Capítulo 28

1773 Palabras

Beatriz se había ido y esperaba que esta vez, para siempre, de mi vida y la de Elena. Ya no la queríamos ni necesitábamos, ninguno de los dos. El resto de la tarde, intentamos que todo pareciera normal para mi hija, al final, ella no tenía la culpa de nada y no tenía por qué pagar las consecuencias de los actos de los adultos. Además, era su cumpleaños y merecía ser todo lo feliz que pudiera. Cerca de las nueve de la noche, nos fuimos a casa con mi pequeña, Miranda se fue con ella en el asiento trasero. Por fin mi corazón estaba en paz. Yo lo presentía. No sé si a todos los hombres les pasará, pero yo sabía que tenía un hijo o una hija, sabía que había alguien por ahí, sangre de mi sangre, que no conocía y que me necesitaba. Y vaya si me necesitaba. Pero ya no más. Mi hija era mía y es

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