CAPÍTULO 30

1537 Palabras

Regulo un poco mi llanto y lo miro extrañada, por lo que carraspea. —Lo siento, yo no quise... —Tranquilo, Salvador. —lo interrumpo. —Mejor, vamos a casa de Julia. —Pido, por lo que subimos al carro y nos dirigimos hacia allá. El camino se me hace largo, entre mi llanto y los terribles escenarios, que mi mente se imagina. De repente, se me ilumina la cabeza y recuerdo que no he intentado llamarla a su celular, así que lo hago. Le llamo más de diez veces, sin éxito. "¿Dónde estás, hija?". Me pregunto, desesperada. Estoy tan absorta en mis pensamientos, que cuando menos lo pienso, mi chofer me está abriendo la puerta del carro. Bajo y llego hasta la entrada de la casa de mi hermana, seguida por Salvador. Llamo al timbre, por lo que en segundos, ella me abre y se abalanza sobre mí, d

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