Verónica: Horas después, cuando habíamos terminado de almorzar, nos encontrábamos todos reunidos en la sala, hablando de muchas cosas al azar. Mi padre fingía estar molesto con Jeremy, pero cada vez que veía la sonrisa en mi rostro, mientras mi hombre me estrechaba en sus brazos o besaba mi mejilla, su mirada se tornaba satisfecha. Él hace mucho lo había aceptado. Su humor iba bien, mientras todo estuviera controlado, pero siempre surgía la plática de Noah junto con sus palabras inapropiadas que lo tenían enojado, como también a Allie. —¿No puedes detenerte cinco segundos? —Le reprocha Allie a su esposo—. ¿Qué no entiendes las palabras, “nuestra hija está presente”? Él la observa irritado, pero igual se acerca y le da un beso en su mejilla para luego continuar. —Amor, ya lo hablamos, A

