Capítulo 14

1163 Palabras
Maximiliano Llegué al hospital, saludando y deseándoles a los médicos y enfermeras un gran día, algunos responden a los saludos mientras que otros me miran extraño. Alejandro viene hacia mí y pasa su brazo por mi hombro. —Hazme sentir orgulloso y dime qué pasaste la mejor noche de tu vida —Me observa y me río. —No te voy a contar mi vida s****l y mucho menos en el hospital —murmuró. —Pues a mí no me importa en dónde estamos, así que… —Acerca su boca a mi odio—. Me acosté con Julieta. Me separó y abro los ojos, no puedo creer lo que estoy escuchando. —¿Qué? —Como lo oyes, anoche la llevé a cenar y pues… —Alza los hombros— Una cosa llevó a la otra y terminamos en su departamento. —¿Sientes algo por ella? —No estoy enamorado, al igual que ella tampoco de mí, pero nos estamos conociendo y viendo hasta dónde podemos llegar. Me conformo con eso, solo espero que no termine dañando su corazón. Julieta es mi amiga de años y lo que menos deseo es estar en medio. Llegó a mi oficina y saludó a mi secretaria, me pasa el informe de los pacientes que veré el día de hoy, comienzo a verlos y así pasamos parte de la mañana, cuando termino me levanto para ir a Almorzar, pero no logro salir porque Alejandro está en la puerta. —Tenemos que estar en el área de emergencia —dice agitado—. Hubo un accidente en el sur de España, el salón de un importante fotógrafo explotó a causa de una fuga de gas y varias personas resultaron heridas. No sé por qué, pero la imagen de Serena me llega a la mente. Salimos del consultorio y vamos a emergencia, la gente está desesperada y solo oigo gritos, trato de calmar a la mayoría. Una voz me hace girar y veo a Sasha correr hacia mi. —Dime que Serena está bien —Me toma de la bata llorando. —¿De qué estás hablando? —Ella me llamó, me dijo que estaba saliendo del edificio, ya que se estaba incendiando —Lleva sus manos a sus labios temblando— No pude saber más, el teléfono quedó sin señal. Mi mundo se nubla y como un loco desesperado le preguntó a varias enfermeras por Serena, pero nadie me da respuesta. Ruego a Dios que esté bien, miro a todos lados, hasta que la encuentro, está en una esquina junto a una enfermera que limpia las heridas que tiene en los brazos, me acerco y ella levanta la mirada al verme. —Max… —Sus ojos se llenan de lágrimas y me parte verla así. La enfermera se hace un lado. —No se preocupe, yo me haré cargo —Asiente y se retira. Tomo su rostro y la beso. —¿Qué sucedió? —Me siento a su lado y curó las heridas de su rostro. —Todo fue tan rápido —dice—. Me estaban maquillando cuando todo pasó, el olor a gas era insoportable, nos asustamos, así que decidí irme junto con varias chicas. Salimos y algo explotó, bajamos corriendo las escaleras pero todo terminó empeorando, los bomberos nos ayudaron a salir. —Gracias a Dios que estás bien —La atraigo hacia mí y la abrazo. Luego de varios minutos llega Sasha y Alejandro. —Tengo que volver, todavía hay muchos heridos —Serena asiente. —Estoy bien. Beso sus labios y la dejó con Sasha. —Qué susto lo de Serena —comenta Alejandro. —No te imaginas lo que sentí cuando Sasha me dijo que Serena estaba en el incendio, mi mundo se vino abajo por un segundo, amigo. —Tranquilo, todo está bien. La sala de emergencia se despejó y logramos descansar un poco, mi espalda dolía y el cansancio era notorio en nosotros. Me quité la bata y fui a mi oficina, Serena se había ido desde hace media hora junto a Sasha y así poder descansar, por la tarde pasaría a verla. Eran apenas las tres de la tarde y solo quería irme. Entre al baño que tenía en mi oficina y me lave la cara, y lave mis manos, ya que tenía sangre, salgo y me siento. Cerré los ojos y casi me duermo si no fuera por Julieta que entró molesta a mi oficina. —No estoy de humor para tus conflictos amorosos con Alejandro —Le dejó claro. —Él no tiene nada que ver —dice molesta, jala la silla y se sienta—. Mi madre quiere hacer una cena por mi cumpleaños. —¿Qué tiene de malo? —Tenía pensado invitar a Alejandro, y a ti, pero… —Se muerde las uñas y odio cuando hace eso—. A mi madre se le ocurrió la brillante idea de llamar a Fernando para que esté presente. —Tu madre está loca —Me río. —No entiende que me engaño, según ella una infidelidad se puede perdonar. —¿Y qué harás? —No sé. —¿Ya acabó tu turno? —Le pregunto—. Si quieres te llevo a casa. —Alejandro me llevará. —Está bien —Recojo mis cosas—. Habla claro con tu madre y dile que estás saliendo con alguien. —Está bien. Beso su mejilla y salgo de la oficina, me despido de los doctores que se quedarán de guardia, le envío un mensaje a Serena que voy en camino a su casa. Guardó mis cosas en el carro y subo, enciendo la radio y mis manos siguen el ritmo, mi teléfono suena y al ver el nombre me sorprendo, desde que me quedé en su casa aquella noche no supe más de allá. Cuelgo la llamada, ahorita, mi única prioridad es Serena y su estado, lo demás pueden esperar. Llegó a la casa de Serena y bajó del auto, su chófer está afuera lavando su auto y me saluda cuando me ve, toco la puerta y la sirvienta me deja pasar. —La señora Serena está arriba en su habitación con la señorita, Sasha —Asiento y subo las escaleras. Abro la puerta con cuidado y Serena me recibe con su hermosa sonrisa. —Mi turno ya terminó —se rie Sasha, besa la mejilla de su amiga—. Mañana estaré aquí temprano. —Gracias por todo. Sasha me saluda y sale de la habitación, dejándome sola con la mujer más preciosa. —¿Cómo estás? —Me siento en la cama y beso su frente. —Solo un poco adolorida, pero gracias a Dios no pasó a mayores. —Así es. Hoy me quedaré a tu lado. —Por mi encantada de tener un guapo doctor cuidando de mí —Me río. Me acuesto a su lado y acarició su hombro, es el lugar donde deseo estar siempre.
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