Las palabras que Felipe decía en algunas ocasiones me hacían sentir incómoda de alguna manera, pero no quería decirle nada porque tenía miedo a que se enfadara conmigo y me mandara a volar; en serio que no me gustaría tener que sufrir por eso.
—Bueno, me tendrás esos días. El único detalle es que tengo que llevar ropa de más; tengo que ver qué es lo que voy a ocupar; me debes decir qué sitios vamos a visitar para así saber lo que pondré en la maleta.
—Mi amor, estarás sin ropa la mayor parte del tiempo. Eso solo será para salir y te digo que lo haremos muy poco; no vamos a querer salir de la habitación en absoluto.
—Pero tengo que llevar ropa para aparentar —me reí nerviosamente mientras una cosquilla invadía mi zona baja—. Estaré esperando con ansias esa semana.
—Dime a mí, esa semana es de reposo.
—Valdrán la pena esos días; definitivamente la espera sí resultó mejor de lo que esperaba. Poco a poco todo se va acomodando.
—Yo quiero tenerte abrazada en mí mientras te consiento.
—Eres un amor —sonreí con dulzura—, pero tienes que tener algún defecto. ¿Eres narco o te dedicas a la trata de personas? Tanta perfección da miedo.
—Nada de eso, princesa hermosa. Lo único que te puedo decir es que te daré hasta que me digas ya no puedo más.
Ese fue el último mensaje del día; supuse que se había dormido porque no se despidió de mí y al final las cosas quedaron de esta manera.
Ya pronto se acercaba el día en que iba a conocerlo; tenía tantas cosas por decir que al final se me hacía un arroz con mango en la cabeza. No quería que él se molestara por mis orígenes, solo deseaba que todo saliera bien y, si me aceptaba, iba a ser todo lo que estuviera en mis manos para que Felipe pudiera escalar.
Al día siguiente me desperté con la notificación del mensaje de Felipe; habían otros mensajes, pero él tenía prioridad por encima de cualquiera.
—Siento que no me consientes.
—A la distancia es imposible; cuando te tenga delante, todo lo que quieras.
—¿Seguro que todo?
—Te entregué mi corazón, así que el resto es más que tuyo.
—Eres un angelito, ¿Cómo estás? ¿Cómo va tu mañana?
—Ya mejor porque me has mandado mensajes, solo tú tienes esa habilidad para hacerme sonreír. Ya te quiero tener de frente para llenarte de besos y abrazarte para que no te vayas. ¿Sabes? Eres el primer hombre al que le he dicho te amo.
—Más bella no puedes ser, te amo.
Esas dos últimas palabras me habían dado una alegría que nunca antes había sentido, era consciente de que yo lo había dicho muchas veces, pero lo cierto es que él no lo había dicho antes y de cierta manera me daba temor de que se enfadara porque iba a pasar por hostigosa. No quería perder a Felipe, la sola idea de hacerlo me daba un pavor que no podía describir en absoluto.
—Es la primera vez que lo dices, ya me hiciste llorar de alegría. Te amo, Felipe.
—No llores mi bella hermosa.
—Lloro de alegría, no de tristeza. Gracias por aparecer en mi vida, Felipe.
—Eres tan hermosa, en la noche te consiento. ¿Aún estás hormonal?
Y justo ahí la magia de todo esto se terminaba, realmente me preguntaba si las cosas eran así en las relaciones. Al final de cuentas la atracción entre personas que se supone que se quieren, es evidente.
—Sí, ando en mis días de ovulación, pero justo hoy no puedo porque tengo un compromiso. Mi graduación se encuentra a la vuelta de la esquina y tengo algunas cosas que hacer.
—Pero cariño, tengo ganas de mi amor —él mandó emojis de ojitos tristes —te encuentras en los días donde más durito se te puede dar.
—Lo siento, amor. Pero hoy va a ser imposible, no obstante las ganas siempre están, así que por eso ni te preocupes que cuando llegue el momento nos vamos a quitar todas las ganas que tenemos.
—¿Me lo prometes?
—Amor, si tú te estás volviendo loco con 8 meses de abstinencia, imagina mi caso que llevo toda mi vida sin nada de eso. Ya después que el dolor se me vaya, ten por seguro que vamos a estar pegados como piojos al pelo.
—Bueno, espero que todo sea tal como dices. Porque yo quiero desayunar, almorzar y cenar a una bella arquitecta.
—Ingeniero Ariza, quien lo viera.
—Tú eres la única que tiene derecho de ver mi lado más amoroso y caliente.
—Eso espero porque si me pones el cuerno, te la corto —comencé a reír —es broma, ya estamos en el siguiente nivel de la relación que incluye el humor n***o.
