Salimos de la sala de debates, y Sebastián me abre la puerta de su auto para que suba. Quiero descansar un poco, entonces no digo que no.
Me siento, abrocho mi cinturón y Sebastián se monta a mi lado. Después de abrochar su cinturón, arranca.
- ¿Por qué ahora? Sebastián - lo miro.
- ¿A qué te refieres? - pregunta y continúa mirando el frente.
- ¿Por qué apareces ahora? ¿Por qué ahora que tengo novio? —Lo miro.
- Ya te lo dije... antes no podía acercarme, porque eras muy niña y ambos tenemos una carrera a la que hay que proteger.
-Entonces... pretendes decidir cuándo van a suceder las cosas. No preguntaste, solo entraste a mi vida. A una vida que tenía resuelta.
-No pretendía dejarte en manos de otro hombre - detiene el auto a una orilla de la carretera - Solo quiero poder mostrarte quién soy, quiero ser una opción para ti. Sé que no ves las cosas como lo hago yo.
-No quiero arrepentirme - lo miro a los ojos esperando que me entienda.
-Espero que no te arrepientas - arranca el auto.
El camino se hace más lento, la música dentro del auto es relajante y cierro mis ojos, realmente estoy cansada.
-Bella... - siento un beso en mi mejilla - ¡Llegamos!
Abro mis ojos somnolientos y me doy cuenta de que estamos en una especie de cabaña. Hay mucha vegetación y árboles.
Sebastián extiende su mano para que me baje del auto y después pone una manta sobre mis hombros.
- Es muy bonito - le digo mirando alrededor.
—Aquí crecí —me dice y levanto mis cejas.
-Eres muy afortunado - el lugar es realmente precioso.
Llegamos a un camino de piedras y veo una casa gigante al final del camino. A sus alrededores hay muchas rosas, los colores varían en sus arbustos y huele realmente delicioso.
-Mi madre planto todas las rosas que ves - me dice y continuamos hasta la casa.
Un señor de bastante edad nos abre la puerta y abraza a Sebastián con mucho afecto.
—Ella es Anabella, Fausto —le extiendo la mano —. Bella, él es el mayordomo de la casa y mi amigo — asiento con mi cabeza y el señor me abraza, es un abrazo cálido y se ve un poco eufórico.
- Realmente se ve feliz de que estés aquí - le susurro a Sebastián.
- Digamos que hace mucho que no venía —entiendo.
Me quedo en la mitad de la casa, realmente es preciosa y tiene ese toque rústico que la hace colonial, algo que te hace querer quedarte.
Sebastián se acerca a una señora y la abraza, al parecer es su nana y todos están felices de verlo.
No sé cómo sentirme al respecto. Sebastián quiere mostrarme su casa, pero no sé qué espera de mí.
- Vamos — me toma de la mano y me lleva afuera de la casa.
Me quito mis zapatos, cuando el prado se vuelve más verde. Para poder caminar mejor y más rápido.
Llegamos a una especia de lago, es precioso, hay muchas mariposas, pájaros y se ve demasiado romántico.
Sebastián se sienta a la orilla y me pide que me siente a su lado.
- Mira - me pide y me quedo observando donde me señala.
El sol empieza a esconderse, marca el agua dejando su sombra y algunos tonos en naranja aparecen.
— No hay mejor puesta de sol que la que se puede ver en este lugar - me mira - quería compartirla contigo.
- Es realmente mágico - miro la puesta de sol hasta que la oscuridad de la noche nos alcanza - Gracias por regalarme este momento.
Sebastián se levanta y extiende la mano para que me levante con él.
- ¿Puedo besarte? - Toma mis mejillas entre sus dos manos y asiento, mientras lo veo sonreír.
Volvemos a la sala de debates a recoger mi auto y después de eso me voy a casa. Estos sentimientos que tengo hacia Sebastián me confunden un poco.
Termino de bañarme y me acuesto a dormir, necesito relajarme, me duele todo el cuerpo.
Estoy por cerrar los ojos cuando suena la puerta, me levanto para abrirla.
- Hola Cariño - Lucas- perdón por dejarte anoche en el club, no recuerdo como llegue a mi casa -me da un beso- ¿Puedo pasar?
Me hago a un lado para que pueda ingresar a mi cuarto y cierro la puerta.
- Estás muy cansada, ¿quería invitarte a comer algo?
- Voy a dormir y mañana decidimos qué hacer. ¿Bueno?
No me importa donde se va a quedar o si quiere dormir en mi cama, necesito dormir mi cuerpo, me lo pide a gritos.
Me acuesto y siento como Lucas se acuesta, pone sus manos en mi cintura y se acurruca a mi lado mientras besa mi mejilla, mis ojos se cierran.
Me despierto por el sonido de mi teléfono, miro la hora, son las diez de la noche y siento cómo Lucas se mueve a mi lado. Lo tomo para mirar quién llama y es mi mejor amiga.
Me levanto despacio para no despertar a Luca y contesto mi teléfono en el balcón.
- Lucí —le digo en un susurro - ¿Cómo estás?
- Cariño mío, estuve todo el día entre las piernas de un rubio precioso y a ti, ¿cómo te fue anoche?
- Bien -sonrió- tengo a Lucas en mi cama.
- Ok, entiendo que no puedes hablar en el momento, pero tienes que contarme todo.
- Bueno, lo haré - le aseguro con una sonrisa en el rostro.
- ¿Qué vas a hacer mañana en la tarde? Podemos salir un rato, quizá a comer algo.
- Luca me invitó a comer. Cuando arregle la salida con él, te llamo para quedar, ¿vale?
- Está bien, mi chica, no me está gustando eso de que tengas novio, está robándome tu tiempo - ríe y estoy segura de que debe de estar haciendo una especie de puchero.
- Es Lucas, Lucí, recuerda que va a ser mi esposo.
- Ok, ok, te amo, nos hablamos más rato.
Cuelga la llamada y voy a la cama, Luca aún sigue dormido, solo vino a disculparse.
Mi teléfono suena con un mensaje de texto. Miro la notificación y es mi profesor.
—¿Muy cansada? Señorita Parisi - sonrio.