Capítulo 13

1076 Palabras
Serena Cierro los ojos y me sumerjo en el deseo que siento por Maximiliano, sus labios buscan los míos con desesperación y le permito disfrutar por unos minutos más. Nos separamos y juntamos nuestras frentes, trato de regular mi respiración al igual que él, besa mi frente y nos vamos a sentar. —¿Qué deseas pedir esta noche? —pregunta mientras mira la carta. —Hoy estoy dispuesta a probar lo que quieras. —Me parece bien —Me sonríe—. Tengo muchas ganas de darte el mundo, Serena. El mesero llega y él le dice lo que deseamos y se retira. Max toma mi mano y la besa, causando que miles de mariposas revoloteen en mí estómago. —No sabes lo feliz que me haces que estés aquí conmigo. —A mí también. El mesero llega con nuestra comida, comenzamos a comer y la verdad está todo delicioso. Platicamos de nuestras vidas y nuestros proyectos a futuro, me encanta lo sencillo que es y la manera natural que hace ver las cosas, me enseña algunas fotos de amigos y familiares en el teléfono, ya veo de dónde heredó lo guapo, su padre a pesar de la edad se mantiene bien. Las horas pasan entre risas y anécdotas de nuestra niñez. Son las nueve de la noche y decidimos irnos, nos levantamos y le damos las gracias al Chef por tan espléndida cena, salimos del restaurante y nos subimos al auto. —¿Qué te pareció la cita? —me pregunta Max, mientras enciende el auto. —Perfecta, me divertí mucho —Le aprieto la mano. Miro la ciudad, nada se iguala con la vista de noche de este país, todo aquí es maravilloso. Estoy tan distraída que no me percató que ya llegamos a mi casa. Estaciona el auto y nos miramos. —Si quieres… —Muerdo mi labio—. Te puedes quedar. —Está bien. Bajamos del auto y entramos a la casa, todo está oscuro, la servidumbre debe estar durmiendo. Maximiliano me tomó de la cintura y me acerca a él, besa mi cuello. —Te necesitó, Serena —me susurra al oído. Quedó frente a él y lo miro a los ojos, estoy lista y quiero darme una oportunidad de amar y que me ame como siempre he querido, me besa con pasión, su mano se dirige a mi mejilla. —Eres hermosa —Besa la punta de mi nariz—. Única —Besa mi mejilla— Lo que más deseo en este momento. Me río y toma mi mano, subimos las escaleras sumergidos en nuestra burbuja, llegamos a mi habitación y abro la puerta. Todo está oscuro y mi corazón late demasiado deprisa, libera la tira y el vestido cae a mis pies, su mirada no se aparta de mi cuerpo y me sonrojo, besa mi hombro, suspiró, sube a mi barbilla y termina en mis labios anhelando por completo, su lengua hace estrago y solo quiero entregarme a él. Me alza y rodeo su cintura con mis piernas, me río y él me lleva a la cama. —Deseo que esté día sea el mejor para ti, quiero hacerte sentir la mujer más especial, Serena —Una lágrima baja por mi mejilla. Me besa nuevamente, sus manos acarician mis piernas y sube a mi cintura, desabotona mi sostén y lo lanza lejos, masajea mis senos a su antojo y disfruto lo que me hace sentir, baja muy lento mi braga, este hombre quiere acabar conmigo. —¿Lista? —Si. Entra en mí y trato de regular mi respiración, empieza a moverse y me siento en el cielo, se mueve lento y solo hace que lo desee más, el ritmo va aumentando, el cuarto se llena de nuestros gemidos. —Serena, Dios… —Aprieta mis caderas—. Eres la mejor. Me muevo, está a punto de llegar y quiero hacerlo junto a él, gruñe y el órgasmo llega, dejándonos sudando y con ganas de más. —Gracias, fue la mejor noche —Lo abrazo. Besa mi frente y nos quedamos dormidos, disfrutando de la compañía del otro. **** Intento salir de los brazos de Máx. Pero no puedo, su brazo me tiene agarrada y cuando intento alejarlo me aprieta contra él. —Deja de moverte —Se queja. —Necesito ir al baño —Lo empujó. Me deja libre, me siento en la cama y busco mis bragas, me las pongo y me levanto, dejando al perfecto hombre en mi cama. Entro al baño y me miró en el espejo, tengo los ojos brillantes y una sonrisa se me escapa, Dios, ¿En verdad lo hice? Me acosté con Máx. Sasha va a morir cuando se lo cuente. Me cepillo los dientes y salgo, el galán todavía sigue durmiendo, me acerco y comienzo acariciar su espalda, son las siete de la mañana y no quiero que llegue tarde al hospital. —¿Max…? —Lo llamo, pero nada— ¿Mi amor? —Me gusta eso, deberías llamarme así a partir de hoy —dice con los ojos cerrados, me río y beso sus labios —Como digas, guapo. Abro mi closet y saco un pantalón junto a una camisa verde de cuello alto y mis botines negros. Me coloco nuevas bragas y comienzo a vestirme. Maximiliano sale de la cama y va directo al baño. Me quedo con una boba mirándolo y me descubre haciéndolo, me sonrojo y sigo en lo mío. Estando listo, bajamos a desayunar, pasamos al comedor y nos sentamos, la sirvienta trae el desayuno y lo coloca en la mesa, se retira y procedemos a desayunar. —¿Qué vas a hacer hoy? —Iré a una sesión fotográfica para una campaña, hoy tendré un día muy agitado —dije sin ánimo. —Vas a salir hermosa —Agarra mi mano y la besa. Terminamos de comer y salimos de la casa, no quiero que se vaya. Toma mi mano y me acerca a él, sus labios se acercan a los míos, pero solo un poco, un leve roce que deja mis piernas temblando. —¿Te veo más tarde? —Si… —digo torpemente, él se ríe y me abraza. —Pórtate bien —Sube al auto y baja la ventanilla —Nos vemos luego, reina. Enciende el auto y se pierde de mi vista, llevo mi mano a mi corazón y está acelerado, este hombre será mi perdición.
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