Capítulo Seis

1349 Palabras
**Punto de vista de Paige** La escuela fue fantástica y todo el personal fue muy amable. La directora, que prefiere que la llamen Regina en lugar de Sra. Green, no pareció inmutarse en absoluto cuando le expliqué la historia de Jaxon en su anterior escuela. Para cuando terminó la visita, Jax ya se había hecho amigo de algunos niños y no quería irse. Regina había aceptado que empezara media jornada mañana antes de empezar la jornada completa la semana que viene. El paseo de vuelta por el pueblo había sido agradable. Paramos a tomar un helado en una pequeña heladería. Luego compramos material de arte en una tienda de manualidades, para que Jaxon pudiera sentarse en el jardín a pintar, mientras yo llamaba a la compañía eléctrica para que lo organizara todo. Todavía estaba en espera con la compañía de internet cuando llamaron a la puerta. Miré a Jax, que seguía sentado en el jardín trasero pintando, y me acerqué a abrir. Poppy no había dicho que vendría hoy, y todavía no conocemos a nadie, así que me tienta ignorar aquel llamado, pero la curiosidad me vence y abro la puerta. Se me encoge el corazón por un segundo cuando el rostro de Ryder me devuelve la mirada con una sonrisa y mi mirada se dirige a su mano, buscando la marca de nacimiento. —Oye, disculpa por venir sin avisar, pero pasaba y pensé que quizás Jaxon quería jugar a la pelota —me dice Callen con un balón bajo el brazo. Se ha cambiado de ropa desde que lo vi hace unas horas. Se ha cambiado los pantalones cortos y la camiseta negr0s por una camiseta azul celeste que hace que sus ojos parezcan aún más azules. —Eh... la verdad es que está ocupado ahora mismo —le digo justo cuando Jaxon entra corriendo, sosteniendo su cuadro y declarando con orgullo que ha terminado. —¡Callen! —grita Jax emocionado al verlo en la puerta. Corre hacia él, tropieza con el cordón desabrochado y cae con un golpe sordo contra el suelo de madera y rebota contra la pared—. Estoy bien —declara Jax antes de que pueda preguntarle. —Tranquilo, amigo, no hay prisa —dice Callen. Ayudo a Jaxon a ponerse de pie y lo reviso. No parece herido, pero su cuadro está completamente destrozado, al igual que la pared, que antes estaba impecable. Pintura azul, roja y amarilla se extiende por la pared como un burdo intento de arcoíris sobre la pared de color magnolia. —M¡erda —maldigo en voz baja y corro a la cocina a buscar un paño. Esta no es la primera impresión que quiero causarle al casero cuando me visite mañana. —Lo siento, mama —dice Jaxon con lágrimas en los ojos mientras mira el desastre en la pared. —Tranquilo, cariño, fue un accidente —le aseguro mientras limpio la pintura de la pared, lo que solo empeora las cosas a medida que la corro más. —Ven, déjame ayudarte. Fue culpa mía por aparecer sin avisar —dice Callen, entrando en la casa y extendiendo la mano para coger el paño. Estoy a punto de protestar cuando el teléfono que tengo bajo la oreja por fin conecta con un agente. Asiento y le entrego el paño a Callen para que yo pueda contestar la llamada. Si no necesitara internet para el trabajo, habría colgado y habría vuelto a llamar mañana, pero su centro de atención telefónica cierra pronto y necesito conectarme cuanto antes para cumplir con la fecha límite del manuscrito. Reviso todos mis datos y regateo un buen precio por un paquete de televisión y banda ancha mientras veo a Callen y Jaxon limpiar la pared. Luego salen al jardín trasero a jugar al fútbol mientras los observo por la ventana. Cuando termino la llamada, me quedo en la ventana viendo jugar a Jaxon. Se le ve tan feliz y disfrutando muchísimo