Serena
La mañana paso entre anécdotas y recuerdos del pasado. Federico amo a su hijo hasta el último momento, y le dolió verlo fallecer a causa de la leucemia, aunque intenté ocultarlo, el dolor persistirá en nuestras vidas.
Se levanta y se acomoda el saco de lana que tiene puesto.
—Es hora de regresar a casa, es tarde —dice mientras observa su reloj.
—Los visitaré, te lo prometo —exclamó.
—Cuando estés lista, Serena.
Nos despedimos y el ama de llaves lo acompaña hasta la entrada. Me siento en uno de los muebles que se encuentra junto a la ventana, observo el cielo y la nostalgia llega a mi. Francisco tenía está manía, despertaba en la madrugada y se sentaba en un pequeño cojín que teníamos junto a la ventana todo los días. Negar que no lo extraño sería mentirme a mi misma, pero el sentimiento paso de extrañar a un esposo a un amigo. Alexander borro todo sentimientos de amor que llegue a sentir por mi esposo, cada beso, cada caricia y la manera como me hacia suya, logro que lo amara de manera constante. Limpio mis lágrimas y me levanto, Alexander es feliz y formando su familia, es momento que deje de lamentarme y siga adelante.
Tome mi laptop y me senté en la cama, abrí Google y teclee el nombre de Maximiliano. Muchas páginas surgieron, hasta que encontré lo que en verdad me interesa, es cardiólogo y el mejor de España. Sigo leyendo un poco más y me encuentro con varias fotos que me deja sin respiración, su sonrisa y la forma tan picara en la que observa la cámara, me encanta. Llevo mis manos a mis labios y me imagino por unos instante sus labios, me sonrojo y cierro la laptop y la coloco en la mesita de noche, me acomodo de lado en la cama.
Mi celular suena, y leo el mensaje. Es Sasha.
“En media hora pasará por ti. Iremos a una discoteca”
No es necesario negarse en absoluto ante Sasha, me levanto y me dirijo al baño. Abro el grifo y dejo que la bañera se llene de agua.
Abro el closet y paseo mi mirada en el, quiero volver hacer la Serena de antes, la alegre y divertida. Encuentro un vestido color rojo de una única manga, me llega a la mitad de los muslos y me fascinó. Hoy quiero verme sexy, lo dejo en la cama y entro al baño. Me quito la ropa y me meto en la bañera, recojo mi cabello en un moño y comienzo a enjabonarme. Esparzo el jabón por mi cuerpo, huele a rosas. Disfruto unos minutos más el baño y cuando estoy lista, salgo.
Busco la bata de baño y me la pongo. Me dirijo a mi peinadora y busco la crema para el cuerpo. Me coloco un poco en mis manos y comienzo a esparcirla en mi piernas. Agarró el vestido y me lo pongo, me miró en el espejo, me queda perfecto.
Comienzo a maquillarme, veo el reloj y solo tengo veinte minutos antes que llegue Sasha. Rocío en mi cuerpo colonia y me puse mis sandalias, busco mi bolso y guardo lo necesario. Tocan la puerta.
—Pase —digo.
La sirvienta entra.
—La señorita Sasha está esperando por usted.
—Muchas gracias —respondí— Bajaré en unos segundos.
Asiente y sale de mi habitación. Me veo una última vez en el espejo y mis ojos brillan por la emoción de esta noche. Salgo de mi habitacion y bajo las escaleras. Sasha está de pie mirando un cuadro en la sala, al sentir mi presencia se gira y me sonríe.
—Estas muy guapa —Se acerca, toma mi mano y me hace dar una vuelta—. Maximiliano va a quedar embobado.
—¿Maximiliano? —parpadeó— ¿Qué estás tratando de hacer, Sasha? —Cruzo mis brazos.
—Nada —Sus ojos brillan con malicia— Esta noche la disfrutara como ninguna, Serena.
No deseo discutir con ella así que prefiero dejar un lado el tema, la sirvienta trae mi abrigo y me lo pasa. Salimos de mi casa, el chófer nos abre la puerta y subimos, el chófer nos mira por el espejo retrovisor y mi amiga le guiña un ojo, provocando un sonrojamiento en el hombre.
—¿Están saliendo? —le susurro. No quiero que el chófer se entere lo que estoy hablando.
