Serena
La luz entra por la ventana y me quejo, trato de moverme y Max no me lo permite, mi mano acaricia su rostro y me siento tan feliz de tenerlo a mi lado. Sus labios son su mayor atractivo y amo que sean míos. Abre los ojos y me mira, su sonrisa refleja tranquilidad.
—¿Qué te parece un día solo para nosotros dos? —Se acomoda en la cama y acaricia mi pierna.
—¿Qué propones?
—Ir a la playa —Me guiña un ojo—. Mis padres tienen una cabaña y pasaremos unos días ahí.
La idea me encanta, así que con toda la emoción, lo abrazo.
—Claro que sí.
Bajamos al comedor, él tenía que ir a su casa a buscar unas cosas y regresaría por mí.
—Desayuna, y vendré por ti dentro de media hora —Besa mis labios.
Lo veo salir de mi casa y sonrío como una tonta, este hombre me gusta cada día más, la sirvienta me sirve el desayuno y empiezo a comer, le envié un mensaje a Sasha para que no viniera.
“Saldré con Máx, no te molestes”
No tarda en responder.
“Jamás lo haría, verte feliz es lo que más deseo para ti”
Le agradezco tanto su ayuda, termino de comer y subo a mi habitación para arreglar todo lo que me llevaré. Entro y tomo un bolso que tenía guardado en mi closet, meto ropa liviana y fresca, guardo también cremas, cepillo de dientes, sandalias y otro traje de baño, cierro bien y lo dejó sobre la cama. Camino hasta el baño y me arreglo el cabello con un moño alto, me maquillo y busco un vestido de playa para ponerme. Me miró en el espejo y estoy perfecta, recibo un mensaje de Max que ya viene en camino.
Agarro mi bolso y bajo, le doy instrucciones al ama de llaves y nos despedimos. Me coloco mis gafas de sol y espero.
La corneta de su auto suena y me río por su locura, baja del coche y sube mi maleta a la parte de atrás, abre la puerta y me subo, no sin antes recibir un beso que me lleva a las nubes. Decidimos ir a la playa de Concha, es mi primera vez, pero Max ya la conoce, su padre lo llevaba desde niño, dice que es un lugar hermoso y me va a encantar cuando lleguemos. El viaje es silencioso, pero relajante al mismo tiempo, nos detenemos en una gasolinera para llenar el tanque.
—Iré a comprar unas cosas, ya regreso —Bajó del coche y camino al pequeño supermercado.
Entro y veo todo, me dirijo a la parte de dulce y agarró galletas, una bolsa de papas y caramelos. Paso por caja y la chica me atiende amablemente, unas manos se posa en mi cintura, me río por lo nerviosa que a veces su tacto me pone, la chica se sonroja y la entiendo, le pagó y salimos. Nos subimos nuevamente al auto y agarro unas gomitas que compre, llevo varias a la boca de Máx. Seguimos hablando hasta que llegamos al lugar.
Me quedé sin palabras, el lugar es maravilloso, no había tanta gente y me agrado eso, lugares como este se disfrutan con la persona indicada. Bajamos todo del auto y lo acomodamos, me quito el vestido, quedando en traje de baño, la mirada de Max no se aparta de mí y me sonrojo.
—¿Te gusta? —Se acomoda a mi lado y me abraza.
—Sí, es hermoso —Recuesto mi cabeza en su hombro.
—Siempre soñé con traer a mi hijo a este lugar, como mi padre lo hizo conmigo —Lo miro.
—¿Tienes un hijo?
—Murió antes de nacer. —En sus ojos se refleja la tristeza.
—¿Cómo pasó?
—El doctor dijo que situaciones así pueden pasar —Carraspea, sé que le duele hablar de este tema—. Después de eso, todo fue un infierno, Vivían no superó la pérdida y se enfrascó en hacerme la vida imposible, como si de alguna manera eso fuera a devolverle a nuestro hijo.
Mi mirada se dirige al cielo.
—Me enamoré de mi mejor amigo —No dice nada y lo agradezco—. Nos conocemos desde niño, estuve ahí cuando se casó, incluso cuando perdió a su esposa en un accidente —Él tomó mi mano— Me entregué sabiendo que jamás me amaría, y solo empeoró todo, hasta que lo vi enamorarse de una mujer maravillosa —Secó mis lágrimas— Aunque intenté odiarla, no podía, porque en el fondo lo sacó del hoyo donde estaba.
—Pero a ti te dejo con un corazón roto —comenta.
—Que tú has sanado poco a poco —Me acerco y lo beso—. Gracias.
Se ríe y me besa de vuelta, disfruto tenerlo así, sin problemas y nada que pueda arruinar nuestro momento.
Nos levantamos para bañarnos, Max me carga y corre hasta sumergirnos en la playa, el agua está fría y él me abraza, le pegó en el hombro y él ríe. Pasamos parte de la mañana disfrutando, estar así era de lo más delicioso, los besos y los toqueteos no faltaron. Salimos ya que nuestro estómago nos exigía comer, él me pasa la toalla y le agradezco, comienzo a secarme. Abre una taza donde saca un pan con Jamón y queso y me pasa el mío, lo como, bebiendo de mi jugo.
—Ya es hora de irnos a la cabaña —Asiento y lo ayudó a recoger todo.
Nos levantamos y metimos todo a la camioneta, en la noche bajaremos de nuevo, subo a la camioneta y me arropo con la toalla, tengo mucho frío. Max me acaricia la pierna.
—Cuando llegamos a la cabaña te daré el calor que necesitas —Me guiña un ojo y me sonrojo.
La cabaña no quedaba muy lejos, así que llegamos muy rápido, salgo.
—Entra, yo llevaré todo —Me entrega la llave.
Subo las escaleras de piedra que tiene y abro la puerta, el lugar es pequeño pero muy acogedor.
—Mi madre ama este lugar —dice Max a mi espada.
—Estoy de acuerdo con ella.
—Se llevarían muy bien. —Dejó las cosas en la mesa y me tomó de la cintura.
—Si es como tú, no lo dudes.
Y en ese momento la realidad golpeó mi vida, me estoy encariñando con Maximiliano, su dedicación, su delicadeza está tocando este corazón.