jugando al fútbol. Greg nunca tuvo tiempo de jugar con él así. Siempre estaba demasiado cansado o demasiado ocupado, y a mí nunca se me dieron bien los deportes. Mi padre siempre decía que tenía dos pies izquierdos. Mientras los miro, no puedo evitar imaginar otra vida. Si Ryder no hubiera desaparecido y hubiéramos vivido juntos como familia durante los últimos seis años. ¿Así habría sido nuestra vida? ¿Jax y Ryder en el jardín jugando a la pelota mientras preparo la cena? Me sorprendo sonriendo ante esa vida imaginada, y luego suspiro. Necesito preguntarle a Callen si tiene hermanos. Creo que es la mejor manera de ver si sabe de Ryder, porque nadie puede convencerme de que no son gemelos. Sin embargo, no puedo preguntar delante de Jaxon. Si Callen revela que es hermano de Ryder y algo terrible sucedió, o si Ryder no quiere conocer a Jax, solo estaré haciéndole pasar un dolor innecesario a mi hijo. Salgo por la puerta trasera y Callen me sonríe. —Creo que tienes a una futura estrella del fútbol aquí. —¡He marcado un gol! —dice Jax, levantando la mano. —Lo sé, lo vi. Bien hecho, Jax, fue un golazo —le sonrío. —¿Puede Callen quedarse a cenar? —pregunta Jaxon, con sus grandes ojos azules llenos de esperanza. —Seguro que Callen ya tiene planes. —No los tengo —se encoge de hombros Callen. —Genial —fuerzo una sonrisa, no muy entusiasmada con invitarlo a cenar después de haberlo conocido apenas hace unas horas. —¿Qué tal si pido comida para llevar? Hay un restaurante italiano buenísimo que hace entregas a domicilio y su lasaña está para chuparse los dedos —dice Callen con un gruñido. —Me gusta la lasaña —asiente Jaxon. —¿Tres porciones de lasaña, entonces? —pregunta Callen, mirándome. —Claro, y gracias por ayudar con el muro y a Jaxon. —No hay problema. Aunque no quería que se quedara, veo cuánto disfruta Jaxon de tenerlo aquí, y eso le permite olvidarse de Greg. Además, quizá encuentre tiempo para hacerle algunas preguntas cuando Jax no pueda oírlo. Callen tenía razón. La lasaña estaba increíble, y tuve que contener las ganas de gemir como él hacía, cuando la comida parecía derretirse en mi boca. Después de cenar, le pido a Jaxon que suba a lavarse y ponerse el pijama mientras recogemos la mesa. —Se te dan bien los niños. ¿Tienes muchos pequeños en tu familia? —pregunto, intentando que no parezca que lo estoy interrogando. —No, en mi familia no, pero hay varios niños en mi... grupo de amigos —hizo una pausa, lo que me hizo sospechar que hubiera preferido usar otras palabras. —Entonces, ¿tienes mucha familia aquí en el pueblo? —La verdad es que no. Crecí en un hogar de acogida y hace poco descubrí que tengo un hermano —dice mientras llevamos los platos vacíos al fregadero. El corazón me late con fuerza y ​​se me corta la respiración. Casi dejo caer los platos en el fregadero porque me tiemblan las manos. —¿Un hermano mayor o menor? —le pregunto, con la voz más aguda de lo que me gustaría. —La verdad es que no estoy seguro. Somos gemelos, y no sabemos cuál de los dos nació primero, pero creo que soy el mayor —se ríe. —¿Y vive aquí en el pueblo? —Sí, a las afueras —dice. De repente siento una sensación extraña en la cabeza y me agarro a la encimera para no caerme. Tenía razón. Es el gemelo de Ryder, y Ryder está vivo y aquí mismo, en el pueblo al que me acabo de mudar. ¿Es el destino o una coincidencia cósmica? No tengo ni idea de qué decir a continuación. ¿Le digo que su gemelo es el padre de Jaxon? ¿Le exijo que me lleve con él o lo llamo y le digo que venga? ¿Cómo abordo esto y mantengo a mi hijo a salvo?
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