Serena ¡Estamos a punto de aterrizar! ¡He vuelto a casa! Al mirar por la ventana, una emoción me invade y una lágrima se desliza por mi mejilla. Maximiliano toma mi rostro y acaricia suavemente mi mejilla. —Supongo que esas lágrimas son de felicidad; si no es así, no dudaría en hacer que el piloto regrese a España —bromeo. —Si, son de felicidad —respondo mientras me seco el rostro. La azafata nos indica amablemente que debemos abrocharnos el cinturón de seguridad para el aterrizaje. Me apresuro a hacerlo, pero el nerviosismo no me deja. Max aparta mis manos y lo hace por mi. —Estás muy inquieta, cariño. —Solo estoy emocionada. Los minutos parecen interminables, no dejo de mover el pie y siento que el corazón se quiere salir del pecho. El avión aterriza y las puertas se abren. —

