—¿Qué pasó?. —le pregunto, mientras abro la puerta y ambas entramos a la oficina. Señalo la silla, para que tome asiento. Ella permanece en silencio y algunas lágrimas, caen por sus mejillas. —Tengo entendido que lleva muchos años en la empresa y que su trabajo ha sido impecable. Por favor, no se vaya ahora. Podemos revisar su contrato y funciones. —No, doctora. —me interrumpe, regulando el llanto. —No me voy por eso. De hecho, estoy muy agradecida con la empresa... Lo que sucede, es que mi mamá está muy mal y yo debo viajar a mi pueblo, para cuidarla. —Explica y se me arruga el corazón, al escuchar eso. Con razón, está tan triste. —Ni modo, la familia es primero. —Respondo, torciendo una sonrisa. —Igual, si en algún momento necesita algo, la empresa estará para ayudarle. —ofrezco y el

