Stephanie, la secretaria de Theodore, se sentía cada vez más desplazada del día a día del magnate de los perfumes y ella no encontraba la forma de llamar su atención para que volviera a su rutina en la oficina cuando llegaba a las siete de la mañana y se mantenía allí hasta bien entrada la noche. Ella manejaba su agenda, estaba al tanto de sus reuniones y horarios, en más de una ocasión compartieron un almuerzo en la oficina o un café de media tarde, ella formaba parte de su mundo empresarial y, a pesar de la existencia de la actriz en su vida, no se interponía nunca en las horas que convivía junto a él en la oficina. Pero desde la aparición de esa mujer, supuesta niñera de su hija, todo se había trastocado, él ahora manejaba su agenda; no siempre estaba en la oficina y, desde su punto d

