El sol de San Diego picaba con descaro, y Samantha se recogía el cabello en una coleta improvisada mientras miraba la tienda más cercana. —¿Estás segura de que quieres entrar aquí primero? —preguntó Brandon, cargando ya tres bolsas, y apenas llevaban veinte minutos caminando por el centro comercial. —¡Por supuesto! —dijo ella girando sobre sí misma—. Este es el templo del calzado perfecto. Y tú, futuro esposo mío, necesitas unos zapatos más formales. Tus tenis CEO estilo 'fuera del radar' ya no dan para más. Brandon bufó. —Mis tenis están bien. Tengo otras iguales en blanco, n***o y gris. —Justamente mi punto. Entraron a la tienda. Samantha se fue directo a la zona de tacones, y Brandon… bueno, él terminó en un sofá, resignado, observándola con esa mezcla de amor y desesperación que s

