Maximiliano Coloco su cabello detrás de su oreja y la miro como como un tonto enamorado. Serena es hermosa; su dulzura y la manera como se entrega a mi, haciéndome sentir que soy el único en su vida, me vuelve loco. Miro la hora en mi teléfono y son las cinco de la tarde. Aunque no quiero separarme de ella, tengo algunos asuntos pendientes. —¿Amor? —me abraza más fuerte y me hace reir—. Serena, tengo que irme. —Abre los ojos y hace un puchero—. No me hagas eso, por favor. —Está bien. Se sienta en la cama y cubre los pechos con la sábana. Beso sus labios y suspira. —No quiero que te marches. —Yo tampoco, pero tengo que saber qué ha pasado con Vivian —se endereza y cruza los brazos. —¿Por qué tienes que ir? —Verla celosa me encanta; la tomé del brazo y la senté en mis piernas. —Nec

