Maximiliano
La alarma comienza a sonar, lo que causa que el dolor de cabeza aumente, me levanto para ir al baño dejando mi frustración y estar listo para irme al hospital.
No pude consiliar el sueño pensando en Vivían y como dejar en claro que no estamos juntos. Desde que nos divorciamos no ha dejado de atosigarme, mis padres me han sugerido ir a la policía y solicitar una orden de alejamiento, pero no deseo causarle más daño, solo deseo estar bien con ella y que nuestras vidas logren salir adelante.
Me desvisto y me meto en la ducha, el agua cae por mi cuerpo causando un leve escalofrio en mi, me afeito y cepillo mis dientes. Agarró la toalla y salgo del baño, dejando el piso mojado a causa de las pisadas. Abro el guardarropa, saco un pantalón n***o y una camisa de manga larga color azul, comienzo a vestirme, veo la hora en mi reloj que está colgado en mi habitación y confirmo que estoy en la hora correcta, peino mi cabello, busco mi maletín y mi bata de médico, teniendo todo listo salgo de mi habitación, dejo mis cosas en la silla y me preparo el café. Abro la nevera y saco un paquete de galletas saladas para llevarme, tomo el café y con la otra tomo el maletín y camino fuera de mi apartarmento cerrando la puerta con llave.
El celular suena anunciando un nuevo mensaje, es Alejandro.
"Mi auto está en el taller. Necesito que pases por mi"
No le respondo. Al abandonar mi edificio el sol de la mañana pega en mis ojos, llevo mi mano a mi frente y subo al auto, dejo mis pertenencias atrás y arranco para ir en busca del idiota de Alejandro. El tráfico en España está a reventar y cada instante observo la hora en mi teléfono, no deseo llegar tarde. Busco otra ruta y llegó a la casa de Alejandro, tocó la corneta, y espero hasta que lo veo salir de su casa, me sonríe, abre la puerta del auto y entra.
—Muchas gracias —Deja la maleta en el asiento de atrás—. El mecánico me quedo mal con el vehículo.
—No comprendo porque sigues queriendo ese cacharro —Su mirada se dirige hacia mi— Sabes que tengo razón, ya no estás para arreglarlo cada mes.
—Deja a Gloria quieta, todavía sigue funcionando solo que esta vez fue un solo detalle.
—Y mañana será otro.
Cruza los brazos y me ignora, el camino hacia el hospital se vuelve difícil a causa del tráfico que envuelve España está mañana, la gente discutiendo y el olor a gasolina me está causando mareos.
—¿Que sucedió con Serena anoche? —me pregunta.
—¿Debía ocurrir algo?
—No te hagas el listillo conmigo, sabes a lo que me refiero.
—Nos besamos —respondo sin más.
—¿Ya? —rueda los ojos— Amigo se más específico.
—No.
Dejo a un lado el tema y después de varios minutos soportando el tráfico, llegamos al hospital. Abro la puerta y bajo del coche, no si antes sacar mis cosas, dejo atrás a Alejandro y entro al hospital, varias enfermeras y colegas me saludan.
Llegó a mi consultorio y entro, cerrando la puerta detrás de mí. Dejo mi maletín en la mesa y saco los papeles de los pacientes que tengo hoy, un nombre me sorprende y reviso su historial: Serena Kendall.
Llamo a mi secretaria, mientras espero, leo su expediente. Cecilia toca y entra.
—Buenos días Doctor ¿En qué lo puedo ayudar?
—¿Conoces a la paciente Serena Kendall? —pregunto mientras me recuesto en la silla.
—No personalmente, pero el doctor que la estaba examinando en México me proporcionó por correo su informe clínico.
—Esta bien. Muchas gracias por todo, Cecilia.
Ella asiente y abandona mi oficina. La jornada laboral comienza, aunque amo mi trabajo, no puedo negar que los casos que observó a diarios son asombrosos. Al ver padres angustiado por la situación de sus hijos, me gustaría hacer más, poder tener la capacidad de sanarlos y verlos bien. La puerta se abre y entra Julieta.
—Pense que te integrarias la otra semana —Me levanto y la abrazo.
—Mi casa es demasiado solitaria para mí gusto ¿Cómo estás? —Se sienta y comienza a jugar con el bolígrafo que está en la mesa.
—Bien ¿Por qué lo preguntas?
—Tu madre me comentó lo ocurrido con Vivian, tienes que hacer algo para que te deje en paz. Esa mujer está loca, Max.
—¿Crees que no lo se? —cierro los ojos—. Pero no sé que hacer, no quiero poner en contra de ella una orden de alejamiento, sería poco hombre si lo hiciera. Fui mi esposa Julieta, la mujer que ame, no puedo tratarla así.
—Jamas se alejara de ti, te conoce mejor que nadie y sabe que no la trataras como se lo merece —Cuando voy hablar me hace callar—. Sabes que tengo razón, esa mujer te está manipulando a su antojo y no quieres abrir los ojos.
Se que Julieta tiene razón. Toma mi mano y me mira.
—Un consejo como amiga, tienes que darle un parado y sacarla definitivamente de tu vida o jamás serás feliz.
Se acerca y me abraza, nos quedamos unos minutos así hasta que la puerta se abre ocasionado que nos separamos.
—¿Es por ella? —Vivian está llena de furia y mira a Julieta con odio— Me dejas por una niña.
—¿Niña?—Julieta cruza los brazos y me observa—¿O la callas o la dejo sin un pelo?
—¿Quien crees que eres para hablarme de esa manera? —Vivian está fuera de control, me coloco en medio de las dos —No puedes dejar que me hable así, Maximiliano, soy tu esposa.
—¡Ex esposa estúpida! —le grita Julieta— Están divorciados, no te ama y jamás lo volverá hacer, valórate como mujer y deja de estar mendigando amor.
Observó a Vivian, se que está a punto de hacer sus famosas escenas de víctima, la tomo del brazo y la saco de la oficina, llevándola lejos de Julieta y de los ojos curiosos. Al abandonar el hospital la suelto y trato de calmarme.
—¿Ya no me amas? —Lagrimas caen y odio ver a una mujer llorar.
—Vivian..
—Vivian nada, yo te amo Maximiliano.
—Pero yo no, hace tiempo deje de hacerlo y espero que esta vez te quede claro, no siento nada por ti.
Su mano se impacta en mi mejilla, llevo mi mano a esa zona y la observo, limpia sus lágrimas y se marcha, dejándome con un fuerte dolor.
—¿Estás bien?
Su voz es como la de un ángel, la miro y una sonrisa aparece en su rostro.