Serena La tensión que había entre Max y Ignacio pasó a un segundo plano. Ambos conversaban animadamente y Ignacio me hacía quedar mal delante de Max, que no paraba de reírse de todo lo que mi amigo le contaba. —¿De verdad? —me pregunta Max—. ¿Te inclinabas para besarlo? ¿Cuánto media? —Uno cincuenta —se anticipó a decir Ignacio—. Y lo peor de todo es que se avergonzaba de él. —¡Eso no es cierto! —exclamé, enfadada, no puedo creer que Ignacio se atrevió a decirle eso a Max—. Así que es mejor que te calles. —Sabes que te quiero, solecito —Eleva las manos y me río, no puedo enojarme con él. —Lo que tú digas —beso la mejilla de Max—. ¿Qué te trae por aquí? Fue una sorpresa. —Estoy metido en un buen rollo, Serena —Max me mira sin entender nada. —Este —Señalo a mi amigo—. Se metió con l

