Si a Helios le pasa algo no se lo perdonaría, se recostó en la pared dejándose caer hasta quedar sentada en el frío piso del hospital, Artemis llegó en cuanto antes y trajo a Helios al hospital. —¡Ah porque tenía que ser así de impulsiva y soltarle todo a Helios! —se lamentaba llorando de frustración. Una mano se posó frente a la castaña, ofreciéndole un pañuelo, para limpiar las lágrimas. aceptó el gesto educadamente y limpió sus lágrimas. —Mu...chas gra...cias. —No hay de que Tranquila, Helios es fuerte. —¿Y usted cómo sabe eso? —preguntaba alzando la mirada hacia, la persona que amablemente le prestó su pañuelo. —Querida como no saberlo, si soy su madre. —Dijo la mujer riendo de forma jovial. —¡Madre ha dicho! —exclamaba, sorprendida la castaña. La mujer solo asintio, com