—Como crees —se ríe— Solo nos acostamos y disfruto de ese caramelito cuando me plazca.
Miro de reojo al chófer y no puedo negar que está muy guapo, es moreno y tiene unos ojos verdes muy intensos, ya entiendo a mi amiga.
—¿No has hablado con Alexander? —Su pregunta me sorprende.
—No ¿Porque?
—Solo pregunto.
—Desde que llegue, no he recibidos noticias acerca de el, y en realidad me calma que sea así. El es feliz Sasha —La observo—. Llevo conociendo a Alexander años y lo sabes, y siempre he querido su felicidad.
—¿Incluso cuando te lastime verlo con otra mujer? —inquirió.
—Asi es. No fue culpa de el, yo me enamore como una idiota, el no me prometió nada. —exclamo— No lo odio, mi amor por el sigue siendo intenso.
Mi amiga me observa y sus ojos se llenan de lágrimas, se que le duele por todo lo que he pasado. Tomo su mano y la sujeto con firmeza.
—Te ayudare a salir de todo esto —me dice.
—Lo se.
Varios minutos después, estamos frente a la discoteca. Las luces salen por los grandes ventanales que dispone, un vigilante se encuentra en la entrada, recibiendo a las personas, la fila es bastante larga. El chófer nos abre la puerta y bajamos, Sasha une su brazo con el mío y caminos directo a la entrada. El grandulon nos mira y saluda a mi amiga con un beso la mejilla, abre la puerta y entramos. La musica está a todo volumen, el lugar está a rebosar. Al fondo del local está Máximiliano, está solo y me sorprende. Mis manos comienzan a sudar y no entiendo el porqué. Nos acercamos, Sasha lo saluda.
—Me complace verte, Serena —besa mi mejilla.
—Igual a mi.
—¿Y mi hermano? —grita mi amiga debido a la música.
—Fue a buscar las bebidas.
Nos sentamos y, debido a mi amiga, quedó junto a Maximiliano que me sonríe. A los poco segundo aparece Alejandro con el mesero que trae las bebidas, las coloca en la mesa y se retira.
—Hola guapas —Saluda a su hermana con un abrazo y a mí con un beso en la mejilla. — ¿Cómo están?
—Muy bien hermano, te noto feliz ¿Alguna razón? —Pregunta Sasha mientras bebé de su copa.
—¿Tiene que ver algún motivo para mí felicidad? —Arquea una ceja y se recuesta en la silla que está al lado de su hermana.
—Si —manifestó Maximiliano.
Alejandro mira a su amigo y se ríe.
—No me hagas hablar —exclama—. Que solo viniste porque sabías que Serena estaría aquí.
Me ahogo con mi bebida y me sonrojo, Sasha me guiña un ojo y la ignoro.
—Mejor cállate —Responde Maximiliano.
Sasha y Alejandro se rien por nuestras caras. Llega un chico a nuestra mesa e invita a bailar a mi amiga que no se niega, mientras que Alejandro se levanta para ir en busca de más bebidas, solo quedamos Maximiliano y yo.
—Disculpa si te molesto lo que dijo, Alejandro suele pasarse de idiota —me comenta.
—No te preocupes.
El silencio se hace presente a nuestro alrededor, si no fuera por la música sería mucho más incómodo.
—¿Quieres bailar? —su pregunta me sorprende pero acepto.
Nos levantamos y su mano toma la mía, un cosquilleo llega a mi vientre y me hace estremecer. Llegamos a la pista de baile y su mano se dirige a mi cintura, acercándome a él, el baile es sensual, sus pasos son lentos pero coordinados y me alegra saber que es un gran bailarin. Mi mirada no se aparte de la suya, todo a nuestro alrededor desaparece y solo escuchamos los latidos de nuestros corazones, no se que me sucede con este hombre, que me atrae de una manera inexplicable. Me giro y me espalda se presiona a su pecho, sus manos quedan en el área de mi abdomen, mientras que bailamos al ritmo de la musica, mis caderas se mueven y puedo sentir como su respiración se agita debido a lo que experimentamos en este momento.
—Me estás volviendo loco, Serena —murmura Maximiliano.
Cierro los ojos y disfruto. Quiero sentirme libre, y deseada. Justo como este hombre me hace sentir hoy.