CAPÍTULO 34

1546 Palabras

Cualquier rastro de ebriedad en mí, desaparece por completo. De un salto, me pongo de pie y corro al baño, encerrándome ahí. —¿Qué pasó?, ¿Todo bien?. —Pregunta Salvador, golpeando levemente la puerta. No soy capaz de responder, así que sólo hago un sonido afirmativo, en respuesta. Esa cicatriz... Esa maldita cicatriz, podría reconocerla en cualquier parte. Han pasado 15 años y lógicamente no luce tan exacta como aquella noche, pero la reconozco. Es lo único que pude detallar, del padre de mi Samantha. Dejo fluir mi llanto, pero abro la llave para que mis sollozos no se escuchen. Me deslizo por la pared, hasta quedar sentada en el piso. «¿Qué se supone que haga?». Me pregunto, mientras estoy en shock. «No puedo salir corriendo y decirle todo así, sin anestesia. Ni siquiera sé si me

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