Acostado en el sofá, porque le cedió la cama a Tatiana, le costó para lograr conciliar el sueño. Entre las indirectas de ella, el deseo de ser precavido para no ganarse un problema que no le conviene en estos momentos, y el repentino pero acostumbrado pensamiento que lo lleva a recordar cómo le sucede todas las noches a Sherelyn, luchó consigo mismo para dormirse. No sabe en qué momento logró dormirse, pero sí que en medio de la noche se vio llevado a ese sueño repetitivo que suele martirizarlo recordándole el día del accidente, el día que la vida al lado de la mujer que más amaba y aun ama, terminó. Bajo la desesperación de ver como el auto da giros en el aire y luego cae sobre el pavimento, la desesperación de buscar intentar sacarla y luego verse arrastrado del lugar para que sus ojos

