime. —Respondí con una sonrisa. —Acompañame al centro comercial si. —Esta bien. —No quería ir a ningún lado, pero no tuve corazón para negarme ante Lara, si Charlotte me viera me diría masoquista y si quizás si lo era. ••• Llegamos al dichoso centro comercial, Lara se veía de mejor semblante, entramos a una tienda de ropa masculina, luego a una y otra y otra, así muchas más todas eran tiendas de caballero, ya teníamos una hora y Lara no compraba nada. —¿Qué busca? —pregunté ya cansada de andar de un lado a otro. —Busco un obsequio para Artemis, es que ya viene su cumpleaños y me gustaría darle algo sin comprar nada, en ningún lugar a dónde entrabamos. —¡Hubiera comenzado por ahí yo le habría ayudado! —tomé a la pelirroja de la mano y la llevé a un lugar, que a Artemis le encantaba, conozco a Artemis desde niña y se al revés y al derecho sus gustos. —¡Gracias Gabrielle! —ambas entramos a la librería, de inmediato llevé a lara a la sección de novelas de ciencia ficción y busqué la última parte de la saga de libros que, Artemis leía hace tiempo, casualmente el último volumen salió hace poco. Lara fué a pagar el libro, yo salí de la tienda, porque mi celular estaba sonando, al sacarlo de mi bolsillo vi que era Charlie mi amiga. —Dame una excusa Gabrielle para no matarte, por hacerme esperar horas en la jodida biblioteca ¡En domingo! Me olvidé de Charlotte le pedí disculpas de todas maneras mi amiga se había calmado, solo era dramática. —Y bien ¿Dónde estás? —inquirió la rubia de manera cómplice al otro lado d la línea. —En el centro comercial. —¿En plan cita romántica, con alguien...? —No francesita no te armes películas —suspiré resignada ante el inminente enojo de mi amiga, al decirle con quién estaba y que estaba yo haciendo —. Vine con Lara. —¡Lara Spencer! —dijo sorprendida ante lo dicho por su amiga. —Si esa misma. —¿Que haces con la chica que se robó a tu chico? Suspiré cansada. —Charlie ella no me robó nada si. —Aún así eres una masoquista Gabrielle, te veo mañana en la biblioteca de la preparatoria. —Charlotte colgó la llamada tenía razón, en cierto modo era masoquista pero ya era tarde ya estaba aquí. Lara volvió, me dió gusto ver qué esa mirada triste y llena de lágrimas ya no estaba. —¡Gracias! Gabrielle, si no es por ti aún andaría de tienda en tienda te debo una. —No es nada ya es hora de volver ¿O se le ofrece algo más señorita Lara? —Vamos por un helado si. —Invitó la pelirroja emocionada. —Señorita debo estudiar y... —Vamos solo será un helado si en agradecimiento, por haberme ayudado. —insistió Lara. —Esta bien señorita, usted gana iremos por un helado. —Lara me tomó de la mano arrastrandome hacía la heladera. Ambas tomamos asiento, para tomar nuestros helados, la verdad era que entendía porque Helios se había enamorado, de la pelirroja frente a mí, Lara era tan linda una chica única y de buenos sentimientos, además era preciosa y no solo físicamente. —Gabrielle estás a punto de terminar la preparatoria ¿Tienes algún pretendiente? —preguntaba Lara de manera cómplice. Un escalofrío recorrió mi cuerpo la charla, que hasta hace un momento era amena, se tornaba ahora tensa. —No señorita Lara, solo me centro en mis estudios y en mi trabajo en la mansión. —Cualquiera a tu lado sería afortunado. —Comentó la pelirroja dándole un bocado a su helado. Ambas mirábamos tiendas, pero al estar frente a una tienda de ropa de bebé, la sonrisa de la pelirroja se esfumó, quería preguntar pero no quería parecer entrometida. Solo nos alejamos ya era momento de irnos aún así tenía la sensación de haber pasado algo en cuanto estuve con Lara frente a esa tienda...
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