Maximiliano
La mejor decisión que hizo Alejandro fue sacarme de mi apartarmento y traerme consigo a esta discoteca.
Serena me observaba y odiaba lo que está mujer está causando en mi, sus labios me impulsan a besarlos, a morderlos, estoy a punto de hacerlo y un recuerdo de Violeta llega a mi mente, retrocedo. Pase mis manos por mi cabello y camino de nuevo hasta la mesa dejándola sola en medio de la pista.
Mi amigo se sorprende al verme llegar solo, me siento.
—¿Que te sucede? —Me pasa una copa de ron y me lo bebo.
—Estuve a punto de besar a Serena.
—¿Y? —Se aproxima y llena de nuevo mi vaso.
—Me aleje y la deja sola en la pista de baile—. Alejandro abrió los ojos y niega con firmeza.
—¿Estás loco? —exclama— ¿Cómo puedes ser tan idiota, Max?
—No tengo idea lo que me sucedió —respondi— Estábamos bien y de pronto Violeta llegó a mi mente.
—Olvidate de esa mujer, Maximiliano. Está casada y embarazada. —me reprocha mi amigo.
Y tiene razon, pero es sumamente difícil sacarla de mi mente, me enamore y pensé en un futuro con ella.
Serena llega a la mesa y toma el lugar de Alejandro, no pronuncia palabra y su expresión en su rostro me hace ver qué está inquieta por lo ocurrido en la pista de baile. Al tratar de hablar y explicarle la situación, Sasha llega y se sienta junto a su amiga. Las horas transcurren y la sensación de incomodidad se percibe. Serena se levanta y agarra su bolso.
—Lo más conveniente sería que me marchara, es un poco tarde y estoy cansada.
Sasha se acerca y toma la mano a su amiga.
—¿Estás segura? Puedo irme contigo si lo deseas.
—Claro que no, diviértete pero no tanto— Sasha se ríe por el comentario.
Serena se despide de nosotros, y se aleja, dejando un sabor amargo en mi boca.
—Me marcharé también —manifiesto—. Feliz noche.
Sin esperar una respuesta de ellos, me apresuró y así poder alcanzar a Serena, necesito disculparme con ella por tratarla de la manera como lo hice. Al salir de la discoteca la encuentro ajustándose su abrigo mientras espera un taxi. Me acerco y ella se gira, sus ojos arden de la rabia que siente en ese momento, y yo soy la causa.
—¿Que deseas? —Cruza los brazos.
—Solo quería expresarte mi disculpa por lo ocurrido en la discoteca.
—Sera mejor que olvidemos lo que pasó.
—Deja que te lleve a casa —sugiero— Es tarde, y es muy probable que no encuentres una taxi a esta hora.
La observo mirar a todos lados y me río, sé que lo último que desea es irse conmigo, pero no tiene otra opción y me alegro que sea así.
—Esta bien —murmura.
Nos dirigimos hasta el lugar en el que tengo ubicado el vehículo, llegamos, saco las llaves en mi pantalón y abro la puerta, Serena sube. Observó el cielo durante un instante y ruego a Dios un poco de sabiduría para tener las palabras adecuadas al háblar. Rodeó el vehículo y subo, enciendo el auto y viajamos en un silencio que me incomoda.
Nadie dice nada, enciendo la radio y comienza una melodía que me tranquiliza. Serena observa a través de la ventana del auto, aparcamos en un semaforo y me permito detallarla un poco más, es hermosa, unos ojos azules y unos labios que volvería loco al más fiel, mi mirada baja a su cuerpo, el vestido que lleva se le ciñe el cuerpo de una manera perfecta, sus piernas, son... Dejo mi mente perdida debido al sonido de un claxon, miro al frente y el semáforo está en verde, no puedo creer hasta que punto me distrae está mujer.
Llegamos a su casa, ella abre la puerta y le sujetó la mano para detenerla.
—¿Maximiliano? —exclamó.
—Dejame terminar lo que detuve en la discoteca, Serena.
Ella abre los ojos, llevo mi mano a su cuello y la acerco a mí, sus ojos tienen un brillo especial y siento una corriente por todo el cuerpo al tenerla así, doy pequeños besos por su cuello y voy subiendo hasta quedar en sus labios, la observo en espera de una respuesta de su parte, me sonríe y es todo lo que necesito.
Mis labios la buscan con desespero, sus gemidos son el motor que me impulsan a tomarla de la cintura y dejarla en mis piernas, acarició su cintura. Me encanta esta mujer.
—Espera, espera —Serena se aleja y sus labios están hinchando a causa de los besos.
—¿Que?
—Necesito un poco de aire, me tomaste desprevenida —Lleva su mano a su corazón.
—¿Estás bien?
—Si, es mejor que entre a la casa. Hablamos mañana.
A pesar de que quería continuar explorando su cuerpo y lo que me hace sentir, no quiero presionarla. Se aproxima a mi y besa mi mejilla, dejandome sorprendido, abandona el vehículo y espero que entre a su casa para irme a mi departamento.
Mi teléfono suena y es un mensaje de Alejandro.
"¿Solucionaste todo con Serena?
No quiero responderle, pero le haré pagar lo que hizo en la discoteca.
"Muchas cosas pasaron amigo, mañana hablamos"
Su respuesta no tardo en llegar.
"¿Es broma? Eres un idiota"
Dejo el teléfono en el asiento y enciendo el auto, la noche termino mejor de lo que pensaba, Serena es una mujer hermosa y deseo conocerla un poco más, es momento que deje a un lado a Violeta y aceptar que tiene una vida y yo no soy parte de ella.
La ciudad está llena de gente disfrutando de este fin de semana, estacione frente a mi edificio, alcanzo unos papeles que tengo en los asientos de atrás del auto, al tenerlos en mis manos, cierro la puerta. Llegó y el vigilante me saluda, mientras me abre el porton, entro y con rapidez subo a mi departamento. Al llegar, una sorpresa me espera en la puerta.
—Llevo horas esperándote ¿Dónde estabas, Maximiliano? —Lleva sus manos a su cintura.
—No tengo porque darte explicaciones.
—!Por supuesto que si! —grita— ¡Soy tu esposa!
—Ex esposa, Vivían —exclamó. Estoy harto de esta mujer—. No te olvides que estamos divorciados y que no tengo ninguna obligación contigo, así que te pido por favor que te vayas de mi apartamento y me dejes en paz de una vez por todas.
Abro la puerta y entro, dejándola con la palabra en la boca, no sé qué sucedía por mi mente al estar con una mujer como ella, no soporto sus celos absurdos y la forma en que desea manejarme a su antojo.
Espero que después de lo que dije, no me busque más.