No entendía nada, lo que sí sabía era que mi bella mariposa estaba esperando un hijo nuestro y eso me ponía feliz. En el cuarto, acaricié el vientre de mi mujer, lo tenía plano, sin embargo, ansiaba el día que estuviera abultado con nuestro bebé a punto de nacer. ¡Quedaba tanto para eso! ―Mañana es el cumpleaños de Elena ―comentó mi mariposa con voz apenas audible. ―¿¡Mañana?! ―pregunté sorprendido―. Debemos comprarle un regalo e ir a verla. Ella sonrió entonces abiertamente y acarició mis brazos. ―Gracias. ―No me las des, por lo que sea, no me des las gracias, que no te estoy haciendo ningún favor, estoy contigo porque te amo y haga lo que haga por ti, lo hago porque quiero. Se acercó y me besó. ―Te amo ―dijo con voz enamorada. ―Y yo a ti, mi bella mariposa. Aquella no