—No puedes hacer eso, después te cuento porque, me da vergüenza.
—Cuenta todo, al final nos vamos a ver de todo, ya la vergüenza no debe de estar entre nosotros.
—Bueno, y me has visto, no soy muy agraciado físicamente. Resulta que las parejas que he tenido, bueno al menos dos de cuatro me han contado que realmente cuando me han puesto el cuerno pues no les fue tan bien. Porque lo que realmente las hace querer una relación conmigo hasta que les pilló la infidelidad es mi forma de ser en la intimidad y lo que soy capaz de hacer.
—¿Quién dice que no eres agraciado físicamente? A mí me encantan tus ojos, tus manos, tus piernas y tu altura, ni se diga. Para gustos colores, amor. Ante mis ojos eres guapísimo y créeme que si estoy a tu lado no es solo por el físico sino por tu personalidad. He visto hombres que la sociedad considera guapos y créeme que los he mandado a volar.
Esos tipos que al final solo me buscaban por ser una Endecott eran los primeros en fila, pero era consciente de sus intenciones y aunque físicamente eran apuestos, lo cierto es que no me interesaban en absoluto.
—Gracias.
—No todo es físico y sexo, hay algo más allá. Porque cuando las cosas se pongan difíciles ahí esto no va a estar. En una cama de hospital, Dios no lo quiera, ahí todo se acaba.
—Eso es verdad, bonita. En resumen me querían solo porque hago cosas y no por mis sentimientos.
—Te amo y es mi elección estar contigo de una manera de la que antes no había estado con nadie más. Te quiero con todo lo que eres, ni siquiera me has tocado y ya te amo como nunca antes había amado a alguien. Te amé sin que me tocaras la piel, vaya, ni siquiera un beso nos hemos dado.
—Nos amaremos estando juntitos, siendo mi princesa y yo tu caballero.
—Cuando te vayas, en serio que me va a doler. Si tú quieres seguir con la relación a la distancia lo haré, no te voy a ser infiel solo porque no estás conmigo. Si por el contrario, decides acabar con la relación que tenemos, aceptaré tu decisión con todo el dolor del mundo. Porque no quiero forzar a alguien a que se quede. Pero si te soy sincera, contigo me veo llegando al altar.
—Awww, todo nos saldrá bien en su momento.
—Eso espero, nunca dudes del amor que te tengo. Seré fiel tanto en presencia, como en ausencia.
—Yo solo diré que aunque digas que soy calenturiento y todo eso, es porque con nadie más que no sea mi pareja haría eso.
—No te juzgo, creo que haces esto porque piensas que es lo único que me puedes ofrecer por tus malas experiencias. Pero yo sé que tú me puedes dar algo más que intimidad.
—Gracias por tus palabras, mi princesa.
—Quiero que experimentes el verdadero amor y espero que sea en mis brazos y que decidas quedarte. Te amo, nunca dudes de eso.
—Que así sea.
—Solo quiero que seas tú, el verdadero. No el que dice que me hacen sonrojar hasta las orejas, dime cosas dulces si quieres hacerlo. No te voy a juzgar, amor.
—Bueno mi hermosa niña.
—Aquí es cuestión de arriesgar, recuerda eso. No solo tú estás arriesgando, te amo y nunca me voy a cansar de decirlo, espero que tú no te canses de escucharlo.
Al final tuvimos que dejar de hablar porque él tenía que ir a trabajar y yo tenía que ver las cosas de mi graduación.
—Hola cariño —mi papá me dió un beso en la frente —al parecer te encuentras muy contenta, nunca antes había visto ese brillo en tus ojos… ¿Acaso?... ¿Puede ser posible?... ¿Hay un hombre en tu vida y te encuentras enamorada de él?
—No puedo negarlo, papito —sonreí feliz al recordar a Felipe —prometo presentarlo dentro de poco, solo antes déjame arreglar unas cuantas cosas que hice y que no están bien.
—¿Qué es lo que has hecho, cariño? Vamos, confía en tu papá, quizás puedo ayudarte a resolver lo que sea que hiciste.
—Le he ocultado el origen al que pertenezco, él no sabe que soy una Endecott.
—Pero cariño —mi papá me miró con sorpresa —en dónde benditos has encontrado a ese hombre, ¿Acaso en una piedra o algo por el estilo? Porque es la única manera en la que no sepa que eres una Endecott, todo mundo te conoce.
—Lo he encontrado en una aplicación de citas. Deseaba un hombre que me eligiera a mí y no a lo que represento.
—Cariño, no quiero que alguien te rompa el corazón porque eso me mataría, no deseo ver tu rostro adornado de lágrimas de tristeza. Eres la luz de mis ojos, mi amor…