— Quién?. — Pregunto inquieto. — Soy yo!. — Responde una voz a mis espaldas. Me levanto de golpe y lo que veo me hela la sangre. — Tú?. — Pregunto incrédulo. — Sí! Y está vez, no me iré. — Responde extendiendo sus brazos. — A qué volviste?. — Pregunto serio, permaneciendo inmóvil. — Yo... Tengo cosas qué hacer, así que me disculpan. — Interrumpe la abuela y se retira. — Vamos!. Responde. — Exijo molesto. — Pablo, no me juzgues sin escucharme. — — Qué me vas a decir, Lorena?. Que no era tu intención?. No seas tan descarada. — Bufo histérico. — Por favor, perdóname. — Pide entre sollozos. — No sabes por todo lo que pasé. Cuántas veces lloré hasta dormirme, porque no estabas a mi lado, mientras hacías tu vida lejos de mí. ME ABANDONASTE. — Grito y ella sigue llorando. — Lo sé, pe

