Maximiliano Los gritos de Vivían me están alterando bastante. Con la ayuda de la sirvienta, la sujetamos con una cuerda que encontramos y la llevamos a la cocina mientras esperábamos le llegada de la policía. —¡Vas a pagar por esto, Maximiliano! —dijo, levantándose de la silla con gran agitacion—. Tu eres mío y jamás serás feliz junto a ella. Hago un gesto de resignación y salgo de la cocina. Serena se encuentra en su habitación, y esta situación realmente la está afectando. Abro la puerta y me duele verla atravesar todo esto. Me siento a su lado y acaricio su mejilla. Ella abre los ojos y me sonríe. —¿Como te sientes? —Un poco mejor —dijo mientras se levantaba y se acomodaba en mis brazos—. ¿Dónde esta? —En la cocina, esa mujer está loca —comenté— Estaba tan ciego, no pensé que pu

