Capitulo 12

1071 Palabras
Maximiliano Soportar a Alejandro es una molestia, pero recibir regaño de él es peor. Le conté lo que sucedió con Vivian y no le agrado en lo absoluto que me quedara con ella, dice que eso fue una manipulación de su parte, pero no lo creo, ella no es así. Preferí cambiar el tema para no seguir escuchando sus quejas con respecto a lo que hace o deje de hacer Vivían, además de que mi humor era el mejor hoy, por fin me decidí en invitar a Serena y estoy nervioso por esta noche. Veo la hora en mi teléfono y apenas son las seis de la tarde, este día ha sido tan lento que siento que me volveré loco, no puedo desesperarme de esta manera. Serena es mi adicción, decido mantener mi mente ocupada en la jornada de operación que tendremos la semana que viene, deseo que todo salga bien y ayudar a las personas que no tienen el dinero para pagar una cirugía, plantee esto desde hace unos años, y este año fue posible, me meto de lleno tanto en organizar todo que me olvido de la hora, la puerta se abre y entra Alejandro con una bandeja de tequeños, pasa su mirada de mí a su reloj. —¿Tú no tenías una cita hoy? —pregunta y abro los ojos. —Dios… —Comienzo a recoger todo como loco y guardarlo en mi maletín—. Te debo una, se me ha ido el tiempo volando. —Por lo menos te sirvo para algo. —Nos vemos mañana —Le agarró un tequeño y salgo del consultorio. Corro por el hospital, con la mirada de todos los médicos y las enfermeras en mi, pero no me importa, lo único que quiero es ver a la mujer que me tiene la cabeza en un lío pensando en ella. Al salir del hospital el cielo está nublado y ruego que no vaya a llover, abro el coche y meto las cosas, rodeo el auto y subo, manejó y me sumerjo en las carreteras de España. No hay tráfico, no hay inconveniente, llegó a casa y estaciono el auto. Salgo y entro en mi edificio saludando al portero, el ascensor está en reparación, así que hoy me toca subir las escaleras, llegó a mi departamento. Abro la puerta y entró. Todo está en silencio, ya son las siete de la noche y yo no estoy listo todavía. Camino hasta mi habitación y me quito la ropa, me doy un baño rápido y salgo con la toalla alrededor de mi cintura, elijo un pantalón de vestir color n***o y una camisa blanca, me pongo los zapatos y peino mi cabello, me coloco un poco de colonia y salgo de mi cuarto, apagó las luces y cierro bien con llave. Salgo del edificio y subo al auto, y manejó hasta la casa de Serena. La noche está hermosa el día de hoy, mis manos sudan a causa de los nervios que siento, no puedo creer que después de tanto tiempo vuelva a sentir esta sensación de emoción y alegría por una persona. Verificó la dirección nuevamente y está correcta, es la casa de Serena. Bajo del coche y caminó hasta la entrada, tocó el timbre y esperó, la puerta se abre y me encuentro con una mujer mayor. —Usted debe ser el señor Maximiliano —dice—. La señorita Serena está por bajar, pase. Entro y veo los detalles de la casa, me lleva a la sala. —¿Quiere algo de beber? —No, estoy bien. Asiente y se retira. Miro a todos lados, escucho pasos y me levanto, es Serena. La mujer que se presenta ante mis ojos es una Diosa, mi mirada la detalla por completo y no puedo creer que sea real, tiene un vestido color vino tinto que le queda perfecto, sus piernas son una tentación para los ojos de cualquier hombre, y el escote de ese vestido… Esta mujer va a acabar conmigo, su risa me hace volver a la realidad. —¿Cómo estás? —Su voz me encanta. —Ahora que te veo mucho mejor —Me acerco y tomo su mano—. Estás hermosa. —Gracias —Un leve sonrojo aparece en sus mejillas. Entrelazamos nuestras manos y salimos de su casa. Abro la puerta del coche y entra, rodeo el coche y subo, mi mirada se dirige nuevamente a sus piernas, el vestido se le ha subido un poco, trato de tener mi mente clara porque si no, voy a causar un accidente por unas tentadoras piernas. —¿Cómo está todo en el hospital? —Se acomoda para verme mejor. —Hay días que no podemos con tantos casos, es duro ver a personas perder sus familiares, no es fácil esta profesión, tienes que tener un corazón de piedra —Lágrimas caen de sus mejillas y me preocupo—. ¿Qué pasó? —Lo siento —Saca un pañuelo de su cartera y se limpia— Soy muy sentimental. —Serías mala doctora —me rio. —La peor de todas, yo lloraría con los pacientes. Niego con la cabeza. Llegamos al restaurante y bajamos del auto, el local está lleno, la música es lenta y me encanta el ambiente. Tomados de la mano entramos, digo mi nombre y nos llevan a nuestra mesa, nos sentamos y el mesero nos trae una botella de vino, sirve nuestras copas y se retira. —El lugar es muy hermoso —Serena detalla el local. —Sí, es de un amigo de la infancia —comentó. Agarra su copa y bebé, sus labios son mi debilidad, no dejo de verlos y se dio cuenta por que pasa su lengua por ellos y la tensión aumenta en el lugar. Cambia la música y una balada suena por todo el restaurante. —¿Quieres bailar? —Sí. Me da su mano y nos levantamos, vamos a la pista de baile y llevo mi mano a su cintura acercándola a mí, mis labios van a su oreja. —No sabes las ganas que tengo de besarte —susurro y siento como se estremece en mis brazos. —¿Y qué esperas para hacerlo? —me desafía. Me río y mi boca se junta a la de ella, el ardor aumenta, chupo y saboreo sus labios a mi antojo, queriendo tenerla así para siempre.
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