Maximiliano La casa es muy grande. Me detuve y observé a Serena. —Tu madre debe sentirse muy mal viviendo en esta casa sola —Serena cruza los brazos y no dejó de admirar lo hermosa que es—. ¿Qué? —¿Quién dijo que vivía sola? —rodé los ojos. —Tú. —Estás equivocado, en ningún momento te dije eso. Eres un mentiroso —dice, acercándose a mí—. Mi madre tiene un grupo de amigas que la acompañan. —¿Dónde están? —Desde que llegamos no he visto a nadie, solamente al personal de servicio. —De viaje —encoge los hombros con indiferencia—. Mi madre no fue porque se comprometió a recogernos en el aeropuerto. La acerco hacia mí y beso sus labios suavemente. —Lo que más deseo conocer de esta casa es tu habitación —susurré sobre sus labios. —¿No puedes esperar hasta mañana para estar conmigo? Est

